“Lego a mis queridos perros…”

Algo parecido titularon los medios de prensa el martes 26 de julio, cuando se abrió el testamento del conocido diseñador inglés Alexander Mcqueen, que se había suicidado a comienzos de 2010, por una depresión causada por la muerte de su madre. Ya en una nota encontrada en su departamento de Myflair en Londres donde se ahorcó, había pedido “Cuiden a mis perros”. El cariño por sus mascotas, tres bullterriers ingleses, lo impulsó a asignar 50.000 libras (82.000 dólares) para cada uno de los tres canes: Juice, Minter y Callum, en su acto de última voluntad.

Más de algún medio habló de “perros millonarios” por el suculento legado, si bien la cantidad asignada en realidad es pequeña considerando que toda la herencia asciende a más de 16 millones de libras. Mcqueen dejó también fuertes legados a sus empleados, parientes y a varias instituciones benéficas, entre ellas algunas dedicadas a cuidar animales.

De todas maneras no deja de suscitar curiosidad la situación de estos perros, beneficiados por un testamento. Jurídicamente se plantea el clásico problema de si los animales pueden ser sujetos de derechos. En nuestra tradición jurídica, se distingue categóricamente entre personas y cosas, sólo las primeras son sujetos de derechos, mientras las segundas son objetos de esos derechos. Los animales son considerados cosas (según nuestro Código Civil son bienes muebles semovientes, porque pueden moverse por sí mismos). Siendo cosas no pueden tener derechos, son objeto de derechos y, así, son propiedad de ciertas personas. A veces se ha dicho que gozan del derecho a no ser maltratados o incluso a que se respete su vida (frente a las campañas para aplicar eutanasia a perros vagos), pero esto no es exacto: si se les protege de un maltrato o de una muerte innecesaria es porque es reprochable que las personas se comporten con crueldad o irrespetuosamente con las cosas que componen la naturaleza animada e inanimada.

En el caso del legado de Mcqueen se nos presenta el problema de si los perros pasan a ser sujetos de derechos patrimoniales. ¿Son los afortunados Juice, Minter y Callum dueños de las 50.000 libras que les dejó su amo en su testamento? En realidad, y pese a las informaciones periodísticas que tienden a dar esa impresión para suscitar la extrañeza del público, no es así. El testamento de Mcqueen no deja como legatarios a sus perros, porque tal disposición sería ineficaz. Lo que hace es constituir un fondo especial confiado a una persona para que administre y utilice esos recursos en el cuidado de los perros designados. Este fondo especial, típico del Derecho inglés, se denomina trust (The independent aclara que fue esta la figura legal utilizada: ver nota ).

En nuestro Derecho no existe la institución del trust, lo que debemos lamentar ya que otras legislaciones latinas (Francia, Argentina México) la han incorporado. ¿Qué podría hacer un testador en Chile para proteger a sus mascotas? Pueden apuntarse varias posibilidades: desde instituir una fundación para el cuidado de animales, donde se incluyan sus perros (art. 963 inc. 2º CC), dejar una herencia o legado a una persona con la carga modal de tener que cuidar a los perros hasta el final de sus vidas, o incluso aprovechar la institución más discreta del albacea fiduciario. Hasta la mitad de la porción de libre disposición autoriza la ley para dejarle a un heredero, al albacea o a cualquiera otra persona con la finalidad de que esos recursos se inviertan en uno o más objetos lícitos pero que son encargos secretos y confidenciales. Este albacea no está obligado a revelar el objeto del encargo secreto ni a dar cuenta de la administración (cfr. arts. 1311-1316 CC).

Esta figura legal, poco recordada por nuestros abogados, puede servir a todos los que sienten el amor a los fieles compañeros caninos que caracterizó a Mcqueen. Estoy seguro que compartirían la afirmación que el diseñador hizo en una entrevista meses antes de morir: “My dogs are the only thing in the world I really trust” (mis perros son los únicos en los que puedo confiar en el mundo).

Anuncios
Explore posts in the same categories: Derecho Civil, Derecho de la persona

Etiquetas: , , , , , ,

You can comment below, or link to this permanent URL from your own site.

4 comentarios en ““Lego a mis queridos perros…””


  1. Profesor Corral, interesante caso el que ud. presenta. Me gustaría saber qué opina Ud. sobre el reconocimiento de otros derechos más básicos a ciertos tipos de animales, como en el caso del Proyecto Gran Simio que busca que la comunidad internacional reconozca ciertos derechos a los denominados Antropoides no humanos. Cordial saludo, Javier Rodríguez.

    • hcorralt Says:

      Mi impresión es que la categoría “derechos” hay que reservarla a las personas humanas, para que no se produzca una inflación de “derechos” que luego no signifiquen nada. Pero lo que sí cabe es establecer estatutos especiales de protección para animales, en el que se establezcan deberes de comportamiento y respeto hacia ellos y eviten tratamientos crueles o innecesarios. Gracias por el comentario.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: