Madre entera

Me pregunto qué pensará el niño que espera Belén, la niña de 11 años que está actualmente embarazada tras ser violada por el conviviente de su madre, cuando sea mayor y sepa que su gestación desató la polémica que vivimos hoy en Chile acerca de si merecía nacer  o debía ser abortado.

Aunque no coincidiendo exactamente con los hechos, esa interrogante me hizo recordar una de las canciones que el baladista español, Manolo Galván, fallecido hace poco (en mayo de 2013), puso de moda hace ya unas décadas con el fuerte título de “Hijo de ramera”. La letra cuenta que un muchacho le dice a su madre que no quiere ir a la escuela, porque “Pedro, el hijo del alcalde” lo ha insultado llámandolo “hijo de ramera”. La madre entonces le revela la historia real de su venida al mundo: “En un pueblo junto a éste hubo una hermosa doncella, que tenía 15 años y una belleza muy fresca. Se bañaba junto al río en el rincón de la alberca. Un día tres mozos llegan para sin ser vistos verla; se excitan ante esa flor rebosante de pureza y entre los tres y a la fuerza destruyeron en la niña la más grande de sus prendas”. La madre de la canción no piensa como los que hoy recomiendan reparar el daño causado destruyendo la criatura que ha sido concebida: “de aquel salvaje acto lleno de horror y violencia saliste tu mi buen niño para alegrar mi tristeza”. La madre le aconseja al hijo ir orgulloso a la escuela: “solo viví para ti, no me entregué, fue a la fuerza. Y si eso es una ramera que venga Dios y lo vea. Vete a la escuela mi niño pero vete sin vergüenzas, con la cabeza bien alta y subidito a la acera”.

La misma generosidad y amor materno se ha visto en el caso de la niña chilena. Hablando de su guagua, Belén declaró: “La voy a querer mucho aunque sea de ese hombre que me hizo daño, igual no más la voy a querer”. Su abuela, que ahora la cuida y que denunció el delito, fue muy clara en la determinación de la niña: “ella ama a su guagüita. Si alguien se la quiere quitar, le van a destrozar su alma”

Resulta paradójico que aún en este escenario se siga presionando mediáticamente porque la niña se practique un aborto, fundándose en que la menor de edad no sería capaz para decidir acoger a su hijo. Se revela, entonces, que la verdadera pretensión de la ideología del aborto, no es respetar un derecho de la mujer a elegir (pro choice), sino imponer como única opción “razonable” la de suprimir al hijo en gestación. El aborto por violación, incluso pensando en una víctima adulta no escapa a esta crítica, ya que la mujer que ha sido sometida a este deleznable vejamen no cuenta con la serenidad psicológica para adoptar una decisión tan marcadora como la de eliminar a una criatura humana que, pese a todo, es también su hijo. Si se llega a despenalizar el aborto por este supuesto, la decisión de abortar le será arrancada por la presión social y por la desprotección y falta de apoyo con que se le amenaza de no acceder a quitarse “el problema” de encima por su empecinamiento en proseguir el embarazo a pesar de la facilidad que se le otorga para interrumpirlo. “Si quiere tenerlo que asuma ella los costos de su obstinación”, es el mensaje implícito pero claro de esta política pública que aparenta proteger a la mujer violada.

Hay que tener en cuenta que la decisión de abortar en caso de violación debe ser tomada rápidamente después del abuso. En consecuencia, nunca podrá constatarse judicialmente que se ha cometido la violación puesto que el proceso penal demorará mucho más que el embarazo. Por ello, admitir el aborto por violación es una forma de abrir la puerta a cualquier aborto previa declaración de la madre de que ha sido violada. Es lo que ha sucedido en Argentina, país en que la Corte Suprema determinó que, no siendo punible el aborto fundado en la violación, la mujer debía acceder a ese procedimiento sin necesidad de ninguna autorización judicial o administrativa previa, bastando una declaración jurada suya (“F.,A.L. s/medida autosatisfactiva 13 de marzo de 2012”: Texto de sentencia).

“Igual no más la voy a querer”; siguen resonando las palabras de la niña-madre. Cuando esa guagüita sea un niño o un adolescente tendrá motivos para querer doblemente a su mamá. Podrá decir, como el hijo de la canción de Galván: “Sí madre: voy a la escuela y si a Pedro se le ocurre le escupiré en la cara. Madre muchas gracias por ser una madre entera” )

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One Comment en “Madre entera”

  1. ana Says:

    Buena columna, intensa. Debe representar muchos pensamientos… A muchos se les olvida que es otra persona la que tendrá un hijo, y opinan y juzgan, tratando de imponer su pensamiento, olvidando por completo que la única opinión que tiene peso es la de la niña y su familia. Fuerza para Belén, quizás no sea la edad necesaria para tomar una decisión… pero es su desición y hay que aceptarla. Ojalá su hijo sea un luchador.


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