No discriminación, transexuales e “identidad de género”

En la discusión en la sala del Senado del proyecto de ley contra la discriminación (Boletín 3815-07: Consultar proyecto), se agregó por 22 votos contra 9 y contradiciendo el acuerdo al que se había llegado en la Comisión de Constitución, la “identidad de género” a las categorías respecto de las cuales no se debe discriminar, además de las de sexo y orientación sexual. Se dijo que si no se hacía esta mención se excluiría de la ley a los transexuales, es decir, a las personas que padecen una discordancia entre su sexo genético-anatómico y su sexo psicológico: un varón que se siente mujer, o viceversa, ya sea que hayan recurrido o no a operaciones quirúrgicas para que su cuerpo aparente tener los genitales del sexo deseado. Los transexuales se distinguen de los homosexuales y lesbianas, ya que estos se sienten varones y mujeres pero su deseo sexual se dirige a personas de su mismo sexo.

Nadie puede justificar que los transexuales sean discriminados de manera arbitraria ni menos que se les estigmatice como marginales, antisociales o pervertidos. Incluso podría decirse que la anomalía que padecen es dramática, pero menos grave socialmente que la de los homosexuales, puesto que el transexual reconoce la estructura dualista o binaria de la sexualidad humana: macho y hembra; sólo que siente que pertenece al sexo opuesto al que manifiesta su corporeidad.

No obstante, pensamos que la inclusión en el proyecto de ley que pretende beneficiarlos, no lo hace y, más aún, persigue propósitos distintos a los de brindarles protección y reconocimiento. Y esto por tres razones: primero, porque para evitar la discriminación no es necesario dictar esta ley que reduce el nivel de protección; segundo, porque se traiciona la misma autoconciencia de las personas que sufren genuinamente el trastorno transexual, y tercero, porque se les utiliza como pretexto para consagrar en la ley una ideología particular propiciada por el feminismo radical y el lobby gay. Veamos:

En Chile existe la mejor y más expedita “ley antidiscriminación”: está contenida en la misma Constitución que garantiza la igualdad ante la ley y prohíbe las diferencias arbitrarias (art. 19 Nº 2 y art. 20). Otorga a cualquier persona, sin necesidad de abogado, la posibilidad de recurrir a la Corte de Apelaciones para que ésta corrija cualquier acto que viole la igualdad de trato entre las personas. Los transexuales que sin duda son objeto con frecuencia de actos vejatorios, tienen esta normativa que es de mayor jerarquía y más eficaz que la que, se supone, les prestaría este proyecto de ley. Como lo sostuvo la Corte Suprema, al informar el proyecto, desde el punto de vista jurídico y práctico, una normativa como la propuesta es innecesaria.

En segundo lugar, puede sostenerse que cuando se alega que los transexuales deben ser incluidos a través del concepto “identidad de género” se traiciona la forma en que ellos se autoperciben. Ellos piensan que tienen sexo femenino o masculino y no un tercer género, mixto o híbrido. Los transexuales deberían quedar protegidos sencillamente por la exclusión de toda discriminación arbitraria en razón de sexo.

Llegamos así a la tercera razón: se recurre al caso de los transexuales como pretexto para introducir en nuestro ordenamiento jurídico la noción de “identidad de género” que, junto con la orientación sexual, es una nomenclatura propiciada por el feminismo radical y el movimiento homosexual internacional (así aparece en los Principios de Yogyakarta, la carta magna del lobby gayVer texto), para difundir una ideología particular que interpreta lo sexual como propio de la autonomía individual basada en una construcción psicosocial dinámica y variable, alejada de una realidad biológica, innata, permanente y estructurante de la identidad de toda persona, como varón y como mujer.

Lo que se busca en consecuencia es imponer por ley la ideología de género, excluyendo el derecho a sostener, difundir o enseñar cualquier forma de entender la sexualidad humana que la contradiga, entre ellas, la cristiana (católica y evangélica). Aprobándose la ley con la prohibición de discriminar por “orientación sexual” o “identidad de género” se prohibirá y criminalizará– el proyecto incluye una agravante penal– a todas las personas e instituciones (familias, escuelas, iglesias) que no adhieran a la ideología de género.

Sería una paradoja que una ley de “no discriminación” fuera el instrumento para excluir a los que piensan y expresan ideas diferentes sobre el ser humano y su sexualidad, es decir, para consagrar la peor de las discriminaciones y la mayor de las intolerancias.

