Todas las voces todas

Comienzo estas letras con la recordada canción que promueve la hermandad latinoamericana, ya que desde el 20 al 22 de mayo he tenido la suerte de participar en el III Encuentro del Grupo de Armonización del Derecho Privado Latinoamericano, que este año se ha desarrollado, bajo el patrocinio del Centro de Estudios Jurídicos Latinoamericanos de la Universidad degli Studi di Roma Tor Vergata, en los alrededores de la ciudad eterna, sede de la matriz jurídica de nuestros ordenamientos: el Derecho romano. Convocados por el empuje de los profesores Schipani y Cardilli, nos hemos reunido cultivadores del Derecho privado de diversos países latinoamericanos, como Brasil, Colombia, Argentina, Perú y México, junto a profesores alemanes, belgas e italianos, que aportan la experiencian en materia de integración jurídica bajo el alero de la Unión Europea.

Nuevamente he tenido la sensación de que el conocimiento y el intercambio de las experiencias jurídicas de países vecinos y culturamente próximos es algo que todavía debe descubrirse en Chile y Latinoamérica. Resulta paradójico que los juristas chilenos – y pareciera que lo propio sucede en otras naciones del continente americano, según me dicen los colegas que he consultado– estemos muy alerta de lo que sucede en materia de legislación, doctrina y jurisprudencia en Francia, España, Italia, Alemania, e incluso ahora en Inglaterra y Estados Unidos, y en cambio seamos totalmente ignorantes de lo que ocurre en los ordenamientos jurídicos de nuestros vecinos latinoamericanos.

¿Cómo puede explicarse que en Chile sepamos tan poco de la forma en que ha sido interpretado el Código de Bello en países como Colombia y Ecuador que lo mantienen hasta hoy vigent? ¿Cómo se explica que poco o nada tengamos en cuenta lo que sucede la dogmática civil argentina y brasileña? ¿Qué sabemos del nuevo Código Civil Brasileño del año 2002 y de su aplicación? ¿o del Código del Consumo Brasileño? Las preguntas podrían multiplicarse.

Si queremos armonizar la legislación para favorecer la integración cultural y económico, un presupuesto ineludible es conocer los ordenamientos que deben ser armonizados y no sólo en los textos legales sino en su interpretación por los operadores del Derecho de cada país. Una forma de avanzar en este sentido es emplear las nuevas tecnologías para organizar un portal de interés sobre Derecho privado latinoamericano, donde sea posible encontrar las normativas civiles y comerciales más importantes, sentencias de tribunales superiores y referencias de bibliografía jurídica con datos para adquirir esos libros por internet. Es algo relativamente sencillo y no dispendioso y que podría ayudar a tesistas, investigadores, jueces y abogados.

Puede ser una medida si se quiere muy elemental pero concretay viable y que nos pone en el camino de hacer realidad la aspiración de la canción aludida al comienzo: “canta conmigo canta, hermano americano, libera tu esperanza con un grito en la voz”

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