Demanda de mineros: entre daños y lucros

El mismo día en que se cumplió un año desde el derrumbe de la Mina San José que dejó atrapados a 33 mineros (5 de agosto de 2011), fue admitida a tramitación por el 9º Juzgado Civil de Santiago la demanda presentada por 31 de ellos contra el Estado. Los mineros rescatados por el mismo Estado al que demandan piden una indemnización por daño emergente y daño moral que asciende a 250 millones de pesos por cada una de las víctimas (7.750 millones en total).

La demanda invoca la responsabilidad por falta de servicio, la que consistiría en no haberse ordenado por parte del Sernageomin el cierre del yacimiento ante las falencias de sus instalaciones.

Son múltiples los elementos que deberán tenerse en cuenta en un juicio como este: la prueba de que efectivamente hubo falta de servicio por parte del Sernageomin y que esa falta de servicio ha sido la causa del accidente y del daño de los mineros, la coparticipación del Sernageomin, de la Asociación Chilena de Seguridad, de la empresa dueña del yacimiento y de las empresas contratistas en la producción del daño, la posible asunción del riesgo por parte de los mineros que sin duda son personas que trabajan en un entorno peligroso por naturaleza. En esta pléyade de cuestiones de interés jurídico, una menos conocida es la doctrina de la compensatio lucri cum damno, según la cual si el hecho ilícito causa a la vez daños y beneficios para las víctimas, la indemnización debe calcularse descontando del valor del daño el valor del provecho (lucro). Que un hecho dañoso traiga ventajas para el afectado no es tan infrecuente como pareciera. Se plantea cuando hay un seguro contratado o que asiste legalmente a la víctima, de modo que el daño es a la vez un siniestro que le permite cobrar la suma asegurada. También cuando al causarse la muerte de un familiar se ocasiona juntamente la pena por la pérdida de un ser querido pero también el derecho a una cuantiosa herencia. Otro caso planteado por la doctrina tradicional es la del dueño de un fundo que sufre la invasión de un ganado de ovejas del predio vecino que al mismo tiempo de destruir los plantíos, abona el terreno con sus excrementos, lo que valoriza la propiedad.

¿Cómo podría aplicarse esta doctrina al caso de los mineros? Por una parte, tenemos los seguros de accidentes del trabajo y demás prestaciones que se les ha concedido para paliar los efectos del traumático suceso (tratamientos psicológicos, capacitaciones, terapias, etc.). Más allá de eso, las víctimas del accidente han sido elevadas a la categoría de héroes mundiales: han recibido invitaciones a diversas partes del mundo, para su disfrute y el de sus familias; hn sido llevados a programas de televisión, (nos imaginamos que la mayor parte de las veces previo pago); han negociado derechos para libros y películas que cuentan sus historias. Uno de ellos ya ha comenzado una especie de carrera artística como imitador de Elvis Presley.

La pregunta es si estos beneficios debieran contabilizarse y descontarse de los 7.750 millones de pesos en los que los demandantes avalúan sus daños, o la suma que el juez determine. Según un estudio reciente del profesor Fabián Elorriaga incluido en las actas de las VIII Jornadas de Derecho Civil 2010, que acaban de aparecer publicadas (pp. 567 y ss.), la compensatio requiere tres requisitos: 1º que los beneficios provengan del hecho dañoso; 2º que el hecho lesivo sea también la causa adecuada del provecho, y 3º que daño y lucro tengan la misma naturaleza. Los casos más sencillos de resolver son aquellos en que el tercero que presta el beneficio a la víctima tiene derecho a subrogarse para reclamar lo pagado al culpable (por ejemplo, la Mutual de Seguridad en los casos de accidentes del trabajo en virtud del art. 69 de la ley 16.744). En los demás, habrá que calificar caso por caso si se dan los requisitos de causalidad y de igual naturaleza. Respecto de esto último, nos parece que si el perjuicio reclamado, como el caso de los mineros, es de naturaleza extrapatrimonial (daño moral), los beneficios que tienen por objeto ofrecer agrados y disfrutes de la vida (viajes, diversiones, etc.), debieran considerarse de naturaleza equivalente. Por cierto, ambos quedarán en su valoración a la prudencia del juzgador.