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11 comentarios en “No discriminación, transexuales e “identidad de género””

  1. Rodrigo Cooper Says:

    Muy próximamente se dirá que el negar la posibilidad de que los homosexuales adopten, es discriminatorio.

    PD Basta de decirles “gay”. El término es “homosexual”

    • hcorralt Says:

      Lo de la adopción no es una suposición aventurada. Ya hay países en los que no se admiten agencias de adopción que no acepten adoptantes homosexuales (Inglaterra). Lo de gay es un anglicismo que significa homosexual.

  2. Andres Lepe Says:

    Profesor:
    Como siempre es un agrado leer sus columnas.
    Ahora bien de los argumentos expuestos, creo que el recurso de protección no constituye un mecanismo adecuado para hacerse cargo de la problematica en cuestión, atendido que los actos de discriminación en su gran mayoría son encubiertos por otro tipo de consideraciones que aparentemente se muestran como no discriminatorias, en definitiva creo que desde una perspectiva estructural el recurso de protección no constituye un instrumento eficaz respecto de estos casos. El tercer argumento es más bien de carácter ideológico.
    Quisiera detenerme en segundo argumento; Me parece que la coherencia presente en afirmar que la noción identidad de género traiciona la autopercepción que tienen de sí los transexuales, consitituye un argumento sólido en pro de la no inclusión de la noción identidad de género.
    Saludos.

    • hcorralt Says:

      Gracias por el comentario. Sobre el recurso de protección justamente por la dificultad de apreciar cuándo hay una discriminación injustificada parece preferible que lo conozca una Corte y no un juez de letras.

  3. Valentina Verbal Says:

    Profesor Corral:

    Con todo respeto, como activista transexual le digo que parte de premisas totalmente falsas.

    La comunidad transexual, en ninguna parte del mundo, se ha sentido satisfecha con el concepto de sexo, ya que esta palabra se vincula solo con la dimensión anatómica o genital de la sexualidad.

    Desde hace décadas, el concepto que la ciencia y el movimiento trans ha usado es el de identidad de género, precisamente porque alude a la existencia de un sexo psicológico y social distinto del biológico de nacimiento.

    Por lo demàs, es falso que este concepto haya nacido del feminismo. Más bien nació desde la transexualidad, desde la medicina, siendo después, no el concepto de identidad de género, sino el de género a secas, recogido por el feminismo para hacer referencia a los aspectos culturales o no biológicos de la sexualidad.

    Por otra parte, es falso que los Principios de Yogyakarta sean una carta magna de la comunidad gay. Lo es de toda la comunidad LGBTI, precisamente porque reconoce el derecho a la personalidad jurídica por orientación sexual (comunidad homosexual) y por identidad de género (comunidad trans).

    Por ùltimo, está demostrado que la inclusión social de las personas trans ha avanzado en el mundo solo cuando se ha reconocido la identidad de género como derecho y no como una suerte de “premio” luego de una transición médica. Esto a partir de lo que, justamente, se conocen como leyes de identidad de género (España, Uruguay, por ejemplo).

    Le pido que si va a decir que la identidad de género no representa a la comunidad trans, cite la fuente a que se refiere. A que organizaciones, movimientos o activistas trans puede hacer referencia que digan lo que usted dice aquí.

    A la hora de debatir, es de un rigor mìnimo partir del discurso real del adversario en el debate y no de la fabricación subjetiva de ese discurso. Lo que usted dice que piensan los y las ras no es lo que realmente piensan, amén de que no cita ninguna fuente que lo acredite.

    Cariños.

    Valentina Verbal
    Licenciada en Historia
    Universidad de los Andes

    • hcorralt Says:

      Estimada Valentina: le agradezco el comentario e intento contestarle, aunque no pretendo que concuerde conmigo. Mi columna no se refiere a los activistas como usted, que están en su derecho, si no a las personas simples que presentan disforia de identidad sexual. Entiendo que los activistas del transexualismo se hayan aliado con el movimiento gay para dar forma a lo que hoy denominan LGBT, y que todo haya redundado en la ideología de género, levantada por el movimiento feminista como una forma de evitar la discriminación de la mujer. Pero un transexual auténtico, y no ideologizado, debiera estar conforme con mi afirmación de que no forma parte de un tercer sexo ni de un género asexuado, si no que es varón o mujer, aunque tenga (erróneamente según su percepción) un sexo genético, gonadal y genital opuesto. Por ello, desde mi punto de vista, los activistas transexuales le hacen un flaco favor a quienes pretender representar, al unirse al movimiento de liberación homosexual y confudirse con ellos en un sólo referente que pretende que no exista identidad sexual, sino géneros mutables e indeterminados totalmente desligados de la conformación biológica y genética de cada persona.
      Cordialmente
      Hernán Corral

