¿Indulgencias por twitter?

Con motivo del próximo viaje del Papa Francisco a Brasil para encontrarse con los miles de jóvenes que asistirán a la 28ª Jornada Mundial de la Juventud (22 a 29 de julio de 2013), la Penitenciaría Apostólica emitió un decreto por el cual se conceden indulgencias a los fieles que participen en los actos religiosos que tendrán lugar en Río de Janeiro. Para aquellos que estén impedidos de participar directamente, el decreto dispone: “podrán obtener la indulgencia plenaria si, cumpliendo con las habituales condiciones espirituales, sacramentales y de oración, con el propósito de sumisión filial al Romano Pontífice, participen espiritualmente en las sagradas funciones en los días determinados, siguiendo los mismos ritos y ejercicios piadosos, a través de la televisión y la radio o, siempre con la debida devoción, a través de los nuevos medios de la comunicación social”. Esta última expresión hizo suponer a periodistas y reporteros a pensar en la cuenta de Twitter del Papa, inagurada por Benedicto XVI (@pontifex). Por simplicación, deseo de golpear o simple ignorancia, salieron titulares como “El Papa perdonará pecados por twitter”; “Papa Francisco promete perdonar pecados por twitter”; “Francisco cerca de internet: perdonará pecados por twitter”. Mientras algunos medios informaban el hecho con indisimulado sarcasmo (“Follow the Pope on Twitter and spend less time in purgatory, says Vatican”/“Sigue al Papa en Twitter y gasta menos tiempo en el purgatorio, dice el Vaticano), otros lo estimaban una más de las innovaciones y sorpresas del nuevo Pontífice; no faltaron tampoco los que conjeturaron que había detrás una estrategia para captar más seguidores en twitter.

La falta de conocimiento de la doctrina católica permite que las notas de prensa confundan, induzcan al error o escandalicen a personas de buena fe. A ello debe agregarse que la enseñanza de la Iglesia sobre las indulgencias, y la distinción entre perdón de los pecados y remisión de las “penas temporales” asignadas a ellos, no siempre ha sido bien comprendida. Debe recordarse que fue éste el punto que gatilló la reforma protestante. La predicación en Alemania sobre el otorgamiento de indulgencias a quienes colaboraran con dinero para la construcción de la Basílica de San Pedro, hizo que Martín Lutero, fraile agustino, redactara las 95 tesis que, según la historia oficial, clavó en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg, el 31 de octubre de 1517, marcando así el inicio de un proceso que terminaría por dividir la cristiandad. En su recuerdo, este día es feriado en Chile (ley Nº 20.299, de 2008).

Conviene aclarar entonces lo que sostiene el Magisterio y el Derecho de la Iglesia Católica sobre las indulgencias.  Siguiendo la Constitución Apostólica de Pablo VI, Pablo VI, Indulgentiarum doctrina (1967), el Código de Derecho Canónico las define de este modo: “La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones, consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los Santos” (c. 992). Se observa que nunca las indulgencias pueden perdonar pecados; más aún la operatividad de las indulgencias supone, entre otras cosas, que el fiel acuda al sacramento de la penitencia o confesión para obtener dicho perdón. La indulgencia actúa sobre la “pena temporal” asociada al pecado ya perdonado. La expresión “pena temporal” no debe ser comprendida como castigo conminado por la ira de un vengativo Dios, sino como la necesidad del mismo pecador de purificarse y de restaurar el equilibrio quebrantado por la inequidad de su falta.

Una analogía puede servir para comprender esto: si alguien derrama una sustancia tóxica que contamina un arroyo, podrá ser favorecido por una admnistía o indulto que lo libere del castigo (prisión, multa), pero ello no restaura el equilibrio ecológico del cauce, y es justo pedirle que recomponga la pureza del medio dañado. La amnistía o indulto representa el perdón de la culpa del pecado; la restauración del medio ambiente, la satisfacción de la “pena temporal”. ¿Cómo se realiza esa restauración o purificación? Mediante diversas formas de vivir la fe cristiana: sobrellevar los sufrimientos y pruebas de la existencia, ejercer la caridad, rezar, hacer penitencia voluntaria, etc. Lo que no se alcance a limpiar en esta vida, deberá ser purificado en la otra; en lo que, por esta razón, se denomina “purgatorio” (purgar=limpiar). Pero, como sucede también con el daño al medio ambiente, la restauración “espiritual” no es fácil de realizar con esfuerzos individuales. La Iglesia que, como comunidad solidaria de todos los fieles, administra un depósito formado por el cúmulo de méritos sobrenaturales de Cristo, al que se suman las oraciones y buenas obras de María, su madre, y la de todos los santos, puede conceder a los fieles que realicen ciertas obras de piedad o caridad una porción de dicho tesoro de gracias, para ayudarlos así a restaurar el desequilibrio producido por sus pecados o los de sus seres queridos ya difuntos. Esta ayuda se realiza mediante el otorgamiento de “indulgencias”. Si lo ofrecido por la Iglesia son los dones suficientes para lograr la restauración total del “medio ambiente dañado” por los pecados cometidos hasta ese momento, se habla de “indulgencia plenaria”. En cambio, si lo ofrecido son bienes que ayudan a limpiar sólo en parte la contaminación, la indulgencia es parcial.

¿Cuál es entonces la novedad de las indulgencias decretadas a favor de los que participen en la próxima Jornada Mundial de la Juventud? Sólo una: que la obra requerida para ganar la indulgencia plenaria, además de la confesión, comunión y oración por las intenciones del Santo Padre, puede ser una participación en los ritos y ejercicios piadosos a distancia, mediante los nuevos medios de comunicación social, entre los cuales están los gestionados en internet. Es difícil que esto pueda cumplirse usando twitter, ya que no parece que por esta red puedan seguirse las ceremonias de manera continua (como sí podría hacerse si se conecta a la señal televisa o el audio por alguna página web). En todo caso, el seguimiento de los actos por estos nuevos medios de comunicación social debe hacerse, como exige explícitamente el decreto, con “la debida devoción”. No se trata de realizar actos exteriores, sino de crecer en fe y amor a Dios. El fin de la indulgencia no es, como parece haber pensado Lutero –inducido es cierto por una predicación equivocada que ponía el acento en el dinero entregado para cooperar con la construcción de la Basílica de San Pedro más que en la mejora espiritual de los fieles­–, “comprar” con actos externos el cielo, sino facilitar a los fieles una genuina vida cristiana y una confiada esperanza en la misericordia divina.

Teniendo en cuenta la claridad actual de la doctrina sobre las indulgencias es de esperar que la confusión periodística sobre twitter, no lleve a ningún nuevo hermano Martín a “clavar” tesis contrarias a la doctrina católica en facebook.

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