¿A quemar a Judas?

Entre los misterios de Semana Santa se encuentra la entrega de Jesús a sus enemigos por uno de los que él mismo había elegido como apóstoles. El beso de Judás ha quedado en la historia el símbolo de la mayor de las traiciones; la que viene del amigo, del que menos se esperaba. La figura de Judas, enigmática y por lo mismo atractiva (es personaje central de Jesucristo Superstar, y ahora el título de un controvertido single de Lady Gaga), sirve a los creyentes para recordar que nadie está santificado en vida, y que todos, incluso los que en un momento han dejado todo por seguir a Cristo, pueden caer en las peores traiciones a su fe y a su ministerio. Es el misterio del mal, de la iniquidad, y de la terrible y a la vez grandiosa, libertad humana. Los abusos de menores por parte de sacerdotes han provocado, con razón, escándalo y desconcierto, pero lo cierto es que la historia del cristianismo, desde Judas hacia adelante está llena de esta presencia del mal que parece penetrar y contaminar todo y que, sin embargo, según la misma promesa de Jesús, no prevalecerá contra las puertas de su Iglesia.

Como una manera de exorcizar y repudiar el ejemplo del traidor se ha desarrollado en varios pueblos de cultura católica un acto de religiosidad popular que consiste en la quema de un muñeco que representa a Judas. También la encontramos en nuestro país; entre las festividades de la Semana Santa organizadas por la ciudad de Valparaíso, se promociona la tradicional “quema de Judas”. En varios cerros de la ciudad se prende fuego a muñecos que representan al apóstol que traicionó a Jesús por treinta monedas de plata. Los niños recogen monedas que son colocadas en el muñeco y que luego saltan hacia la concurrencia cuando el Judas de trapo perece bajo las llamas.

Se comprende la razón de esta quema simbólica, pero me asaltan dudas de su adecuación a los valores de la fe cristiana, tal como los comprendemos en la Iglesia Católica, después del Concilio Vaticano II y del Magisterio de Juan Pablo II y Benedicto XVI. No parece que arrojar a las llamas por parte de un indignado populacho sea lo que refleje mejor la actitud de Cristo con el mismo Judas, que incluso al recibir su beso, lo trata de “amigo”. Dios no quiere la muerte del pecador, por muy grande que haya sido su caída, sino que se convierta y viva.

En los Evangelios hay indicios de que Judas se arrepintió, pero, a diferencia de Pedro, desesperó de alcanzar el perdón y se suicidó. Por ello una gran parte de los intérpretes piensa que perdió su alma. Dante, en su Divina Comedia, lo ubica en el último círculo del infierno. Pero esto no puede asegurarse. Nadie puede saber si en un último momento no hubo, por gracia a Dios acogida, una conversión final, del mismo modo como ocurrió con el ladrón al que Jesús promete el paraíso a instantes de morir ejecutado por sus crímenes. La sola razón de que Judas se haya suicidado no es suficiente, sobre todo ahora que sabemos que muchas veces ese acto, en sí injusto, no siempre conlleva la deliberación y conciencia que exige el pecado grave.

De esta forma, promover y celebrar, aunque sea simbólicamente, dar muerte a una persona, y de una manera tan cruel, propia de tiempos medievales, no se ajusta con los valores de nuestro orden constitucional ni menos con los principios de la fe cristiana.

Se dirá que se trata de un juego, de algo inocuo, que hoy día sirve más de diversión que de amenaza. Pero los símbolos terminan por influir en los comportamientos sociales, por más inocentes que se les crea.

Benedicto VI hablando ante la Comisión Pontificia para América Latina (8 de abril de 2011), advirtió sobre “ciertas formas desviadas de religiosidad popular que, lejos de fomentar una participación activa en la Iglesia, crean más bien confusión y pueden favorecer una práctica religiosa meramente exterior y desvinculada de una fe bien arraigada e interiormente viva” (Texto en vatican.va).

Pienso que la “quema de Judas” puede quedar incluida entre estas prácticas de religiosidad popular que hoy deben considerarse desviadas y contrarias a una auténtica fe en el Cristo redentor, que según los creyentes, sufrió, murió y resucitó para salvar a todos los pecadores, incluso los que para el mundo no merecen perdón y deberían ser entregados a las llamas.

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2 comentarios en “¿A quemar a Judas?”

  1. Francisco Says:

    Bonita columna, de hecho viendo la “Pasión de Cristo” me pregunte lo mismo. No me extrañaría que Judas se haya salvado, y de hecho lo encuentro positivo.(Cristo vino a salvar a los pecadores) .
    Una parte de la película Jesús dice que hay que amar a los enemigos, porque si lo hacemos sólo con los amigos que merito tiene (o algo por el estilo). Creo que es algo para aplicar en nuestra sociedad.

  2. Francisco Says:

    Lo otro, que también me llama la atención. Tengo la sensación de que a veces la gente relaciona el abuso sexual de algunos sacerdotes con lo que son las violaciones. Quizás me equivoco, y eso no es efectivo, pero si fuera así, hay un mundo de diferencia (no en todos los casos que se publican se dan ambos).
    Con esto no justifico el comportamiento, sino, todo lo contrario. Pero lo anterior deberíamos tenerlo presente.


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