Hipoteca “igualitaria”: una analogía

Este año la marcha del “orgullo-gay” estuvo dedicada a reclamar lo que se ha dado en llamar “matrimonio igualitario”, siguiendo una consigna ya probada en España y Argentina. Al mismo tiempo se anuncia una campaña de spots televisivos financiados por una nueva fundación de nombre “Iguales”. Se quiere dar a entender que lo que se pide no es más que terminar con una discriminación injusta, y no una mutación del matrimonio; este seguiría siendo lo mismo pero más inclusivo. Nada deberían objetar los heterosexuales pues a sus matrimonios no les afectará el que haya uniones conyugales de individuos del mismo sexo. Tampoco la sociedad podría temer que se debilitara la institución matrimonial y sus fines procreativos, toda vez que las parejas del mismo sexo son una minoría y los heterosexuales no se casarán menos ni tendrán menos hijos por el hecho de que los homosexuales puedan casarse.

Esta argumentación parte de una premisa falsa que es necesario refutar. La propuesta del “matrimonio igualitario” sí modifica el concepto de matrimonio. Siempre se ha entendido que el matrimonio merece un trato jurídico especial porque cumple una función de interés público: la procreación y la constitución de un hogar estable y adecuado para los hijos. La complementariedad de sexos opuestos no es una prohibición discriminatoria sino un elemento constitutivo del consorcio matrimonial.

Sucede lo mismo con que la exigencia de que se contraiga entre un solo hombre y una sola mujer. No se discrimina a los que quieren realizar su vida afectivo-sexual en uniones plurilaterales (polígamas); sencillamente no cumplen un requisito esencial para ser favorecidas con el estatuto del matrimonio.

Quizás pueda servir de ejemplo para entender esta distinción, si hacemos un simil con la institución de la hipoteca. Sabemos que es una garantía atractiva para conseguir un crédito, ya que pone un inmueble bajo la posibilidad de remate si el deudor no paga. Con esa seguridad, los bancos prestan montos importantes y a largo plazo. Elemento esencial de la hipoteca es que el deudor sea dueño de una propiedad inmueble. Quedan excluidos aquellos que no poseen un inmueble, a los que se negará constituir una hipoteca sobre un automóvil, sobre acciones o cualquier otro mueble. ¿Podrían estos pretendientes a deudores hipotecarios reclamar que se les está discriminando? ¿Se podrá formar todo un movimiento de opinión para reivindicar una “hipoteca igualitaria” que no distinga entre propietarios y no propietarios de inmuebles? Se advierte claramente que una alegación de esta especie no tiene nada ver con la igualdad ante la ley, sino que sería un intento por cambiar el concepto y la función de la hipoteca.

Lo mismo sucede con el slogan del “matrimonio igualitario”. Lo que se pretende es modificar lo que hoy día se entiende por matrimonio, y transformarlo en una relación cuyo elemento esencial sería la afectividad de connotación sexual. Las parejas heterosexuales serán reconocidas como matrimonio, ya no por su compromiso para procrear, recibir y mantener un hogar estable para sus hijos, sino únicamente porque se aman y se atraen sexualmente. Es indudable que, al cambiar la ley tan radicalmente el concepto de matrimonio, se lo debilita ante la sociedad. El “matrimonio” que incluya a los homosexuales no será más igualitario, sino que dejará de ser matrimonio.

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5 comentarios en “Hipoteca “igualitaria”: una analogía”

  1. Andres Lepe Says:

    Profesor:
    Siempre es un agrado leer sus columnas, sin embargo, pese a a compartir la conclusión, no me parece adecuada la analogía ya que no siempre el deudor es quien constituye la hipoteca. Ahora bien, me parece que el problema de fondo consiste en conciliar, para quienes profesamos o tenemos un cercanía con el catolicismo nuestra conmovición con la supuesta discriminación que genera la no existencia de una matrimonio homosexual. En otros términos, como podemos hacernos cargo del supuesto trato desigual.
    Saludos Cordiales.
    Andrés Lepe.

    • hcorralt Says:

      Gracias Andrés. Las analogías nunca son absolutas. Pero en todo caso aunque el constituyente fuera un tercero tampoco podría pretender celebrar un contrato de hipoteca si no tiene un bien raíz, de modo que no me parece que la analogía no subsista en tal caso. La cuestión es que no hay discriminación si todas las personas son consideradas igualmente para constituir una institución siempre que cumplan sus requisitos. Las personas homosexuales pueden casarse si lo hacen con persona de sexo opuesto. Cuando se pretende que se pueda hacer con persona del mismo sexo, aunque no sea homosexual, entonces caemos fuera del concepto de matrimonio. Lo que se reclama es que el matrimonio sea redefinido, no simplemente ampliado. Pero ¿hay razones de bien público, más allá del credo religioso, para convertir el matrimonio en una simple cuestión de afectos sin ninguna relación con la procreación? ¿Por que no dar un estatuto también para el pololeo o las relaciones vecinales o de simple amistad? El matrimonio, hasta ahora, no es el simple reconocimiento de una relación afectiva, sino una institución donde se “hace familia”, la que a su vez construye y mantiene en el tiempo la sociedad. Te saluda, Hernán C.

  2. vanessa saavedra Says:

    Estimado profesor:
    Al igual que en el comentario anterior, es un gusto leer sus columnas.
    En lo que toca a su columna comparto en parte su opinion, pues si bien soy una fiel defensora del concepto de matrimonio tal y como lo concebimos hoy en dia, creo y siento que tenemos que modernizarlo un poco en el sentido de que este no se traduce solamente en el de procrear, como si este fuera su maxima, bien sabemos que de ser asi no existiria el matri en articulo de muerte o bien que personas que esten incapacitadas biologicamente para engendrar no podrian contraerlo. Pero entiendo su conclusion de que en el fondo es una manera de cumplir con una funcion piblica.
    Lo que a mi me llama demasiado la atencion es el anhelo de muchos en la busqueda de la ‘igualdad’ frente a instituciones, situaciones, etc. que claramente no todos podran tener acceso y desde ese punto de vista entiendo u analogia con la hipoteca.
    Mis mas cordiales saludos.

    • hcorralt Says:

      Gracias Vanessa: lo que caracteriza al matrimonio es la potencialidad procreadora, como resultado del amor esponsal, no que efectivamente se procree. Tanto el matrimonio en articulo mortis como el de personas infértiles son potencialmente procreadores. En cambio, si no hay capacidad (o deliberado propósito) de consumar la unión, no hay verdadero matrimonio.
      En todo caso, se agradecen tus comentarios.
      Saludos
      Hernán

      • Andres Lepe Says:

        Profesor:
        Tengo entendido que el día de ayer se alego ante el Tribunal Constitucional un requerimiento de inaplicabilidad por inconstitucionalidad derivada de la aplicación del artículo 102 del Código Civil. Me parece que es un asunto interesante a considerar en la discusión respecto de los efectos que puede generar la decisión del Tribunal.
        Saludos Cordiales
        Andrés.


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