Tres tristes tigres

El Zoológico de Santiago sufrió uno de los más graves accidentes de su historia en la mañana del domingo 29 de julio. Pampa uno de los tres especímenes de tigre blanco atacó a José Silva, un antiguo funcionario que había ingresado a su jaula para realizar labores de aseo y alimentación. Según el director del Parque Metropolitano, de inmediato se dio la clave roja de los protocolos de seguridad y acudieron equipos para controlar la situación; al ver que corría peligro la vida de Silva se procedió a abatir al animal a tiros. Así sucumbió Pampa, mientras el trabajador era hospitalizado de gravedad por las heridas causadas.

Al punto se desató la polémica sobre si la muerte del tigre había sido justificada o sólo una muestra más de la desprotección y el desprecio que nuestra cultura tendría por el bienestar (“los derechos”) de los animales.

La cuestión puede ser analizada desde distintos puntos de vista. Por ejemplo, algunos han protestado por la muerte de Pampa, poniendo el acento en que no hay derecho para mantener en cautiverio a estos animales salvajes sólo para servir a la entretención de los humanos. Es un tema interesante pero que debe distinguirse del problema de qué actitud ha de seguirse cuando, por las razones que sean, un animal ataca a un ser humano y amenaza con matarlo.

Otra forma de plantear el problema es la de asumir que pudieron tomarse medidas alternativas que habrían podido salvar al trabajador sin tener que sacrificar a Pampa. Algunos han dicho que en vez de matar al animal hubiera correspondido dispararle cápsulas con algún poderoso anestésico que lo pusiera a dormir. Pensamos que en abstracto debe darse razón a esta opinión, ya que es indudable que si se pudiera haber asegurado la vida de José Silva sin tener que dar muerte al tigre, esa debería haber sido la medida que deberían haber adoptado los funcionarios del zoológico. Las investigaciones que se están desarrollando debería dar luces sobre si una medida como ésta era o no viable en las circunstancias en las que se produjo el accidente.

Pero el caso realmente difícil es justamente aquel que no permite la opción de salvar a ambos: hombre y animal enfrentados, y en que los funcionarios deben elegir entre salvar a José Silva y matar a Pampa o, al revés, dejar vivir a Pampa y observar como da muerte a José Silva, mientras tardaba en hacer efecto el anestésico. Ante esta disyuntiva, es donde se pueden producir discrepancias de fondo sobre el estatuto ético-jurídico de seres humanos y animales. Si, como algunos movimientos pro “derechos animales” (animalistas), se sostiene que no hay diferencia esencial entre los hombres y los animales; es decir, que los seres humanos sólo son otra especie animal, entonces, parece lógico que en casos límites como el que aquí analizamos no pueden decidirse a priori a favor del ser humano: ¿acaso un simple trabajador será per se un animal de mayor valía que un tigre blanco, una especie casi en extinción? En cambio, si se piensa, siguiendo la tradición greco-judío-cristiana, que el hombre, siendo un animal racional (y libre), se distingue esencialmente de los demás integrantes del reino animal y que el ser humano tiene la categoría ontológica y ético-jurídica de “persona”, mientras los animales tienen la calidad de cosas, si bien protegibles ante maltratos o abusos, entonces en ningún caso podría resolverse el caso sacrificando a la persona para salvar al animal, por muy valioso que este fuera.

Kant ha sido quien ha enfatizado esta diferencia entre personas y cosas, haciendo ver que la persona, todo ser humano, es un fin en sí mismo, que no puede ser utilizado sólo como un medio. Las personas tienen dignidad, mientras las cosas tienen precio: “En el reino de los fines todo tiene o un precio o una dignidad. Aquello que tiene precio puede ser sustituido por algo equivalente, en cambio, lo que se halla por encima de todo precio y, por tanto, no admite nada equivalente, eso tiene una dignidad” (Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres A 77: Ver texto del capítulo). La persona tiene dignidad: un valor inconmensurable, que no puede tasarse o medirse con otros valores. No hay vidas humanas menos o más valiosas que otras. Las cosas, en cambio, tienen precio, es decir un valor relativo, medible y comparable con el de otras cosas. Por eso, es lícito destruir una cosa para salvar otra de mayor valor. Y, con mayor razón, es lícito, e incluso imperativo, destruir una cosa, aunque sea del más alto valor, si ello es necesario para salvar la vida de una persona.

Triste resultado para Pampa y para sus dos compañeros que sentirán su falta. Triste también para José Silva y los trabajadores del zoológico y para todos los que apreciamos a los animales y les agradecemos lo mucho que nos dan.

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5 comentarios en “Tres tristes tigres”


  1. Hola…te seguí de twitter intrigada por tu comentario acerca de los diáconos. No sabía por qué era tan importante que fueran ligados al Derecho. Bueno, ahora sé que es lo tuyo, y aproveché a leer esto que me interpreta en varios puntos.

    Saludos.

  2. Carla Araneda Says:

    Correcto profesor no podría estar más de acuerdo con su línea argumentativa, pero en el caso actual hay otra perspectiva más que cabe tomar en cuenta, esto es que esos dos animales no murieron sólo para salvar la vida de una persona, sino que además murieron porque una persona poco juiciosa en medio de un delirio ingreso a la jaula de estos leones.
    Entonces, el segundo tema es que a diferencia del primer caso que usted señala acá hay una exposición imprudente al daño, hay una exposición de una persona a causa de delirio que conlleva a estos resultados.
    Si bien la vida de un ser humano es más valiosa que la de un animal como usted explica, aún así no deja de sorprender y ni de ser choqueante lo que genera nuestra misma imprudencia.

    • hcorralt Says:

      No sé si se pueda hablar de imprudencia cuando se trata de personas con serias perturbaciones mentales, al menos por lo que se ha sabido.En todo caso, si hubiera culpa e imputabilidad de su parte ello sólo permitiría al zoológico a demandar el valor de los leones muertos y otros perjuicios, pero no justificaría que se le hubiera dejado morir.


  3. […] Con motivo de otro incidente similar, el caso del Tigre Pampa, nos hemos referido a esta cuestión (Ver post ) y ahora sólo podríamos agregar que el trastorno o patología psiquiátrica del joven no […]


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