      • valeverbal Says:

        Estimado profesor Corral:

        Ante todo, le agradezco que, al responder mi comentario, acepte debatir conmigo en un marco de respeto y seriedad. Al menos, esto me motiva a mí a seguir este dialogo. Le señalo ahora lo siguiente:

        Primero: Al sostener usted que el concepto de identidad de género no representa a las personas transexuales, me puntualiza que no se refiere a los y las activistas como yo, sino a personas individualmente consideradas. Entonces, le pregunto ¿en qué se basa para sostener aquello? ¿Dispone usted de algún estudio o encuesta en que las personas trans (individualmente consideradas) digan, expresa o tácitamente, que no están de acuerdo con el concepto de identidad de género y que solo se conforman con el de sexo (biológico)?

        Segundo: Usted incurre en una simplificación al sostener o insinuar que el quid de la transexualidad (entendida en sentido amplio) se reduce a una disforia (léase, malestar) por haber nacido con genitales distintos a los del sexo autopercibido y manifestado a un nivel psicosocial. En efecto, esto no es lo central en realidad de las personas trans, sino el hecho de ser víctimas de una discriminación radical de parte de la sociedad, justamente, por poseer una identidad (expresión) de género diversa del sexo biológico y de aquella que consta en el carnet de identidad. Por lo demás, no todas las personas trans desean efectuarse cirugías de reasignación sexual, pero sí quieren asumir una expresión de género en la sociedad diversa del sexo biológico de nacimiento. Este es el punto clave y para esto, claramente, el concepto de sexo no basta, se queda corto, porque, como ya le dije, reduce la sexualidad humana a la dimensión meramente genital, no abarcando las de tipo psicológico, social, cultural, etc.; que, incluso, la antropología cristiana reconoce como parte de la sexualidad humana.

        Tercero: Considerando lo anterior, además de que el Estado (en Chile y otros países) aún no concede acceso a dicha cirugía, de suyo cara, es que lo relevante para resolver la cadena interminable de discriminaciones sociales que sufre esta comunidad es reconocer el derecho a la identidad de género, es decir, a expresar socialmente un sexo distinto al biológico de nacimiento. El punto es que las personas puedan trabajar, por ejemplo, sin que necesariamente tengan que expresarse (v. gr, en el plano de las vestimentas, gestos, etc.) de acuerdo al sexo biológico de nacimiento y legalmente asignado por el Estado.

        Cuarto: Y volviendo al primer punto, usted incurre, modestamente creo, en una separación artificial entre activistas transexuales y personas transexuales individualmente consideradas. Si bien no todas las personas trans tienen vocación de activistas, la gran mayoría (salvo excepciones que confirman la regla) se sienten representadas por el discurso que los y las activistas plantean en los medios de comunicación, ante las autoridades, etc. Además, sus palabras denotan una suerte de demonización de quienes, como yo, se dedican a luchar por los derechos humanos (porque eso pedimos: derechos humanos básicos y dejar de vivir como animales en esta sociedad) de las personas transexuales.

        Sin querer ser autoreferente, yo también soy una persona transexual individualmente considerada que, a pesar de haber sido uno de los mejores alumnos (en ese tiempo, asumiendo una identidad de género masculina), nunca he podido ejercer la carrera académica, que es mi real y profunda vocación. Estudié en la Universidad de los Andes, de la cual usted es profesor, y obviamente (me concederá este punto) no tendría cabida como transexual, incluso si no fuera activista, sino solo por el hecho de ser una persona transexual.

        Finalmente, creo que usted tergiversa el sentido del concepto de identidad de género, ya que no se refiere a la existencia de un “tercer sexo” ni de un “género asexuado” —esto es una caricaturización de vuestra parte—, sino a que, como ya he dicho, las personas tienen derecho a autopercibirse, piscológicamente, y a expresar, socialmente, una sexualidad distinta de la biológica de nacimiento y legalmente reconocida por el Estado. Y que, en virtud de su autopercepción y expresión de género, tienen, asimismo, derecho a cambiar su identidad legal conforme a dichas situaciones. Esto es la identidad de género, entendida como un derecho humano.

