Los inviables

El aborto por “inviabilidad fetal”, propuesto por los senadores Matthei y Rossi, puede conectarse al debate que se produjo en internet con motivo de la muerte de los 81 presos de la cárcel de San Miguel. Una serie de personas opinaron francamente que el hecho era irrelevante y que no correspondía hacer tanta alharaca. Mal que mal se trataba de gente curtida en la escuela del delito y que no tenía vuelta; su fallecimiento libraba al Estado del costo de tener que mantenerlos. En el fondo, todos estos reos bien podían ser calificados de “inviables” socialmente hablando.

Estas opiniones, al ser comentadas en algunos medios formales, han sido con razón tajantemente rechazadas por inmorales e inhumanas. Por muy peligroso que sea un delincuente, y aunque haya muy poca, o incluso nula, posibilidad de que se rehabilite, no por eso deja de ser persona ni su vida pasa a valer menos que la de otro ser humano. Declararlos “inviables”, y por ello hacer la vista gorda con las causas que provocaron sus muertes, es no sólo una injusticia para con ellos sino una verdadera degradación de los estándares morales de un estado de derecho.

Detrás del episodio reciente de los carabineros que abusaban de un indigente adicto a las drogas, puede estar detrás el mismo razonamiento. Al ver los videos que los mismos policías grabaron con sus atropellos, puede concluirse que lo trataban así porque lo consideraban un ciudadano “inviable”, alguien despojado de dignidad personal y convertido en una especie de pelele apto para toda suerte de manipulaciones.

En este panorama impresiona que, a pocos días de estos sucesos, se presente un proyecto de ley que propicia la calificación de “inviables” para ciertos seres humanos. No se trata ahora de personas que han incurrido en delito o que sufren la marginación de la pobreza y las drogas. Ahora son individuos humanos en gestación y cuya única falta es padecer alguna patología que hace riesgosa su subsistencia. El proyecto de ley propone que se legalice “la interrupción de un embarazo (léase aborto) cuando se haya certificado la inviabilidad fetal”.

Los fundamentos de la iniciativa explican qué debería entenderse por inviabilidad fetal: “una gran cantidad de patologías y anomalías genéticas, como por ejemplo algunas trisomías, la anencefalia, la pentalogía de Catrell, etc.”. Es un etcétera escalofriante. Nótese que se incluyen en forma genérica las trisomías, entre las cuales está el síndrome de down (trisomía 21).

Bien sabemos que los diagnósticos de inviabilidad son falibles y que muchas veces estos seres en gestación, cuando se les permite nacer y no se les niegan los tratamientos terapéuticos necesarios, son capaces de salir adelante y refutar el pronóstico de deceso temprano.

Pero no es sólo la imposibilidad de asegurar la muerte del recién nacido lo que debe llevar a rechazar el aborto por inviabilidad. La sociedad no tiene legitimidad para declarar que algunas criaturas no merecen vivir y pueden ser impunemente eliminadas. El sufrimiento de la madre , sin duda, debe ser comprendido y acompañado, pero no puede servir de excusa para permitirle condenar a muerte al ser que lleva en su vientre. Si se considerara que el dolor de la madre autoriza la eliminación de la criatura “inviable”, no habría razones para oponerse a la eutanasia, incluso inconsentida, de niños nacidos o de ancianos con enfermedades terminales.

Empresas y negocios pueden ser declarados inviables. Los seres humanos, no.

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9 comentarios en “Los inviables”

  1. Ricardo Salas Venegas Says:

    Un argumento de los defensores del proyecto subordina la decisión sobre el aborto a la capacidad de sufrimiento del embrión. Yo creo que ese argumento efectivamente concierne al sufrimiento, aunque, en el fondo, no se trata del del feto sino del sufrimiento del que argumenta, es decir, de las emociones que él mismo experimenta imaginar la muerte de una guagüita gordita y rosadita (a lo que se opone) o la de un embrión formado sólo por unas cuantas células (con cuya imagen no puede empatizar). En suma: hace depender una decisión moral, no de un argumento, sino de una imagen y de la consiguiente emoción que a él le produce.

  2. Ana Maria Says:

    ¡Exelente artículo Hernán, me parece que no hay nada más que agregar!

  3. cami Says:

    No esperaba menos de un profesor tan destacado como Ud.
    Muy buena la comparación de inviabilidad de los reos, drogadictos, pobres… esperemos que recapaciten sobre este proyecto de ley que realmente es brutal.