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8 comentarios en “Demanda de mineros: entre daños y lucros”

  1. vanessa saavedra Says:

    Estimado profesor, lamentablemente y como siempre estoy de acuerdo con usted. Desde que me entere de la demanda intentada por los mineros la encuentro ‘una patudez del porte de un buque’, pero como bien ud. podra saber por el ejercicio de la profesion: el papel aguanta harto. A mi particularmente me llama la atencion de esta demanda y esperare con ansias el pronunciamiento del magistrado e incluso de los ‘supremos’ porque bien sabe ‘se agarraran de las mechas’.
    Mis mas cordiales saludos y esperando un nuevo post.
    Mis mas cordiales saludos,
    Vanessa.

  2. Andres Lepe Says:

    Profesor:
    En el evento de que los perjucios reclamados fueran de caracter patrimonial( daño emergente y lucro cesante), siguiendo su tesis, no operaría la “compensatio lucri cum damno”, en este caso concreto? En mi humilde opinión, me parece que la aplicación de la tesis podría tener aplicación respecto de perjuicios susceptibles de cuantificación, sin embargo, respecto del daño moral su aplicación me parece dudosa e inclusive perjudicial para la práctica judicial ya que el ejercicio de compensación supone necesariamente una valoración objetiva de los daños y beneficios a compensar, de esta manera creer que la angustia ocasionada por el temor a morir puede compensarse con un viaje a E.E.U.U, resulta complejo. Distinto resulta el caso respecto de perjuicios estrictamente patrimoniales.
    Saludos Cordiales
    Andrés Lepe.

    • hcorralt Says:

      Entiendo la dificultad, pero por otra parte la alegría de un viaje puede ser considerado de una naturaleza más equivalente a la angustia y el dolor del encierro, que una suma de dinero. HC

  3. Guillermo Says:

    Don Hernán, como siempre es un agrado leer su blog, como también escucharle debatir en las Jornadas Nacionales de Derecho Civil que hace poco se realizaron en Viña del Mar. Sin lugar a dudas, como usted advierte, el juicio de responsabilidad civil a que dará lugar la situación vivida por los mineros será complejo e interesante, digno de “hacerle seguimiento”. Aunque creo que lo más probable es que el proceso no llegue a sentencia, sino que quede sujeto a una solución de carácter auto compositivo. Pero eso es una mera especulación.

    I.- Me parece muy interesante lo que plantea a propósito de la compensatio lucri cum damno. Obviamente, los casos en que el daño es estrictamente patrimonial (el clásico ejemplo de Adriano de Cupis, de las ovejas, o el otro caso paradigmático del hecho dañoso que provoca la ruina de un edificio, lucrando el dañado con la venta de los escombros), la solución resulta sencilla. Pero creo que por el sólo hecho de tratarse de daños no patrimoniales (sea que se entienda que en este caso ha habido pretium doloris o se entienda que han experimentado otros tipos de perjuicio no patrimonial) deba estimarse improcedente la figura (como se ha señalado más arriba) no me parece. La dificultad de cuantificar los perjuicios es algo que no sólo existe en la esfera extrapatrimonial, pues existe un rubro estrictamente patrimonial de difícil cuantificación (lucro cesante). En cuanto al daño extrapatrimonial, y especialmente respecto del pretium, me parece muy clarificadora la frase que utiliza Alessandri en su célebre obra “Las penas con pan son menos”, dando cuenta de su finalidad satisfactiva y no compensatoria. En muchos de los casos, los beneficios recibidos – en mi humilde opinión – son idóneos para recuperar el agrado de vivir y morigerar el sufrimiento. Además, no debe olvidarse que el daño moral (y su reparación) es materia que siempre dependerá de la sabiduría de los jueces. Yo, en principio, creo que habrán de imputarse a la indemnización y descontarse de su valor total, algunos de los beneficios que han obtenido luego de la situación vivida. La situación de los contratos celebrados en razón del daño que experimentaron (obviamente, onerosos conmutativos), en los cuales se les paga y contrata única y exclusivamente por haber experimentado el hecho dañoso, me parece digna de nota. En estos casos, no puede negarse si quiera que el hecho dañoso ha beneficiado a la víctima, e incluso que exista consciencia en ella de que existe “una posibilidad de lucrar con lo sucedido”, cuestión que en el caso de algunos de los mineros ha redundado en la celebración de “suculentos” contratos. Ahora bien creo que – en todo caso – la aplicación de la institución de la compensatio lucri cum damno, y los criterios que ha mencionado citando al profesor Elorriaga, son suficientes para no arribar a una solución injusta.

