La forma jurídica del Opus Dei

El 28 de noviembre es una fecha importante para el Opus Dei. Aunque su fundación se remonta a 1928, fue sólo en 1982 cuando adquirió su forma jurídica definitiva, al ser erigido por el Papa Juan Pablo II en Prelatura personal, mediante la Constitución apostólica Ut sit del 28 de noviembre de ese año.

La demora en encontrar un estatuto jurídico apropiado se justifica por la novedad que representa en la Iglesia Católica la institución fundada por el sacerdote español, hoy canonizado, Josemaría Escrivá. Explica también que no siempre se comprenda bien su naturaleza y su cometido, incluso por creyentes y personas de buena fe.

Y es que la labor del fundador (abogado y doctor en Derecho, además de sacerdote) de abrir un cauce jurídico para esta iniciativa a que se sintió llamado por una especial inspiración divina, no era para nada sencilla. Lo que Josemaría Escrivá recibió en el momento fundacional en octubre de 1928 fue un mensaje: que los fieles corrientes están llamados a la santidad en medio del mundo y a través de su trabajo o actividad ordinaria, pero también la fundación de una institución en la Iglesia que tuviera por misión difundir y encarnar ese ideal.

Por la naturaleza del mensaje, era claro que la institución no podía ser una mera asociación de fieles (lo que hoy se suele denominar movimientos religiosos) pero tampoco una orden religiosa o instituto de vida consagrada (como los carmelitas, benedictinos, dominicos, jesuitas, maristas, etc.). No podía ser de carácter asociativo porque Escrivá vislumbró que los miembros de la institución lo serían, no en virtud de su buena voluntad de adscribirse a una iniciativa apostólica, sino en respuesta a un auténtico llamado vocacional. Pero tampoco podía ser una institución religiosa o de vida consagrada ya que se desvirtuaría el núcleo del mensaje recibido: que se puede ser santo sin cambiar de estado, siendo un fiel corriente: laico o sacerdote secular. La vida consagrada, aunque presente muchísimas modalidades (desde la vida de claustro a los misioneros), tiene por característica común el que esas personas se entregan públicamente a Dios y por tanto dejan de ser laicos o fieles comunes de la Iglesia.

La necesidad de que se tratara de fieles corrientes imperaba igualmente que no cambiaran de condición ni estado eclesiástico por su pertenencia al Opus Dei, y que siguieran, como los demás, sujetos a la potestad del Obispo de la diócesis donde viven.

Lo que parecía un problema insoluble, se fue abriendo paso en la legislación de la Iglesia, con la idea de las prelaturas personales, que fueron propiciadas primero por el Concilio Vaticano II (Presbyterorum ordinis de 7-XII-1965, n. 10), y luego reguladas por el Código de Derecho Canónico de 1983 (Texto de cánones). La prelatura personal es una institución jerárquica de la Iglesia, erigida por la Santa Sede, para obras específicas pastorales, que se compone de un Prelado, sacerdotes que son incardinados en la Prelatura (y que son seculares y no religiosos) y que además puede admitir la incorporación de laicos.

La figura de la prelatura personal cumplía otra de las características deseadas por San Josemaría: no constituía un estatuto especial y de privilegio, sino uno común disponible para otras instituciones o comunidades cuya estructura y misión se adecuara a esta naturaleza jurídica.

Es así, como después de un largo estudio, que debió ser continuado por el sucesor del fundador, don Álvaro del Portillo, ante la muerte de San Josemaría en 1975, se erigió la Prelatura Personal de la Santa Cruz y Opus Dei ( Texto de Constitución Ut Sit). La Prelatura está a cargo de un prelado sacerdote, que es nombrado por Consejos electivos internos pero con ratificación del Papa. Tiene ámbito internacional, de modo que su sede central se encuentra en Roma. Cuenta con un presbiterio que son los sacerdotes que se ordenan de entre sus miembros (siempre respetando su libertad) y una gran cantidad de fieles laicos, varones y mujeres, solteros y casados, que, urgidos por una vocación divina que especifica la común vocación cristiana del bautismo, ingresan, no mediante una consagración o profesión de votos (como los religiosos), sino en virtud de un acuerdo (contrato) entre ellos y la Prelatura.

Esta estructura permite mantener inalterado el estado civil y eclesial de los fieles laicos. Su incorporación a la Prelatura no modifica en nada su relación con la diócesis a la que pertenecen y sus deberes y derechos ante el Obispo diocesano y demás estructuras de gobierno y jurisdicción de la diócesis (vicarías, parroquias, tribunales eclesiásticos, etc.). La potestad del Prelado sobre ellos se refiere a los compromisos suplementarios de formarse, hacer apostado y buscar la santidad en el medio del mundo conforme a las enseñazas de San Josemaría.