  4. Luis Valenzuela Says:

    ¡Cuánto miedo les provoca la famosa “pendiente resbaladiza”! Donde se lee clarito “algunas trisomías”, en obvia referencia a aquellas inviables -que la hay-, incluyen al Sìndrome de Down. Si le emociona -aterra- el “etc”, si jura que son “muchos” los errores médicos, ¡para eso está la Comisiòn de Salud, pues! Para acotar ese “etc”, para achicar la posibilidad de error hasta la nulidad misma.

    Ya veo que muy pronto, y de modo similar a la intentona de prohibir los dispositivos intrauterinos, se derogarà el electroencefalograma como medio para determinar la muerte cerebral, y por ende la inviabilidad de un sujeto. ¡Que se jodan los que esperan trasplantarse! No ve que existe la posibilidad de que ocurra un milagro. Seguramente “muchas” veces ya ha sucedido con los “falibles” médicos…

    Pero no, la sola imagen

    • Jose Pablo Keymer Says:

      Luis,
      Ante todo que tengas un buen año.
      No entiendo tu queja contra los que defendemos la vida a ultranza. De la misma manera que defendimos en su momento a los perseguidos políticos al alero de Raúl Silva Henriquez o estuvimos en contra de la pena de muerte.
      Claro que el hombre se equivoca cuando en su soberbia le dice a su creador ” no te necesito, yo manejo este mundo , yo se como”
      Me dirás que ya saqué a Dios y a la religión. Bueno, es al final un tema ontológico que muchos hombres y mujeres de ciencia, racionales y terrenales han aceptado ( Pasteur, Einstein, el Abogado Ghandi, Andree Fossard….)
      Esa “pendiente” a la que mencionas que le tenemos temor, es real. Basta ver la historia reciente, donde los límites no los ponen precisamente las comisiones médicas.
      Te invito a recoger conceptos desechados por muchos, como la compasión que no es tenerle pena a un “pobrecito” sino es padecer- con, es decir acompañar en el dolor, dejar algo mío por servir y acompañar al otro.
      Capaz que en unos años más seamos muchos los inviables, ya sea por que incomodamos a una sociedad que se regocija en una cultura de muerte ( Guerras, abortos, discriminaciones…)

      Un abrazo y un sincero feliz año nuevo

      • Luis Valenzuela Says:

        José:

        Feliz año para ti, también.

        1. Creo que una cosa es la defensa de la dignidad de la persona humana, y de los derechos que de ella emanan, y otra es esa “defensa a ultranza de la vida”. No entiendo a qué se refiere ésta última. ¿Implica, por ejemplo, que todos los esfuerzos económicos, científicos y tecnológicos, deben apuntar a llevar a cero la muerte natural de óvulos fecundados que por razones desconocidas no logran implantarse en el útero? ¿Incluye a otras especies, o es sólo válida para los homo sapiens? Yo prefiero quedarme con la primera, que piensa en la diginidad del embrión, pero también considera a la mujer, y concluye que, en determinadas circunstancias, es ella quién debe resolver si continúa con su embarazo, sin coacción por parte del Estado. Creo que esa visión es compatible con la defensa de los perseguidos políticos, y con ser contrario a la pena de muerte.

        2. Como agnóstico, discrepo de tu visión de ese “hombre soberbio”. El hombre se dice a si mismo: “alguien debe regir el mundo; como no hay nadie, debo hacerlo yo; como no sé, debo aprender”. ¿Ves más soberbia en el que no sabe, o en el que cree saber lo que piensa ese eventual Dios? No comentaré tu apelación a la autoridad. Sólo diré que aceptar que la creencia en Dios es más válida porque Einstein sentía algo místico al contemplar la estructura del mundo, es como pretender echar abajo la lógica de Aristóteles sólo porque creía en la generación espontánea.

        3. No digo que no puedan llegar a verificarse esas “pendientes” (sin olvidar que, estructuralmente, son una falacia). Digo que, a pesar de que el ordenamiento de la sociedad pueda provocar la aparición de pendientes, no por eso debemos desechar esas soluciones. ¿Acaso debemos abolir la propiedad privada porque lleva a la banalización de las relaciones humanas y sociales? Se debe buscar lo óptimo, ni más ni menos.

        4. Comprendo lo que es la compasión, y creo que -para este caso- lo aplico con el embrión y la embarazada, gracias por la condescendencia.

        5. Lo que profetizas ya no es una pendiente resbaladiza, sino toda una rampa de salto olímpico en esquí ;).

        Saludos.

  5. Jose Pablo Keymer Says:

    Don Hernan,
    Nos alegra su comentario.
    Lo difundiremos
    Rosemary H. y Jose Pablo K.


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