Mundial de fútbol: comentario jurídico

Imposible en estos días sustraerse a la fiebre mundialera, sobre todo ahora que Chile participa en el Mundial de fútbol de Sudáfrica, después de 12 años de espera. Intentemos una reflexión desde la perspectiva jurídica que nos puede ofrecer una mirada diferente de este acontecimiento social de alto impacto. La verdad es que el Derecho tiene mucho que decir sobre la organización del fútbol, la Fifa, la contratación y traspaso de jugadores, etc. Incluso en Italia existe una revista especializada sobre Diritto Sportivo. Pero ahora nos interesa más bien aprovechar el ejemplo del juego del fútbol para lograr una mejor comprensión del funcionamiento de las leyes y del sistema jurídico. Hay muchas formas de analogía entre el sistema normativo que impera en un partido de fúbol y el orden legal de una sociedad. Por de pronto, en ambas existen reglas que determinan lo permitido y lo prohibido. Pero eso no es todo: existen individuos que ocupan esas reglas para orientar sus actos y omisiones, hay jueces que observan dichas conductas y determinan si las reglas han sido cumplidas o violadas, se aplican sanciones de diversa gravedad a los  que transgreden las reglas e incluso se decretan declaraciones de nulidad para actos que se realizaron sin sujetarse a las normas que determinan la validez (por ejemplo, la nulidad de un gol por una posición de adelanto).

Pero donde la analogia tiene un efecto demostrativo importante es en el por qué obligan las leyes. La llamada concepción positivista del derecho (Austin, Kelsen) sugiere que el derecho obliga porque es un mandato del soberano, es decir, del que tiene el uso de la fuerza. La coacción, la amenaza de un mal, sería lo que impele a las personas a respetar el derecho. Ya el profesor inglés Hart puso en evidencia que esta es una respuesta incorrecta si se atiende a como aprecian las leyes y su obligatoriedad los que participan del sistema. Si miramos el modelo normativo del juego, en este caso el fútbol, entendemos claramente que los jugadores no respetan las reglas sólo por temor a los cobros del árbitro: estos son más bien una anomalía, una excepción al juego. Lo hacen porque saben que la única forma de obtener el obejtivo de todos: jugar fúbol, es mediante el respeto de las reglas. Sin ellas, no podrían jugar. Las normas del fútbol no son vistas  como limitaciones y coacciones a la libertad  de los jugadores, sino como facilitadoras y promotoras de una libertad y una creatividad con sentido: dentro del juego y para su mejor desarrollo. Lo mismo sucede en la sociedad, si las normas son adecuadas al bien común, su cumplimiento es general y espontáneo, no por temor a la cárcel y a las sanciones, sino porque sabemos que es necesario su respeto y promoción para lograr una comunidad propiamente humana.

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