Por eso, los fieles laicos del Opus Dei, aunque no oculten su pertenencia a la prelatura, no la andan exhibiendo ni en su vestimenta ni en su forma de comportarse individual o colectivamente. Esto a veces puede causar extrañeza para los que aún piensan que la única forma de compromiso fuerte con la búsqueda de la santidad es la pertenencia a una orden religiosa, pero es absolutamente explicable y necesario si se atiende a la finalidad y espíritu del Opus Dei: abrir un camino para que los fieles corrientes se esmeren en seguir a Cristo, siendo en todo iguales a sus semejantes, en medio del mundo y de sus múltiples afanes.

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10 comentarios en “La forma jurídica del Opus Dei”

  1. Luis Says:

    Muy estimado profesor:
    Gracias por su artículo. Quisiera, aun cuando tengo un gran cariño por San Josemaría, y la Obra, preguntarle lo siguiente: ¿Por qué el Opus Dei adoptó esa especie de contrato entre sus miembros que querían consagrarse? ¿Parte este contrato de una valoración correcta de los votos católicos como la más perfecta forma de consagrarse a Dios?
    Un abrazo!

    • hcorralt Says:

      La explicación parte de la expresión “consagración”. Los fieles del Opus Dei no son personas “consagradas” en el sentido que le da el Código de Derecho Canónico a la “vida consagrada” y que se conecta con el estado religioso y que se manifiesta en la profesión de los votos de pobreza, castidad y obediencia. Por ello, parece adecuado que, tratándose de laicos, su compromiso con la vocación de santidad en medio del mundo se exprese de un modo secular: a través de un vínculo contractual, aunque regulado por el Derecho canónico. La cuestión es jurídicamente (y teológicamente) muy interesante, sin duda. Hay bibliografía al respecto: Itinerario jurídico del Opus Dei y El Opus Dei en la Iglesia.

      • Luis Says:

        Gracias por su respuesta profesor. Entiendo. Buscaré la bibliografía que me indica.

        Algunas precisiones a su respuesta:

        (i) Me parece que, teológicamente, los votos no son propios del estado de vida religioso, sino también de los laicos.
        (ii) No veo nada malo en que ese vínculo de los miembros del Opus Dei sea contractual. Sí sería interesante saber si esta forma de vincularse para con Dios parte de una valoración católica de los votos, como forma más perfecta y agradable a Dios de vincularse a los tres consejos evangélicos, que son obligatorios para todos los cristianos, independiente de su estado de vida (cada uno, por cierto, viviéndolo según corresponda)

        Muy interesante como dice Ud. Mi pregunta nace de la lectura de los escritos del P. Iraburu, Caminos Laicales de Perfección (apartado de los “votos”)

        http://www.gratisdate.org/nuevas/caminos/default.htm

      • hcorralt Says:

        Aunque ya la discusión se ha elevado a cuestiones que son propias del derecho canónico y la teología, intento aclarar las dos observaciones planteadas. Efectivamente, los votos pueden ser formulados tanto por religiosos como por laicos (esto pueden hacer votos de distinta naturaleza: usar un color de vestimenta, acudir a una procesión todos los años, etc.). También es cierto que los consejos evangélicos rigen para todos los cristianos y no sólo para los religiosos. La diferencia está en que los consagrados (y dentro de ellos los religiosos) hacen profesión en que pública y oficialmente se comprometen a vivir en el modo propio de su vocación religiosa los tres consejos evangélicos característicos de esa forma de vida: pobreza, castidad y obediencia. Así, el canon 654 CIC dispone que “Por la profesión religiosa los miembros abrazan con voto público, para observarlos, los tres consejos evangélicos, se consagran a Dios por el ministerio de la Iglesia y se incorporan al instituto con los derechos y deberes determinados en el derecho”. Por su parte, el c. 573 caracteriza así la vida consagrada: “La vida consagrada por la profesión de los consejos evangélicos es una forma estable de vivir en la cual los fieles, siguiendo más de cerca a Cristo bajo la acción del Espíritu Santo, se dedican totalmente a Dios como a su amor supremo, para que entregados por un nuevo y peculiar título a su gloria, a la edificación de la Iglesia y a la salvación del mundo, consigan la perfección de la caridad en el servicio del Reino de Dios y, convertidos en signo preclaro en la Iglesia, preanuncien la gloria celestial. Adoptan con libertad esta forma de vida en institutos de vida consagrada canónicamente erigidos por la autoridad competente de la Iglesia aquellos fieles que, mediante votos u otros vínculos sagrados, según las leyes propias de los institutos, profesan los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, y, por la caridad a la que éstos conducen, se unen de modo especial a la Iglesia y a su misterio”.
        En la Prelatura del Opus Dei no siendo un instituto religioso ni de vida consagrada no cabría, y sería impropio, que sus miembros se incorporaran mediante este tipo de profesión y de votos públicos y recibidos por la Iglesia. Por eso, su vinculación se instrumenta de un modo laical o secular: a través de una convención o contrato.
        Por cierto, no se trata de que uno sea más o menos perfecto o valioso ante Dios (la vida religiosa es un tesoro para todos los cristianos). Es Dios quien llama, unos al estado religioso y otros al estado laical. Para la persona lo más perfecto en el seguimiento de Cristo es secundar su propio y singular llamado.
        Hernán Corral