        Por lo demás, usted se contradice, porque, por una parte, parece reconocer que hay personas que, real y legítimamente, se sienten parte de un género (o sexo, si prefiere) distinto del biológico; y por otra, señala que esta situación implicaría reconocer la existencia de “géneros mutables”, como si se tratará de elecciones caprichosas y no el fruto de una autopercepción profunda, descubierta en la más temprana infancia, como ha sido mi caso y el de prácticamente todas las personas transexuales.

        Saludos cordiales.

        Valentina Verbal

      • hcorralt Says:

        Estimada Valentina: igualmente le agradezco el tono respetuoso en que manifiesta su discrepancia y las críticas a mi postura. Sin ánimo de perpetuar indefinidamente el debate, sólo quisiera aclarar que mis deducciones sobre lo que los transexuales desean, y que me parece es diferente a lo que los activistas que se han unido al lobby homosexual, proviene de la investigación científica que proporciona el diagnóstico de esta calidad personal. Como sabrá, el DSM-IV (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) señala como prueba principal de lo que denomina “trastorno de identidad sexual” (no de género), que el individuo se identifica, de un modo intenso y persistente, con el otro sexo, lo cual constituye el deseo de ser, o la insistencia en que uno es, “del otro sexo”. En consecuencia, en esta formulación el sexo no está tomado en el sentido reduccionista que usted cree percibir en la palabra identificándolo únicamente con lo biológico y lo corporal, sino con el hecho de ser una persona masculina o femenina. Tiene razón que la antropología cristiana no observa el sexo sólo desde el punto de vista biologicista, sino como cualidad propia de la identidad de la persona. Lo que sucede es que en la mayor parte de los casos lo biológico (genético y corporal), lo psicológico, lo social y cultural y lo afectivo son congruentes y no se disocian. En los casos de transexualismo se produce desgraciadamente esa disociación entre lo biológico y lo psicológico, produciéndose el problema de cómo solucionar: si mediante intervenciones quirúrgicas y tratamientos hormonales (lo que no está claro que dé el resultado deseado) o mediante terapia psicológica. Pero lo que importa es que, teniendo una noción amplia de sexo, o si se quiere de identidad sexual, no es necesaria recurrir a la expresión “identidad de género”, que insisto compromete a la ley en una particular ideología: la de género que, aunque tiene muchas versiones, la más difundida y radical es la que tiende a minusvalorar o derechamente negar toda relevancia a la sexualidad biológica en la identidad de la persona. Tal vez, para evitar estos inconvenientes sería mejor que la ley hablara derechamente de lo que se pretende sin emplear estos términos cargados de concepciones ideológicas, así podría decirse que no se discriminará arbitrariamente por homosexualidad o transexualidad.
        Lamento que no haya podido todavía desarrollar una carrera académica, pero pienso que quizás no se deba a su condición de transexual sino sencillamente a su juventud (suele ser difícil, lo digo por experiencia propia, lograr un espacio en el mundo académico). Le recomiendo estudiar un postgrado, ojalá un doctorado en su disciplina. La Universidad de los Andes está abierta a todos los talentos académicos con la sola condición de que adhieran al Magisterio de la Doctrina Social y Ética de la Iglesia Católica, que forma parte del ideario corporativo de la institución y lo que se ofrece a los estudiantes que ingresan a nuestras aulas.

  4. Santiago Real Says:

    Penosa ignorancia del autor: los transexuales pueden ser heterosexuales u homosexuales; su reclamo es por identidad de género, no por orientación sexual.

    • Chepos Says:

      El problema aquí es que deja clara la ignorancia al decir que las personas transexuales pueden o son atraídas por el sexo opuesto a su realidad genérica. En todo caso, es por puro desconocimiento de causa, la orientación sexual no tiene absolutamente nada que ver en la transexualidad. Además, también dice que la identidad de género, sólo esta emparentada con las y los transexuales cuando es bien sabido que la identidad sexo-genérica es parte inherente en TODOS LOS HUMANOS al reconocernos como parte de un género, sexo, y por último identidad.

      • hcorralt Says:

        Me parece que hay una confusión entre género y sexo, y una tendencia a que el concepto de género sustituya el de sexo como determinante de la identidad personal.


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