Newman y la teología en la universidad

El 19 de septiembre el Papa Benedicto XVI, durante su viaje apostólico a Inglaterra, beatificó a John Henry Newman (1801-1890), un teólogo, intelectual brillante que comenzó su búsqueda de la verdad en la Iglesia Anglicana y la prosiguió en la Iglesia Católica, a la que se incorporó en 1845. Newman fue no sólo un hombre de Iglesia, sino un gran universitario. Estudió en Trinity College y fue Tutor en Oriol College, ambos de Oxford, hasta ser más tarde vicario de la Iglesia de la Universidad dedicada a St. Mary, the Virgin. La debió abandonar al convertirse al catolicismo. Más tarde, los obispos irlandeses le encomendaron la creación de la Universidad de Dublin, de la que fue fundador y rector. Sus reflexiones sobre la naturaleza y fines de la institución universitaria se publicaron en el libro The idea of University (Texto on line), que permanece como uno de los grandes clásicos en la materia.

Uno de los puntos que Newman aborda en dicho libro y que sigue siendo de actualidad es la relación la ciencia de la religión y la enseñanza universitaria. ¿Debe una Universidad contemplar la teología en sus programas y cursos? En la Inglaterra del siglo XIX, muchos sostenían que una Universidad laica, no eclesiástica, necesariamente tenía que marginar de sus aulas toda referencia a Dios y a la fe. También hoy se defiende este concepto de laicismo en la enseñanza superior: podrá haber cátedras de astrología, medicina alternativa, parasicología o ufología, pero de religión y teología jamás. Newman se revela frente a lo que entiende constituye una doble negación: al carácter cognoscitivo de la religión y al concepto mismo de Universidad.

Para Newman sólo puede ser Universidad una comunidad académica en la que confluya la universalidad de los saberes humanos. Luego, si una institución educativa por principio excluye de su objeto una de las ciencias que componen el saber universal, no merece el nombre de Universidad: “La teología –arguye– es ciertamente una rama de ese saber. ¿Cómo es posible entonces abarcar todas las ramas del saber, y excluir, sin embargo, de las materias enseñadas una que es, por lo menos, tan importante y extensa como cualquiera de las demás?”. La teología, tanto en sus especulaciones fundadas en la razón humana como en las fuentes de la revelación, no sólo es una parte del acervo cultural de la humanidad, sino una de las disciplinas que otorgan sentido y profundidad a la metafísica, las artes, las humanidades y las ciencias exactas.

Estas reflexiones de Newman datan de 1852. Unos años antes la misma idea se había manifestado en Chile por otro gran intelectual universitario. En el discurso inaugural de la Universidad de Chile (17 de septiembre de 1843), su primer rector, Andrés Bello, señalaba que e el cultivo de la teología por la Universidad, no sólo importa para el desempeño del ministerio sacerdotal, sino también para “generalizar entre la juventud estudiosa, entre toda la juventud que participa de la educación literaria y científica, conocimientos adecuados del dogma y de los anales de la fe cristiana”. Agregó Bello en esa solemne ocasión: “no creo necesario probar que esta debiera ser una parte integrante de la educación general, indispensable para toda profesión, y aun para todo hombre que quiera ocupar en la sociedad un lugar superior al ínfimo”.

La inclusión del cultivo y enseñanza de las ciencias referidas a Dios, con pleno respeto a la libertad de conciencia, a cuya defensa hizo Newman también una contribución fundamental, lejos de considerarse ajena o incompatible con la idea de una Universidad laica, debiera considerarse, sino esencial, al menos altamente recomendable.

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