  2. hugo Fuentes Says:

    ¿ ese contrato queda escriturado? y si así fuera, ¿ Por qué la necesidad de establecer tal solemnidad si el compromiso de la persona es divino y no mundano?

    • hcorralt Says:

      El contrato se celebra verbalmente ante testigos, pero previa solicitud escrita del interesado. El compromiso es a la vez divino y humano, y en este mundo necesitamos las instituciones jurídicas y las solemnidades. Piense en el matrimonio, que aunque se celebra en un rito, después hay que firmar un acta, para que quede constancia y se ingrese en los registros matrimoniales. Lo mismo con el bautismo, y así.

  3. hugo fuentes Says:

    osea, juridicamente el contrato es consensual pero los testigos serian una formalidad por via de publicidad? o la solicitud escrita ylos testigos son solemnidad? Disculpe mi ignorancia profesor.


  4. Muy bueno el sitio. La verdad me ha gustado mucho asi que voy a estar seguido por aqui.
    Un saludo grande y gracias por compartir

  5. Jaime Alcalde Says:

    Quisiera terciar en la discusión que aquí se ha producido y hacer algunos comentarios que quizá puedan ayudar a entender mejor la forma jurídica del Opus Dei:
    1. Existe una diferencia entre la concepción de prelaturas personales presente en los textos redactados con ocasión del Concilio Vaticano II y aquella posteriormente recogida en el Código de Derecho Canónico de 1983.
    El Opus Dei recibió aprobación pontificia como prelatura personal a través de la Constitución Ut Sit, de 28 de noviembre de 1982. Dicha aprobación fue dada en cumplimiento de la voluntad manifestada por el papa Juan Pablo II al cardenal Baggio, por entonces Prefecto de la Sagrada Congregación para los Obispos, el 7 de noviembre de 1981, tras leer el dictamen preparado por una comisión especial de cardenales nombrada por el Santo Padre. Dicho dictamen lleva fecha de 26 de septiembre de 1981, y fue emitido, por tanto, cuando todavía el título dedicado a las prelaturas personales del Código de Derecho Canónico no estaba acabado (el código fue promulgado recién el 25 de enero de 1983). Es más, la comisión plenaria encargada del estudio del nuevo código sostuvo importantes reuniones entre los días 20 y 29 de octubre de 1981, que redefinieron las normas sobre las prelaturas personales posteriormente incluidas en el código (cánones 294-297), de las que tomó parte activa el entonces Prefecto de la Congregación de Doctrina de la Fe, cardenal Joseph Ratzinger.
    De ahí que la regulación específica de la Obra se contenga en la mentada Constitución, que complementa los textos referidos a las prelaturas personales en el decreto Presbyterorum Ordinis (núm. 10) y en el motu proprio Ecclesiae Sanctae (núm. 4), y en sus propios estatutos (“Código de Derecho particular del Opus Dei”). Por consiguiente, el Opus Dei no es ni una anticipación de la disciplina del código de 1983 ni puede servir para ilustrar las disposiciones de éste. Así lo explicó por lo demás monseñor Álvaro del Portillo, primer Prelado de la recién erigida prelatura personal, en una entrevista concedida al periódico español ABC el 29 de noviembre de 1982: “la solicitud de transformación jurídica del Opus Dei no se basaba en posibles normas del futuro Código, sino en la normativa ya vigente”.
    2. Ni las prelaturas personales en general ni el Opus Dei en particular forman parte de la estructura jerárquica de la Iglesia, y dicho carácter no le viene atribuido ni en la Constitución Ut Sit ni en el Código de Derecho Particular, que sólo hablan de la erección de una prelatura personal de ámbito internacional regida por un prelado como su ordinario propio.
    De la estructura jerárquica de la Iglesia trata la Parte II del Libro II del Código de Derecho Canónico, que distingue entre la autoridad suprema de la Iglesia universal (el Romano Pontífice y el Colegio Episcopal, en unión con aquél y nunca sin él) y las iglesias particulares, mientras que las prelaturas personales están contenidas en la Parte I de ese libro, dedicado a los fieles cristianos. Para la iglesia latina son iglesias particulares: la diócesis, la prelatura territorial, la abadía territorial, el vicariato apostólico, la prefectura apostólica, la administración apostólica (territorial y personal) y los ordinariatos (militares y personales).
