La novia “más grande” de España

Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, la Duquesa de Alba, de bien conservados 85 años, hizo noticia en todo el mundo al contraer matrimonio con el funcionario público Alfonso Díez, que se empina sobre los 60 años de edad. El matrimonio se celebró el pasado 5 de octubre en la capilla del Palacio de las Dueñas de Sevilla ante un sacerdote católico Ignacio Jiménez. El matrimonio canónico es reconocido por el Código Civil español (art.  60).

Preguntada la feliz desposada si todavía creía en la institución del matrimonio contestó con mucho salero: “Ah, desde luego; yo soy antidivorcio, antiaborto y anti todas esas atrocidades; soy católica y lo ejerzo; por eso me caso una tercera vez; por desgracia murieron mis dos maridos anteriores” (El Mundo: http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/03/gentes/1317644781.html).

Más allá de lo anecdótico, el episodio plantea la cuestión de si personas que han superado la edad de la fertilidad pueden contraer matrimonio válido. Es sabido que el varón puede engendrar hasta una edad muy avanzada, pero esto no sucede con la mujer. La pregunta adquiere relevancia en estos tiempos en que se reclama que se reconozca como matrimonio la unión de personas del mismo sexo, que tampoco pueden procrear. Cuando se argumenta contra esa pretensión haciendo ver que la institución del matrimonio está orientada hacia los hijos, se levanta la refutación de que la ley civil permite el matrimonio de personas infértiles que tampoco pueden procrear, como sucede con los matrimonios de ancianos (o de personas de la tercera edad, en términos políticamente correctos).

La objeción es relevante y debe ser respondida. El matrimonio, como institución social, está pensado para transmitir la vida y la cultura, por medio de la procreación y la educación de los hijos; pero se satisface con la posibilidad de que los cónyuges consumen la unión mediante la cópula que complementa lo órganos sexuales masculino y femenino, que es el acto propio de la procreación. Si los contrayentes fueran absoluta y definitivamente incapaces de realizar tal acto, su unión sería inválida y no habría verdadero matrimonio. En este sentido, los heterosexuales impotentes están en las mismas condiciones que las personas de mismo sexo: no pueden contraer matrimonio, porque éste requiere al menos que la unión de las voluntades y de los afectos sea acompañada de la unión de los cuerpos mediante el acto que es necesario para engendrar y concebir.

Como dice el profesor de Oxford, John Finnis, la cópula conyugal es un acto de tipo procreativo; es apto para la reproducción, sea que esta se produzca o no efectivamente. De hecho, también las parejas fértiles tiene relaciones sexuales y en la mayor parte de las veces no se produce la procreación. A pesar de que el marido y la mujer no puedan concebir hijos, cumplen con la vocación procreativa al realizar actos que son naturalmente adecuados para engendrar un hijo, aunque este, por una patología, vejez o anormalidad, no llegue a concebirse ((The Collected Essays of John Finnis, Oxford University Press, London, 2011, pp. 334-352; en especial pp. 348-349).

Las parejas del mismo sexo están inhabilitadas para realizar la cópula pene-vaginal que es propia del matrimonio. Otros tipos de relaciones y penetraciones no son concebibles como actos reproductivos ni siquiera potencialmente y tampoco realizan la unión corporal que se logra (incluso anatómicamente) en el coito conyugal.

Además, la ley civil hace bien en no negar el matrimonio a las parejas infértiles porque es muy difícil realizar un diagnóstico certero y definitivo de esa infertilidad. Son incontables los casos de matrimonios que después de años de intentar procrear, al haberse decidido a adoptar un niño, luego engendran hijos biológicos.

Por otro lado, incluso aunque se tuviera por absolutamente cierto que una pareja heterosexual no podrá procrear, (como podría ser el caso de mujeres de la tercera edad, como la Duquesa de Alba), ese matrimonio puede realizar su vocación por medio de la integración de hijos de anteriores matrimonios o por la adopción. Y ello sin atentar contra el interés superior del hijo, ya que éste accederá a una familia en la cual, a diferencia de las parejas del mismo sexo, encontrará un padre y una madre con roles perfectamente diferenciados y complementarios.

Es importante tener en cuenta la diferencia entre la convivencia de personas del mismo sexo que no pueden unirse de modo matrimonial, de los matrimonios de gente de la tercera de edad o infértiles que sí lo pueden hacer. No es impropio, pues, que los medios hispánicos hayan calificado a Cayetana, con socarrona ambigüedad, como “la novia más grande de España”.

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2 comentarios en “La novia “más grande” de España”

  1. Gaspar Domínguez Says:

    Estimado profesor.
    Accedería usted en forma voluntaria a participar de una discusión respecto de la validez del matrimonio entre personas del mismo sexo, en un debate que se formará en la Facultad de Medicina de la U de Chile, con expertos de distintas áreas y tendencias??
    Agradezco su respuesta, me fue imposible conseguir su mail para preguntarle en forma personal
    Saludos cordiales


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