    II.-Hay otra cuestión que es digna de considerar y que entiendo introducirá una nueva complejidad al juicio de responsabilidad. Se trata de lo que los Mazeaud llaman “Acumulación de los daños y perjuicios debidos por el autor del menoscabo con los socorros abonados voluntariamente a la víctima”. Escriben en su célebre tratado sobre la responsabilidad civil, lo siguiente: “Suele suceder con frecuencia que, sin tener a ello derecho, la victima del daño recibe, a causa de ese daño, algunos socorros. Por ejemplo, por lástima, un tercero le dará una suma de dinero o bien su patrono, un particular o la administración, le concederá una gratificación excepcional no prevista en el contrato. ¿Puede aquella hacer abstracción de la misma en su acción dirigida contra el autor del daño? ¿Tiene este último derecho a pretender que el perjuicio que ha causado está reparado hasta la debida concurrencia? Se trata siempre de determinar si la suma recibida constituye una indemnización. Se siente uno tentado a responder por la afirmativa: como la pensión abonada obligatoriamente, ¿no tiene esta suma por finalidad colocar a la víctima al menos parcialmente, en su situación anterior, borrar el daño? La única diferencia consiste en que, en un caso, el que socorre a la víctima está obligado a ello y que, en el otro, obra benévolamente. Pero, precisamente, esa diferencia es capital. Una caridad – y se está siempre ante una caridad más o menos disimulada – no es una indemnización: esta última presenta el carácter de una reparación a la que tiene derecho la víctima. Parece, pues, difícil negarle a la víctima que haya recibido algunos socorros la posibilidad de reclamar reparación integra del daño que se la haya causado. Y más aún porque eso sería favorecer al autor del perjuicio con la caridad dirigida a la víctima, lo cual resulta inadmisible evidentemente”. Determinar que cuestiones (invitaciones, pensiones, viajes, etc) puedan ser considerados como “socorros abonados voluntariamente a la víctima”, será una ardua labor para el juez.

    III.- Una tercera cuestión relevante, en mi parecer, para los efectos de establecer la cuantía de la indemnización es el hecho de que el Estado haya reparado “en naturaleza”, de manera no pecuniaria y al menos en parte, los daños experimentados por los mineros. ¿Acaso no les costeo tratamientos psicológicos, médicos, etc?. Adoptó también medidas que hicieron cesar o al menos morigeraron la intensidad del daño. No debe perderse de vista aquí que cuando se trata de daños no patrimoniales, ha de preferirse reparaciones de la misma naturaleza. En términos de Fernando Fueyo “la verdadera reparación de daño extrapatrimonial es de su propia naturaleza, vale decir, extrapatrimonial, no pecuniaria, sin intervenir dinero”.

    Claramente – y aunque no suene del todo bien – el juicio de responsabilidad sería más simple (por lo mismo menos interesante) si los mineros hubieren fallecido; lo que no deja de ser paradójico pues el Estado logró que conservaran el bien más preciado de todos, la vida.

    Un saludo cordial,

    Guillermo.

    • hcorralt Says:

      Muchas gracias por los comentarios, que me parecen muy acertados. A todo ello se deberá añadir una nueva cuestión que resulta de haber podido leer la demanda. En ella se dice que el daño total de cada minero es de 500 millones pero que al Estado se demanda sólo por 250, porque el resto corresponde a otros responsables, que no se identifican. Pero ¿cómo podrá probarse el total del daño en un juicio en el que no están emplazados estos otros responsables? ¿y por qué el Estado es responsable de la mitad del total del daño? La doctrina oscila entre aplicar la resp. solidaria o distribución por contribución causal, pero no de esta forma tan mecánica. En fin, sin duda, un caso que sirve para ver que, como decía Kant, no hay nada más práctico que una buena teoría. HC

      • Guillermo Stange Says:

        Por nada don Hernán, en verdad, gracias a usted por abrir este espacio de debate. Yo me contentaré con poder hacerle un seguimiento al juicio a través de http://civil.poderjudicial.cl; que interesante tener acceso a la demanda. Saludos, Guillermo Stange.

  4. Daniel Ortega Says:

    Estimado Sr.Corral

    Soy un estudiante de derecho y tengo una duda respecto a cual es el daño emergente que alegan los mineros, ya que si daño emergente significa una pérdida efectiva y real del patrimonio, no veo motivo alguno para alegarlo, a menos que los gastos médicos no los haya cubierto el Estado. Saludos.


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