    El hecho de que las prelaturas personales dependan de la Sagrada Congregación para los Obispos, como viene dicho en la Constitución apostólica Regimini Ecclesiae universae (núm. 49, § 1) y en la propia constitución de erección del Opus Dei (artículo 6°), se explica por la incardinación de los clérigos que constituyen su presbiterio, quienes quedan bajo la jurisdicción del Prelado como su ordinario propio. Sin embargo, cabe tener en cuenta que tal calidad no sólo se aplica a quienes están a cargo de una iglesia particular, sino también a todos aquellos que ejercen potestad ejecutiva ordinaria respecto de los miembros de una determinada agrupación, como es en este caso una prelatura personal (Código de Derecho Canónico, canon 164). Tal precisión se hace asimismo tanto en la Declaración Prelaturae Personales, dada por la Sagrada Congregación para los Obispos el 23 de agosto de 1982 y referida al Opus Dei, como posteriormente en el Código de Derecho Canónico de 1983. En la primera se dice que el Opus Dei es “una estructura jurisdiccional secular”, carácter que no la equipara a una iglesia particular, como lo aclaró posteriormente el cardenal Baggio en carta de 17 de enero de 1983 dirigida a monseñor Álvaro del Portillo (“le quali [las prelaturas personales] pertanto, pur non essendo Chiese particolari, rimangono sempre strutture giurisdizionali, a carattere secolare e gerarchico, erette dalla Santa Sede per la realizzazione di peculiari attività pastoral”). Así lo refrenda el canon 265 del citado código, promulgado pocos días después de la carta recién mencionada, donde se señala que “es necesario que todo clérigo esté incardinado en una Iglesia particular o en una prelatura personal, o en un instituto de vida consagrada o en una sociedad que goce de esta facultad, de modo que de ninguna manera se admitan los clérigos acéfalos o vagos”. Cabe añadir que en la comisión encargada de la preparación del Código de 1983 primó el criterio de que las prelaturas personales no eran iglesias particulares sino una cierta asociación (el cardenal Ratzinger dijo textualmente: “non est Ecclesia particularis sed consociatio quaedam”), y así quedó recogido en el texto finalmente promulgado.
    Esta nueva forma jurídica, jurisdiccional mas no jerárquica, fue explicada por monseñor Álvaro del Portillo a los fieles del Opus Dei en una carta datada el 28 de noviembre de 1982, donde les indicaba: “nuestra situación no es la de una Prelatura nullius dioecesis, de carácter territorial; ni tampoco de una institución igual a las diócesis rituales de las Iglesia orientales o a cualquier otro tipo de diócesis personal. Todas esas formas jurídicas se basan en el principio de la completa independencia o exención respecto a los obispos diocesanos, mientras que esto no sucede en nuestro caso”.
    3. La vocación de los fieles del Opus Dei es única y la misma para todos, cualquiera sea la división que entre ellos se establezca a partir de su disponibilidad para ocuparse de encargos de formación y de determinadas iniciativas apostólicas, pero la jurisdicción que el Prelado ejerce sobre ellos es distinta según sean clérigos (sacerdotes y diáconos) o laicos. Respecto de los primeros, el Prelado es el ordinario propio, dado que ellos se encuentran incardinados en la prelatura y constituyen el presbiterio de la misma. En lo que atañe a los fieles laicos, la jurisdicción sólo alcanza el ámbito relativo a las peculiares obligaciones asumidas al momento de la incorporación, quedando en todo lo demás sujetos a su ordinario propio.
    Sólo hay coincidencia en que “unos y otros, clérigos y laicos, dependen de la autoridad del Prelado para la realización de la tarea pastoral de la Prelatura, a tenor de lo establecido en el artículo precedente” (Constitución Ut Sit, artículo 3°). Esta tarea pastoral está definida en el Código de Derecho Particular de la siguiente forma: “la Prelatura se propone dedicarse con todas sus fuerzas para que personas de toda condición y estado de la sociedad civil, y sobre todo los llamados intelectuales, acepten con todo el corazón los preceptos de Cristo el Señor y los pongan en práctica, mediante la santificación del propio trabajo profesional de cada uno en medio del mundo, para que todo se ordene a la Voluntad del Creador; y a formar a los hombres y mujeres por igual para ejercer el apostolado en la sociedad civil” (artículo 2°).
