LLegar, llevar y repactar

Hace un tiempo cuando se intentó crear una base de datos de usuarios de tarjetas de crédito, unificando clientes de tarjetas bancarias con aquellos de tarjetas emitidas por grandes tiendas, estas últimas se opusieron. Alegaron que habían invertido para abrir el mercado del crédito a personas de sectores medios y bajos que habían sido ignoradas por la banca. Se trataba de un perfil de cliente que pedía créditos de consumo de bajo monto para adquirir bienes, con un grado de cumplimiento muy superior a la de los otros deudores. Era natural que no quisieran ahora compartir este sector del mercado con los bancos.

Parece claro que la crisis del mercado de valores provocada por la caída de las acciones de La Polar tiene que ver en su origen con la idea de permirir este acceso al crédito a personas a las que otras instituciones no estarían dispuestas a prestar, por su insuficiente capacidad de pago (Ver carta de abogado Mario Cortés en La Tercera). Por cierto, los consumidores de escasos recursos veían en esto una oportunidad para comprar bienes que mejoraran su estándar de vida, y confiaban en que su situación económica no sufriría variaciones en el largo tiempo en que se dividían las cuotas del crédito. Pero el problema es que este tipo de personas no goza de estabilidad económica; basta cualquier episodio irregular: una enfermedad, un gasto imprevisto, la pérdida del trabajo o una disminución de ingresos, para que no puedan cumplir con las cuotas y entren en mora. Inmediatamente, la deuda se agiganta con los intereses y con las cláusulas de aceleración que se suelen incluir, más gastos de cobranza y otros. Esta ampliación de la deuda causa la absoluta imposibilidad de pago del usuario, el que además se ve perjudicado por su ingreso en los registros del Boletín Comercial, y de ahí al temido DICOM.

La empresa, ante una morosidad masiva de los clientes, debía haber reflejado esto en su contabilidad, calificando estas deudas de incobrables y asumiendo la pérdida. En vez de eso prefirió informar a los usuarios que, ante su mora, se había procedido a una repactación “automática”, y que les otorgaba un nuevo plazo con nuevas cuotas, pero extendiendo más aún la deuda y encareciéndola todavía más por nuevos intereses. La diferencia entre el valor original de lo prestado (y del bien adquirido con ese dinero) y la deuda repactada se vuelve inaudita. Comenzaron entonces las protestas y denuncias ante el Servicio Nacional del Consumidor, quien finalmente tomó cartas en el asunto, e interpuso ante el 1º Juzgado Civil de Santiago una demanda colectiva (Texto de resolución que provee la demanda). Esto significa que la demanda se interpone en interés de todos los que hayan sido afectados, sin que sea necesario que concurran personalmente al proceso. Una vez dictada la sentencia, si esta anula estas repactaciones y condena a La Polar a pagar indemnizaciones, todos los que hayan padecido el abuso pueden acogerse a ese fallo.

Es efectivo que estas repactaciones, aunque parecieran convenir a los intereses de los deudores morosos, debían ser consentidas expresamente por estos y no corresponde que la empresa haya presumido su voluntad por su mero silencio después de la información. De acuerdo con la Ley de Protección al Consumidor no producen efecto las cláusulas que otorguen a una de las partes la facultad de dejar sin efecto o modificar a su solo arbitrio el contrato (art. 16 letra a). Además, el art. 17 exige que el consumidor firme el contrato y reciba un ejemplar de él, y esto debe aplicarse también a sus modificaciones.

El SERNAC ha dicho que los deudores cuyas deudas han sido repactadas deben ser sacados de DICOM, ya que “una repactación es una nueva deuda que deja sin efecto la anterior” (Comunicado del 9 de junio de 2011). El Servicio parece asumir que toda repactación es una novación de la deuda original. Pero esto no se compadece con la afirmación de que se produjeron sin voluntad de los usuarios, ya que, según el Código Civil, la novación (la extinción de una obligación por otra nueva que la sustituye) requiere declaración o intención de novar (art. 1634 CC). Incluso es dudosa la voluntad de la misma empresa de querer novar el crédito primitivo porque ello extinguiría las posibles cauciones y seguros. Lo más probable es que la repactación haya consistido únicamente en una modificación del contrato original otorgando más plazo al deudor, lo que según el Código Civil no constituye novación (art. 1649 CC). La necesidad de sacar a estos deudores del DICOM puede fundarse mejor en que, si el acreedor ha dado más plazo, la deuda ya no debe considerarse morosa.

Es dudosa cuál es la solución más acertada a estos casos, porque el solo hecho de anular las repactaciones no siempre favorecerá a los deudores. Estos pueden ver renacida su antigua deuda con los intereses devengados por todo este tiempo, la que no podrán tampoco pagar. Quizás lo mejor sea entender en forma amplia la idea de “reparación” contenida en la ley del consumidor (art. 50 inc. 2º). En estos casos, puede considerarse que la reparación sea equivalente a la cantidad adeudada, produciéndose así una compensación entre lo debido por estos deudores y las indemnizaciones que les adeuda la empresa por las repactaciones “automáticas”.

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2 comentarios en “LLegar, llevar y repactar”

  1. Vanessa Saavedra Says:

    Estimado profesor, tomando pie de lo que ud. dice a propósito del termino “reparación” según la ley del consumidor y dejando de lado los “abusos” de La Polar, ¿realmente encuentra que la “compensación” sería la salida más justa?. Esta bien, hubo abusos por parte de La Polar que son absolutamente reprochables no sólo desde un punto de vista ético, sino que, por sobre todo, también desde un punto de vista jurídico; pero también recordemos que las personas afectadas dejaron de cumplir con sus compromisos en el pago de las cuotas (dejando de lado los motivos del cese de los pagos). Creo que por sobre todo, la gente debiera tener un poco mas de conciencia al momento de asumir este tipo de compromisos. Si no fuera por “los avances” o bien por los “créditos de consumos” el acceso a los bienes se han vuelto en una realidad, que antes era casi imposible, para cierto grupo de personas que no cuentan con altos ingresos, llegar a adquirir; pero que a raíz de eso, les ha ido aumentando, cada vez más, los deseos de seguir adquiriendo bienes, llegando a un punto de deber más de lo que se gana. Y eso es una realidad, basta con ir a poblaciones, donde se vive con el sueldo mínimo, pero que tienen una cantidad de bienes de alto valor (Lcd, notebooks, Blackberry, etc), que de no ser por estos préstamos, no habrían podido adquirir. El punto es, a mi parecer, es que falta una cultura, en nuestra sociedad, de consumo para que no vuelva a suceder, no solo lo de La Polar (que, como bien expuso incurrieron en ilegalidades) sino que también otros tantos casos que seguramente desconocemos. Atentos Saludos, Vanessa.

    • hcorralt Says:

      Concuerdo contigo Vanessa. Quizás en algunos casos habría que ver si hubo “exposición temeraria al daño”, pero me parece que en estos casos el proveedor es el más responsable al prestar a sabiendas de que no se le pagará, y más aún si cobra altos intereses moratorios y luego repacta con mayor cantidad de cuotas. Tal vez, sí, debería el consumidor pagar el precio del bien adquirido, pero sólo con reajuste.


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