La venganza nunca es buena

La muerte de Osama Bin Laden, por disparos en su cabeza, como resultado de una operación de asalto de los comandos de la Navy Sealst, mientras se encontraba desarmado, y el posterior lanzamiento de su cuerpo al mar, todo ello según las propias declaraciones del gobierno de Barak Obama, me ha traído recuerdos de una niñez ya bastante lejana. Misteriosas conexiones mentales condujeron mi memoria hacia la serie televisiva del Chavo del Ocho y a ese refán que el niño que vivía en el barril de la vecindad declamaba cada vez que Quico, don Ramón, el señor Barriga u otro de los personajes, quería castigarlo sin justicia: “La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena”.

No deja de sorprender que los líderes políticos no sólo en Estados Unidos sino en otras naciones de Europa y América hayan saludado la muerte del líder de Al Qaeda como una proeza y un triunfo de la causa contra el terrorismo. El Presidente Piñera afirmó satisfecho que la justicia tarda pero llega; Alan García calificó el hecho como un milagro del recién beatificado Juan Pablo II. Pero en qué queda el derecho y todas sus reglas sobre el debido proceso, la necesidad de un juicio justo y racionalmente tramitado, la condena impuesta en proporción a la culpa y excluyendo todo tipo de sanciones crueles e inhumanas, dentro de las cuales para muchos países está la pena de muerte que, con razón, ha sido crecientemente abolida.

Se dirá que no se trata de un delincuente común, sino del jefe de una banda terrorista culpable de matar a miles de personas inocentes en el atentado del 11 de septiembre de 2001. Pero la magnitud del crimen y de su culpa, no lo privan de su dignidad de persona ni de sus derechos esenciales como ser humano. Nadie tiene derecho a privarlo de la vida sin un juicio previo. Su eliminación no fue justicia, fue ajusticiamiento: una vindicta o venganza, característica de tiempos y lugares donde no existe el estado de derecho y sino el poder del más fuerte.

Ni siquiera bajo la consideración de tratarse de una guerra se justificaría la muerte de un enemigo que puede ser tomado prisionero. Los Convenios de Ginebra, que bien conocemos en Chile por su invocación para poner en claro que, incluso habiendo estado de guerra interno, es un crimen asesinar personas y hacer desaparecer sus cuerpos, se oponen a la idea de que estando Estados Unidos en guerra contra Al Qaeda sus comandos tienen, al estilo de James Bond, licencia para matar impunemente.

Alguien podría decir que se aplicó en el caso la discutida doctrina que considera lícito matar al tirano si esa es la única forma de liberar a la ciudad o estado que está bajo su opresión. Pero incluso respecto de aquellos que han sostenido la justificación del tiranicidio (el jesuita Juan de Mariana, por ejemplo), esta sería una forma de legítima defensa que sólo procedería si no existe otra manera de neutralizar al déspota. Si Bin Laden estaba ya ubicado y podía ser tomado prisionero, esta condición no se cumple, aun suponiendo que efectivamente sus súbditos querían liberarse de su dominio.

La tesis del objetivo bélico legítimo olvida que estamos hablando de una persona y no de un arsenal de guerra o una central de misiles. Incluso pensando en que se trataba del comandante de un fuerza enemiga en guerra contra Estados Unidos, no se justificaría esta idea tipo far west de “se busca vivo o muerto”.

Según los analistas nada de esto se cuestiona entre los norteamericanos y lo más probable es que la popularidad de Obama alcance altos niveles que le aseguren la reelección. Así será, pero, como ha dicho el siempre disidente Michael Moore, “perdimos algo de nuestra alma en este país”. Esta vez le encuentro razón, porque coincide con la máxima del Chavo. Por mucho que se intente disfrazar como acto de justicia, la venganza nunca – ni siquiera cuando muchos o todos la apoyan– es buena; siempre termina envenenando y matando el alma.

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2 comentarios en “La venganza nunca es buena”

  1. Vanessa Saavedra Says:

    Estimado Profesor:
    Concuerdo con usted y en la máxima del chavo del ocho,como también en el debido proceso… pero siendo bien honesta, ya nada me extraña especialmente de aquellos que se han alejado de Dios.
    Saludos cordiales,
    Vanessa.


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