    4. La incorporación de una persona como fiel del Opus Dei se produce en virtud de “una declaración formal en presencia de dos testigos sobre los recíprocos derechos y deberes” (Código de Derecho Particular, artículo 27), los cuales están enderezados a “la santificación de sus fieles, según las normas de su derecho particular, mediante el ejercicio de las virtudes cristianas en el estado, profesión y circunstancias propios de cada uno, según su espiritualidad propia que es plenamente laical” (Código de Derecho Particular, artículo 2°). A este respecto, el Catecismo de la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei (ed. 2010) precisa que esta incorporación se efectúa mediante “una declaración formal, de tipo contractual, por la que la Obra y la persona interesada se obligan a sus respectivos derechos y deberes” (núm. 63). Este vínculo “no es de naturaleza contractual, aunque la declaración que crea ese vínculo tenga una forma externa de tipo contractual […], porque ni la Prelatura ni los fieles pueden establecer o modificar a su arbitrio su contenido” (Catecismo del Opus Dei, núm. 11). Se trata, por consiguiente, de un vínculo que crea derechos y obligaciones de carácter religioso, que competen al fuero interno de cada cual.
    5. Los fieles del Opus Dei no son religiosos, porque la incorporación a esta prelatura personal no comporta un cambio de estado ni vida consagrada a Dios mediante votos. Dejando de lado aquel porcentaje que ha recibido el sacramento del orden, los fieles del Opus Dei son fundamentalmente laicos que, perteneciendo a su propia iglesia particular y rito, se unen al Opus Dei para la realización de la tarea pastoral para la que éste ha sido erigido. El Código de Derecho Canónico explica que este cometido se cumple por medio de una cooperación orgánica con los sacerdotes que también la integran (canon 296), quienes prestan la necesaria ayuda sacramental de un apostolado propiamente laical y enraizado en las actividades cotidianas. En esta materia, los laicos tienen un modo específico de contribuir a la santidad y al apostolado de la Iglesia, como es “la acción libre y responsable en el seno de las estructuras temporales, llevando allí el fermento del mensaje cristiano” (Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, núm. 59). Esto no significa, por cierto, que la finalidad en ambos casos no sea a fin de cuentas la misma, porque tantos los religiosos como los fieles católicos en general están llamados a seguir a Cristo con igual radicalidad y buscar la santidad de acuerdo a su propia condición (Lumen Gentium, núm. 11, 32, 39, 40, 42).
    Esta diferencia fundamental explica que san Josemaría, reconociendo el particular carisma que Dios quería para la Obra desde su origen, y que bien podría identificarse con “buscar la santidad en medio del mundo, en medio de la calle” (Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, núm. 62), dejase dicho en el primer reglamento sujeto a aprobación eclesiástica que los numerarios (entonces supernumerarios) y agregados (entonces numerarios), sin ser religiosos, habían de vivir respecto de su familia de sangre como si lo fueran (artículo 9° del Reglamento del Opus Dei como Pía Unión), acercándolos a tales en cuanto a su particular dedicación apostólica y vida en común, pero no confundiendo ambas condiciones en lo que atañe a sus implicaciones jurídicas (cambio de estado y consagración mediante votos) y teológicas (búsqueda del estado de perfección).
    Pero fuera de esta unidad basal, fundada en el sacerdocio real de Cristo que todo fiel ejerce en virtud del Bautismo, “el modo de buscar la santidad y de hacer apostolado en el Opus Dei es muy distinto del que tienen los religiosos y los miembros de institutos seculares, pues los fieles del Opus Dei son personas corrientes que viven en medio de la sociedad civil” (Catecismo del Opus Dei, núm. 177). De ahí que el modo de ejercer el apostolado propia del Opus Dei sea aquel fundado en un rasgo característico de las relaciones sociales de la vida cotidiana, como es la amistad y la confidencia, vale decir, en “un trato personal en el que un corazón vierte en otro su conocimiento y su amor a Cristo, facilitando que se abra a los suaves impulsos de la gracia” (Carta pastoral del Prelado, de 2 de octubre de 2011, núm. 28).


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