Funa para un finado

La palabra “funa” significa en mapugundún “podrido”, y se comenzó a utilizar para denominar lo que en Argentina y Uruguay se conoció como escrache (lunfardo derivado del italiano scaracciar=escupir). Ambas palabras designaban una acción socio-política que tenía por objeto denunciar públicamente a los miembros de los aparatos represivos de los regímenes o dictaduras militares latinoamericanas que, por leyes de amnistía, indultos o falta de prueba, no habían sido procesados o condenados por los tribunales de justicia, pese a la reinstalación de la democracia. Un grupo más o menos numeroso de personas, normalmente familiares de víctimas de violaciones de derechos humanos, se concertaban para acudir al lugar donde residía o trabajaba el supuesto victimario (“funado”) y por medio de gritos, carteles y canciones hacían saber a todo el vecindario o sus compañeros que allí vivía o trabajaba un criminal que gozaba de una injusta impunidad. La idea matriz del movimiento era: “si no hay justicia… hay funa”.

Las funas a personas individuales ya podían criticarse porque, aunque se tratara realmente de culpables, se transformaban en una especie de denigración pública por la que se hacía justicia por propia mano, y además de manera agresiva y amedrentadora.

Pero ahora la funa se ha ido extendiendo para designar manifestaciones colectivas, ya no para remediar una situación de impunidad que se suponía injusta, sino sencillamente para repudiar, obstaculizar y si es posible impedir, otros actos colectivos que no son del agrado de los funantes.

Así, ante el acto por el cual un grupo de adherentes al régimen del General Pinochet ha convocó en un recinto privado (el teatro Caupolicán) para exhibir un documental que pretende mostrar su versión de las causas del golpe militar de 1973 y del desarrollo de ese gobierno, se convocó una funa por considerarse que se trataba de un acto de apología al terrorismo de estado y a las violaciones de derechos humanos. Ya antes se había realizado otra funa, no contra una persona, sino contra la presentación del libro “Miguel Krassnoff: Prisionero por servir a Chile” en homenaje al brigadier de Ejército ex agente de la DINA que cumple condena en el penal “Cordillera”. Ambas terminaron con disturbios, y con los asistentes a los actos saliendo por puertas traseras y protegidos por la policía.

La pasión política hace difícil discernir la legitimidad de las funas, pero si queremos construir y consolidar un auténtico Estado de Derecho, que supone el funcionamiento de un sistema de administración de justicia independiente e imparcial, parece indispensable intentar un análisis del fenómeno desde el punto de vista jurídico. Este debe hacerse a partir de la base de que el derecho de reunión y la libertad de expresión son derechos fundamentales, consagrados constitucionalmente, y que, en frase popularizada por el Ronald Dworkin, deben “tomarse en serio”. Esto significa que deben respetarse no sólo cuando compartimos sus objetivos o nos son indiferentes, sino justamente cuando se trata de ideas que juzgamos reprochables, e incluso abominables. Un partidario del aborto, deberá aceptar que se haga una manifestación que intente persuadir sobre el derecho de respetar la vida del concebido. Por el contrario, un ferviente defensor de la vida naciente deberá respetar una marcha o una manifestación que abogue por la legalización del aborto como derecho a elegir de la mujer.

Cierto es que los derechos de reunión y de libre expresión tienen límites que están consagrados en la misma Constitución y en los tratados internacionales de derechos humanos, pero ellos son muy estrictos y deben interpretarse restrictivamente. El acto en favor de Pinochet no puede considerarse una apología de la represión, del genocidio o de la violación de los derechos humanos, porque en ningún caso los defensores de su régimen declaran que fue legítimo y justificado que se cometieran asesinatos, hubiera detenidos desaparecidos o personas torturadas. Lo que sostienen es que esos crímenes, o no se cometieron en el número que se denuncia o se cometieron por personas que no actuaban bajo las órdenes del gobierno. Podrá decirse que se equivocan o que tratan de falsear la realidad, pero no que están pretendiendo legitimar el asesinato político, la tortura o la desaparición de personas.

Se podría refutar que también los funantes ejercieron el derecho de reunión y de libre expresión, de modo que tampoco puede reprocharse jurídicamente su actuar. La cuestión es que la finalidad de la funa no es la mera reunión o la mera libre expresión, sino la de impedir, entrabar o estigmatizar la libre expresión de otra agrupación de personas. Cuando la manifestación no tiene por objeto expresar una idea para enriquecer el debate público, sino que pretende hostilizar, amenazar, amedrentar o provocar a otros que se expresan legalmente, entonces no hay un ejercicio “legítimo” del derecho, sino un abuso de él.

Así, por ejemplo, los tribunales españoles hace unos meses respaldaron la prohibición administrativa de una marcha que organizaciones ateas pretendían hacer en Semana Santa y en las mismas calles por donde tradicionalmente se realizan procesiones religiosas católicas (cfr. Ver noticia en El País; Texto sentencia pdf).

La funa del finado Pinochet y su fieles partidarios, no puede tener el amparo del Derecho. Lo que sus oponentes han podido hacer, y efectivamente han hecho (aunque sin éxito), es recurrir a la justicia para que ordene la suspensión del acto si este vulnera el ordenamiento jurídico. Igualmente cabe la crítica y el reproche a través de declaraciones en los medios. Pero las funas son vías de hecho que, lejos de legitimar el respeto de los derechos humanos, los desprestigian al ponerlos al servicio de la violencia, el linchamiento y la coacción.

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8 comentarios en “Funa para un finado”


  1. Muy interesante profesor. Está claro que para los funantes, no pueden haber derechos humanos para los enemigos de los derechos humanos.

  2. Manuel José Fernández Barros Says:

    La funa no es sino la forma en que los intolerantes entienden la tolerancia: “si estoy de acuerdo contigo te aplaudo, si no lo estoy te amedrento y agredo para que ni siquiera expreses tu opinión”…

  3. José Miguel Says:

    Gracias por sus enseñanzas profesor. Podríamos decir que gracias a que estamos en un Estado de Derecho, se hizo uso legítimo de la fuerza socialmente institucionalizada para impedir transgresiones a la ley. De no haber sido así podríamos haber asistido a linchamientos en ese acto. Qué importante y necesario es el Derecho para limitar las conductas de irracionalidad y la agresividad de alguna gente, sea del sector que sea.

    • hcorralt Says:

      Tiene razón. Aunque el Derecho no es la panacea es lo mínimo que necesita una sociedad: que no predomine la fuerza bruta sobre la justicia y la razón.

  4. Kevin Murray Says:

    Gracias por su opinión. Es muy razonable. Pero todavía estoy curioso sobre los orígenes mapuche de funa. ¿Alguien sabe lo que hace referencia al principio?


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