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Lucro y título lucrativo

13 octubre, 2013

Entre días 4 a 6 de octubre se realizaron, en la hermosa ciudad de Valdivia, las XI Jornadas Nacionales de Derecho Civil. Fueron organizadas este año por la Universidad Austral de Chile en el magnífico campus de Isla Teja. Más de cincuenta ponencias en las distintas temáticas de la disciplina se expusieron y fueron discutidas en esta ya tradicional cita de los civilistas nacionales. Muchas me llamaron la atención, pero me gustaría referirme en este comentario a la ponencia del profesor Juan Andrés Varas titulada “Bosquejo para una anatomía jurídica del lucro”. La exposición intentó esclarecer los diversos sentidos en que se usa la expresión “lucro” en el Derecho, para con ese esfuerzo conceptual dar luces sobre la confusa discusión acerca del “fin del lucro en la educación”, en la que suelen predominar los slogans y las consignas más que las reflexiones y los argumentos.

No quisiera abocarme a esta última cuestión, sino a una previa que el autor mencionó como una de las posibles acepciones de lucro lícito como característica de un acto jurídico. Se trata del concepto de título lucrativo, que es utilizado varias veces por el Código Civil. Así el art. 1962 señala que estará obligado a respetar el arrendamiento “todo aquel a quien se transfiere el derecho del arrendador por un título lucrativo”. La misma expresión aparece en el art. 2303 para disponer los efectos del pago de lo no debido respecto de terceros adquirentes: el que pagó indebidamente una especie tiene derecho “para que el tercero que la tiene por cualquier título lucrativo, se la restituya, si la especie es reivindicable y existe en su poder”.

Como “lucro” en general es utilizado con el significado de ganancia, provecho o beneficio de carácter económico (de allí el concepto de lucro cesante: art. 1556 del Código Civil), pareciera que título lucrativo sería lo opuesto a título gratuito.

Pero sucede todo lo contrario: en la terminología del Código, título lucrativo no es lo opuesto sino una modalidad de título gratuito. Por ello, se contrapone título lucrativo a título oneroso. Respecto del deber del adquirente de una propiedad de respetar el arrendamiento, el Nº 1 del art. 1962 regula el caso del adquirente a título lucrativo, mientras el Nº 2 trata del adquirente a título oneroso. Lo mismo sucede para la posible reivindicación de terceros de una especie pagada sin deberla: si el tercero la tiene en virtud de título oneroso es necesario que esté de mala fe; en cambio, si la tiene a merced de título lucrativo la reivindicación procede con prescindencia de su buena o mala fe. El original art. 137, hoy sustituido, disponía que la mujer no podía sin autorización de su marido celebrar contrato alguno, “ni adquirir a título alguno oneroso o lucrativo”. Nuevamente, se daba la oposición entre título lucrativo y la de título oneroso.

Algunos piensan, en consecuencia, que existe una identificación, en la terminología del Código Civil, entre título lucrativo y título gratuito (cfr. Guzmán Brito, Alejandro, De las donaciones entre vivos. Conceptos y tipos, LexisNexis, Santiago, 2005, p. 48). Y ¿por qué un título gratuito puede ser denominado correctamente título lucrativo? La razón reside en que se adoptan diversas perspectivas para calificar el mismo fenómeno jurídico. Si se atiende al motivo o causa por la cual alguien recibe un beneficio por un contrato, entonces podemos hablar de acto gratuito: el que da lo hace por mera concesión graciosa, sin pedir nada a cambio como contraprestación. Pero si la misma realidad la miramos ahora desde el resultado objetivo, tenemos que el beneficiario ha incrementado su patrimonio sin contraer ninguna obligación recíproca: ha lucrado plenamente. El profesor Varas hablaba de que los actos lucrativos o gratuitos eran una expresión de “máximo lucro”. Todo es beneficio, nada es pérdida.

Esta explicación, sin embargo, no siempre ha sido bien comprendida. Así la misma Corte Suprema determinó que no se aplicaba la obligación de respetar el arrendamiento constituido por un usufructuario, cuando éste renunciaba al usufructo en beneficio del nudo propietario. Señaló nuestro máximo tribunal que “no correspondía aplicar en este caso la norma del Nº 1 del artículo 1962 del Código Civil, porque en virtud de ella están obligados a respetar el arriendo todo aquel [sic] a quien se transfiere el derecho del arrendador por un título lucrativo, que no lo constituye la renuncia que efectuó el arrendador del derecho de usufructo, porque lucrativo significa que produce utilidad y ganancia, y la renuncia, en este caso, fue un acto voluntario que no generó ganancias o beneficios a la que la hizo” (C. Sup. 3 de octubre de 1996, rol Nº 32596-1995, con. 5º de la sentencia que rechazó el recurso de casación en el fondo intentado por el arrendatario demandante; énfasis nuestro). La razón que esgrime la sentencia, en esta parte, es claramente errónea: el acto de renuncia en favor de otro es un título lucrativo, porque el beneficiario obtiene una ganancia o lucro sin desprenderse de nada de lo suyo.

Con todo, pensamos que debiera matizarse la asimilación entre título gratuito y título lucrativo. Si se observan los preceptos en los que el Código Civil menciona los títulos lucrativos (incluido el sustituido art. 137), se advierte que en todos ellos se trata de actos a través de los cuales una persona adquiere una cosa (corporal o incorporal) que incrementa su patrimonio; en suma, se hace más rico. En consecuencia, el título lucrativo es sólo una clase o especie de título gratuito, pero que no se identifica con éste porque título gratuito es una expresión más amplia. Si uno mira la definición del art. 1440: “El contrato es gratuito o de beneficencia cuando sólo tiene por objeto la utilidad de una de las partes, sufriendo la otra el gravamen”, se concluye que la gratuidad se refiere a actos que reportan ventajas económicas para sólo una de las partes, aunque no haya una propia atribución patrimonial. Es lo que sucede, por ejemplo, con el comodato, el depósito, el mutuo sin interés y el mandato sin remuneración. Todos estos actos son títulos gratuitos pero no lucrativos. En cambio, sí lo son aquellos que implican una atribución de una cosa que, a lo menos momentáneamente, produce un enriquecimiento del beneficiario: la donación, la asignación testamentaria universal o singular, la cesión de derechos gratuita, la renta vitalicia gratuita, etc.

En suma, título gratuito es el género del cual el título lucrativo sería la especie. A ambos se opondría el título oneroso.

Como para seguir dándole vueltas, pero seriamente, al tema del “lucro”.


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