Tragedia de Juan Fernández, muerte presunta y conmoriencia

La tragedia de Juan Fernández vuelve a poner de relieve la importancia práctica de una institución jurídica que a veces se estima obsoleta e inútil: la presunción de muerte por desaparecimiento de personas. Se pensó que con el avance de las comunicaciones el fenómeno de la desaparición de personas, sin que se sepa si están vivas o muertas, no se presentaría más. La experiencia reciente nos muestra que no ha sido así; las personas desaparecidas desgraciadamente siguen existiendo como antes. Entre nosotros, el terremoto y el tsunami del 27 de febrero de 2010, incluso requirió la promulgación de una ley especial para facilitar la declaración de muerte presunta. Ahora, con la aeronave siniestrada después de dos intentos de aterrizar en el aeródromo del archipiélago, si algunos de los cuerpos de sus 21 tripulantes y pasajeros no son encontrados, podrá acudirse a las normas que el Código Civil contempla para este tipo de accidentes aéreos.

Debe tenerse en cuenta que sólo el cónyuge o los parientes interesados están habilitados para iniciar el trámite. No puede hacerlo nadie por ellos, ni siquiera una autoridad pública. La declaración del Ministro de Defensa en el sentido de que se ha llegado a la conclusión de que no hay sobrevivientes no tiene efectos jurídicos. Salvo en los cuatros casos en los que a esta fecha se han identificado los cadáveres, los tripulantes y pasajeros del C-212 deben considerarse desaparecidos, no muertos.

Como la probabilidad de defunción es muy alta, el Código Civil permite que se declare judicialmente la muerte presunta en un plazo muy breve:  6 meses desde la fecha de las últimas noticias, es decir, desde el viernes 2 de septiembre de 2011. Si el avión o sus restos fueren encontrados, ese plazo se aplica para el caso de que no pudieren ubicarse los cuerpos de los ocupantes o si estos no son identificados (art. 81 Nº 8 CC). La declaración debe pedirse al juez de letras con competencia civil correspondiente al último domicilio de cada desaparecido. No es necesario en estos casos que se hagan citaciones por medio de publicaciones en un periódico, pero sí se exige que el juez tenga a la vista el informe de la Dirección General de Aeronáutica que deberá instruir la investigación de las causas del accidente.

Comprobados los requisitos, el juez debe dictar una sentencia en la que declara a la persona presuntivamente muerta en la fecha en la que ha ocurrido el siniestro y concede la posesión definitiva de los bienes a los que son sus herederos, legales o testamentarios. La sentencia debe inscribirse en el Registro de Defunciones del Registro Civil. Con ello, los interesados podrán pedir la posesión efectiva de la herencia y efectuar los demás trámites que exijan que se compruebe el fallecimiento de su causante: por ejemplo, reclamar una pensión de sobrevivencia u orfandad, pedir un seguro de vida, hacer efectivo un seguro de desgravamen, etc.

Puede suscitar también alguna interrogante la desaparición en el mismo accidente de marido y mujer, como sucede con el arquitecto Sebastián Correa y Catalina Vela. La declaración de su muerte presunta producirá la emancipación legal de sus hijos menores de edad (art. 270 Nº 2 CC), a los que deberá nombrárseles tutor o curador, según su edad. Respecto de sus herencias, se aplicará la presunción de conmoriencia del art. 79 del Código Civil, puesto que las sentencias de declaración de presunción de muerte fijarán la misma fecha de defunción: se entenderá que ambos han perecido en un mismo momento y ninguno sucede en los bienes del otro (art. 958 CC). La regla se aplicará aunque se encuentren sus restos, ya que es imposible que se pueda comprobar el orden en que ocurrieron los fallecimientos.

La muerte presunta tiene efectos benéficos ante la incertidumbre que deja la desaparición de una persona, pero su alcance se limita a lo jurídico. Resulta impotente para paliar siquiera las consecuencias emocionales y existenciales que produce en los familiares el no disponer ni siquiera del cuerpo de su ser querido para darle una digna sepultura. Por eso, se trata de una medida que se ocupa cuando se han realizado sin éxito los esfuerzos necesarios para ubicar y reconocer el cadáver. En eso están ahora las autoridades, y todos los chilenos piden o desean, conforme a sus creencias, que esa búsqueda tenga éxito respecto de los desaparecidos cuyos restos aún no han sido identificados.

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5 comentarios en “Tragedia de Juan Fernández, muerte presunta y conmoriencia”

  1. Guillermo Stange. Says:

    Don Hernán, lo felicito por su comentario (que no podía sino ser excelente atenido a que usted es probablemente el civilista con mayor conocimiento en la materia) y concuerdo plenamente con lo que ha dicho. Hizo un recorrido por las notas esenciales de la presunción de muerte por desaparecimiento, de una forma muy clara y pedagógica, con ocasión de este lamentable acontecimiento que ha producido un impacto tremendo en nuestra sociedad. Se los haré leer a mis alumnos.
    Concuerdo con usted en el sentido de que la institución de la presunción de muerte por desaparecimiento permite resolver únicamente los problemas jurídicos envueltos, más el drama humano ante un caso semejante ha de ser tremendo. Existen estudios importantes, que demuestran que el sólo hecho de contar con un cadáver y poder darle una sepultura digna, permite a los deudos superar el periodo de duelo de manera más rápida. Es algo que la historia se ha encargado de enseñar, especialmente en los episodios marcados por totalitarismos.
    Como siempre, un agrado leer blog
    Saludos cordiales,
    Guillermo Stange.

    • hcorralt Says:

      Gracias Guillermo. Efectivamente el anhelo de poder sepultar a los seres queridos está muy enraizado en nuestra naturaleza desde tiempos inmemoriales. Para pruebas tenemos la tragedia de Antígona. Saludos, HC

  2. Vanessa Saavedra Says:

    Estimado profesor:
    Me adhiero a as felicitaciones en cuanto a la pedagogia con la cual ilustra de manera práctica las instituciones de la muerte presunta y de la conmoriencia.
    Como siempre, un agrado leer su blog, aun cuando no siempre le escriba algun comentario.
    Mis mas cordiales saudos,
    Vanessa.

  3. Guillermo Stange. Says:

    Don Hernán, escribo nuevamente aquí. Sólo digo dos cosas vinculadas con la noticia:
    – Algunos pretenden establecer una regulación especial para este accidente…..tal como ocurrió con el terremoto y tsunami. En mi opinión, en este caso, no se justifica. Me parece insostenible.
    – Se puso sobre la palestra una convención que la Fuerza Aérea de Chile hace firmar para exonerarse de responsabilidad: http://www.cnnchile.com/nacional/2011/09/14/nuevo-documento-exime-de-responsabilidad-a-la-fach-en-futuros-accidentes/
    Saludos Cordiales,
    Guillermo Stange.

    • hcorralt Says:

      No parece justificarse una ley especial dado el corto plazo establecida por el art. 81 Nº 8. Sí se podría legislar pero en general para todos los casos en los que hay certeza moral de la muerte pero no encuentran los restos. Lo propongo en mi libro Desaparición de personas y presunción de muerte de fallecimiento.
      Respecto del documento de exoneración de responsabilidad, desde Alessandri la doctrina ha sostenido que no son eficaces para el daño a la persona ni cuando condonan el dolo o la culpa grave.


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