Bello encapuchado

La magnífica estatua de Nicanor Plaza que representa a don Andrés Bello en el frontis de la Casa Central de la Universidad de Chile ha aparecido, una vez más, embozada con un pañuelo negro, cual solidario encapuchado con los movilizados dirigentes estudiantiles.

Es un símbolo mudo y triste de que el espíritu republicano, de respeto a las leyes, y a la soberanía popular representada en el Congreso Nacional, es minusvalorada por las formas de protesta que están utilizando las organizaciones de los estudiantes secundarios y universitarios. No por casualidad Camila Vallejos, hoy vicepresidenta de la Fech, ha calificado al Parlamento como “inservible”. Hasta el diputado comunista Guillermo Teillier se sintió obligado a corregirla declarando que “El Parlamento algo sirve…” (La Segunda, 17 de agosto de 2012, p. 26).

El desprecio por las leyes y por los derechos de los demás se observa particularmente en las llamadas “tomas” de establecimientos educacionales. La toma no es más que una usurpación de un inmueble que no sólo violenta el derecho de propiedad, pública o privada, sino que, al impedir el funcionamiento del establecimiento, priva al resto de los estudiantes de su derecho a recibir educación y a los profesores de su libertad para enseñar.

Por legítimas que sean las reclamaciones de las organizaciones que se movilizan, ellas no justifican que se empleen medios ilegales y violatorios de los derechos fundamentales. Se arguye que se trataría de “tomas pacíficas”, pero esto no resiste análisis: aunque los alumnos hayan entrado sin forzar las puertas del establecimiento, al repeler a quienes pretenden entrar, existe violencia ilegítima: “El que en ausencia del dueño se apodera de la cosa, y volviendo el dueño le repele, es también poseedor violento” (art. 711 del Código Civil). Hablar de “toma pacífica” es incurrir en una contradicción lógica. Tampoco pueden justificarse por el hecho de que hayan sido sometidas a una votación y aprobadas por mayoría. Bien sabido es que estas votaciones no son para nada regulares, son realizadas en medio de asambleas a las que no concurre ni puede concurrir la totalidad de los alumnos. Más aún: aunque fuera una votación de todo el universo del alumnado, la mayoría no puede cercenar el derecho de la minoría a recibir sus clases regularmente. Los que quieran protestar pueden no ir a clases, pero no impedir que sus compañeros que no comparten esa forma de reclamo ejerzan su derecho a la educación.

Si las tomas son medidas de fuerza, contrarias a Derecho, entonces es obligación de las autoridades ordenar que se proceda a desalojar a los ocupantes ilegales e impedir su reingreso (la retoma). Calificar el desalojo como “violencia” contra los estudiantes, es de nuevo subvertir el orden jurídico y la eficacia de las leyes.

Hizo bien, en su momento, el ex Presidente Lagos cuando invocó la Ley de Seguridad Interior del Estado para evitar que un paro de micreros impidiera el derecho de tránsito de los ciudadanos. La misma energía y sentido del deber de asegurar el orden público y el respeto de los derechos de los ciudadanos, debiera esperarse de las autoridades actuales: gubernamentales, municipales y educacionales.

Tanto los dirigentes estudiantiles como las autoridades harían bien en recordar el pensamiento de Andrés Bello, quien fundaba en el respeto a las leyes la misma esencia de la convivencia republicana: “es…nuestra patria esa regla de conducta que señala los derechos, las obligaciones, los oficios que tenemos y nos debemos mutuamente: es esa regla que establece el orden público y privado; que estrecha, afianza y da todo su vigor a las relaciones que nos unen, forman es cuerpo de asociación de seres racionales en que encontramos los únicos bienes, las únicas dulzuras de la patria: es pues esa regla la patria verdadera…”. Y concluye: “esta regla es la ley sin la cual todo desaparece” (Observancia de las leyes, 1836).

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10 comentarios en “Bello encapuchado”


  1. Excelente artículo don Hernán, los aspectos jurídicos de este movimiento, que sin duda, bastante se aleja de la legalidad. Saludos Cordiales.

  2. carolina VG Says:

    Don Hernán estoy estudiando para mi examen de grado y leo siempre sus artículos,muy ilustrativos. Muchas Gracias

    • hcorralt Says:

      Me ilusiona poder ayudar a estudiantes, colegas y gente común a entender mejor el derecho. De paso yo hago el mismo esfuerzo al tratar de explicarlo. Saludos

      • carolina VG Says:

        No sabe como tengo todos sus comentarios impresos jajajaja TODOS porque en una de esas, como son de actualidad, me toca uno…y pensaré gracias DN HERNAN CORRAL jajajajaj si me pasa le contaré

  3. Jorge Alejandro Collao González Says:

    Muy buen análisis don Hernán


  4. Se equivoca en su interpretación señor, estos estudiantes se ven obligados a obedecer una ley que los perjudica, vea sus familias y se dará cuenta que por tener una oportunidad tienen que venderle el alma al diablo a consecuencias de un “crecimiento país” del cual ellos no formaron, ni formaran parte.
    Con todo, estas tomas de los establecimientos ¿no resultan legitimas? y es que veo en sus votaciones para realizarlas el mismo tipo de democracia que le gusta tanto a un grupo social que se llena la boca diciendo que por existir el voto tenemos democracia.¿Tiene algún tipo de inconsecuencia esto? evidentemente, pero cual debería cambiar para que cambie el otro.
    Es eso por lo que luchan los estudiantes profesor, un tipo de “legalidad” que los perjudica, no los representa e incluso tiene todos sus principios en contra de ellos y resulta esto mismo lo que legitima todo su actuar ya que ¿a quien se le puede obligar a autoherirse?

    • hcorralt Says:

      Gracias por su comentario aunque sea discrepante, o mejor porque es discrepante. El problema son los medios. Es un muy peligroso despreciar las instituciones de una democracia, por imperfecta que sea ésta. Ese camino ya lo recorrimos en la década de los setenta con el desenlace que se conoce. Saludos


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