Caso de la Haya: ¿No a un fallo salomónico?

A pocos de días de comenzar los alegatos ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya por la delimitación marítima entre Perú y Chile, se conoció el fallo de la misma Corte en el caso Nicaragua vs. Colombia (Texto en pdf) y cundió la inquietud en nuestras autoridades. Al observar que Colombia rechazaba el fallo ya que, aunque le reconocía soberanía sobre las islas reclamadas, le otorgaba a Nicaragua una gran extensión de mar, se comenzó a difundir la idea de que la Corte habría procedido más en equidad que con apego a lo jurídico. El Presidente Piñera llamó a una reunión de urgencia a los ex-Presidentes y acudieron a la cita Patricio Aylwin, Ricardo Lagos y Eduardo Frei. Al salir declararon con firmeza que Chile esperaba un fallo con “conforme a Derecho”, no “salomónico”.

Resulta curiosa esta dicotomía entre fallo salómico y fallo en derecho, porque la imagen de Salomón, proveniente del Libro de los Reyes del Antiguo Testamento, es la del más sabio y prudente de los jueces. Un juicio salomónico es, por tanto, aquel que termina por una sentencia justa. Al denostar un fallo salomónico pareciera estar exigiéndose que la Corte de la Haya no haga justicia en el caso, sino que se ciña a las normas a pesar de que éstas sean injustas.

Lo cierto es que, conforme al estatuto de la Corte (Ir a Estatutos), esta sólo puede fallar en equidad (ex aequo et bono) si ambas partes así lo solicitan expresamente (art. 38 inc. 2º), lo que no ha sucedido ni por parte de Perú ni por parte de Chile. Por ende, sólo puede fallar “en derecho”, pero éste puede encontrarse en distintas fuentes. El estatuto de la Corte señala claramente cuáles son las fuentes jurídicas sobre las que puede fundar su sentencia: a) las convenciones internacionales, generales o particulares, que establecen reglas expresamente reconocidas por los Estados litigantes; b) la costumbre internacional; c) los principios generales de derecho reconocidos por las naciones civilizadas; y d) las decisiones judiciales y las doctrinas de los publicistas de mayor competencia de las distintas naciones. No se establece una jerarquía entre ellas, salvo respecto de la última que aparece como subsidiaria de las otras tres, ya que el estatuto señala que la jurisprudencia y la doctrina serán utilizadas “como medio auxiliar para la determinación de las reglas de derecho”.

En todo caso, la idea de que un fallo salomónico es un fallo que, en vez de ceñirse a reglas preestablecidas, distribuye por parte iguales o equitativas lo disputado entre las partes, no es correcta. Se trata de una comprensión parcial del episodio bíblico. El rey Salomón debió discernir un litigio entre dos mujeres que se disputaban un niño recién nacido: las dos habían dado a luz con diferencia de pocos días y estando solas en la misma casa; uno de los niños había muerto y el otro era reclamado como propio por las dos mujeres. Salomón rápidamente ordenó traer una espada y dijo: “Corten en dos al niño que está vivo y denle una mitad a una y la otra mitad, a la otra”. Pero el juicio no terminó aquí. Una de las mujeres llorando se opuso e imploró que no se diera muerte al niño y que se le entregara a su contraparte; ésta en cambio estaba de acuerdo con la sentencia ya que así ninguna tendría un niño. Salomón, entonces, dictó la sentencia definitiva: que se entregue el niño a la mujer que estuvo dispuesto a perderlo antes que verle morir, porque ésa era su madre (cfr. 1 Reyes 3, 16-28).

Como puede verse, el fallo no concedió una parte del niño a cada litigante: no fue un “juicio salomónico” en el sentido que se le ha dado erróneamente. Concedió el todo a la parte que tenía derecho a ella. En consecuencia, fallar en derecho es también fallar en justicia. Es lo que cabe esperar de la Corte de la Haya: un juicio que sea salómonico porque se ajusta a Derecho.

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One Comment en “Caso de la Haya: ¿No a un fallo salomónico?”

  1. Alvaro Astaburuaga Gatica Says:

    Toda la razón.
    Me parece que detrás de la visión de “salomónico” como opuesto a “justo” hay una visión dualista de la razón y de los sentimientos, como si fueran mónadas que no se relacionan entre sí. Un fallo “en derecho” sería un fallo “racional”, un fallo “salomónico” sería un fallo “sentimental”.
    A parte del error que supone la referida contraposición, en verdad, los sentimientos deben estar sometidos a la razón, puesto que también requieren disciplina para sujetarse a ley moral y a la justicia. Pero, al revés, la razón también requiere del concurso de sentimientos como la compasión y la indulgencia para que la justicia sea plenamente humana.
    Muchas gracias profesor.
    Atte.,
    Alvaro Astaburuaga G.


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