El honor de los Carmona

Polémica ha suscitado la nueva teleserie de Televisión Nacional de Chile “Somos los Carmona” que, en tono de comedia, muestra a una familia de campesinos de San Javier de Loncomilla, Región del Maule, que llegan al barrio alto de la capital después de haber recibido una gran suma de dinero por la expropiación de sus tierras. El Alcalde de San Javier protestó por la forma en que se caracteriza a los componentes del grupo familiar de los Carmona, ya que ridiculizaría a quienes que viven en su comuna, fomentando la violencia escolar y el bullying. Algunos parlamentarios también se sumaron a las críticas, y anunciaron una posible reclamación ante el Consejo Nacional de Televisión.

El caso puede servir para reflexionar sobre la posibilidad de que grupos o clases de personas aludidas por una representación o imputación injuriosa puedan invocar el derecho a la honra para hacer cesar la conducta lesiva, impedir su repetición y obtener reparación de los daños causados. La cuestión dice relación con el problema de si las personas jurídicas son titulares del derecho a la honra, pero es aún más compleja, porque en estos casos estamos ante entes colectivos que no gozan de personalidad jurídica.

En España, por ejemplo, hace unos años se hizo lugar a la demanda de una mujer judía sobreviviente de Auswichtz en contra de un antiguo político belga nacionalizado español que, en una entrevista, negaba el holocausto y acusaba a los judíos de victimismo. Aunque originalmente el Tribunal Supremo había confirmado el rechazo de la demanda por falta de legitimación de la actora, el Tribunal Constitucional estimó que había violación del derecho al honor y que la demandante tenía legitimación para invocarlo, ya que debe juzgarse que es “legitimación originaria la de un miembro de un grupo étnico o social determinado cuando la ofensa se dirigiera contra todo ese colectivo, de tal suerte que, menospreciando a dicho grupo socialmente diferenciado, se tienda a provocar del resto de la comunidad sentimientos hostiles o, cuando menos, contrarios a la dignidad, estima personal o respeto al que tienen derecho todos los ciudadanos con independencia de su nacimiento, raza o circunstancia personal o social” (STC 5 de diciembre de 1989, confirmada por STS 176 de 11 de diciembre de 1995).

Más recientemente el Tribunal Supremo español tuvo que resolver sobre el recurso que presentó el Presidente de la Generalitat de Cataluña reclamando por la ofensa que representaban para el pueblo catalán declaraciones hechas en una entrevista por el entonces Presidente del Tribunal Constitucional. Este último, comparando las aspiraciones autonomistas de los catalanes con otras comunidades españolas, había dicho: “En el año 1000, cuando los andaluces teníamos y Granada tenía, varias decenas de surtidores de agua de colores distintos y olores diversos […] en alguna de esas llamadas comunidades históricas ni siquiera sabían que era asearse los fines de semana”. La demanda fue desechada porque no se consideró que hubiera lesión del derecho al honor del pueblo catalán, sino meras opiniones o divagaciones históricas (STS 5 de junio de 2003).

En nuestro país, se han dado también casos análogos. El recurso de protección acogido por la Corte Suprema en contra de la recalificación de la película “La última tentación de Cristo”, justificaba su resolución en que, al afectarse la honra de Jesucristo, “la película cuestionada ofende y agravia a quienes basan su fe en la persona de Cristo, Dios y hombre, y a partir de esa convicción y realidad asumen y dirigen sus propias vidas” (sentencia de 17 de junio de 1995); es decir, se lesionaba la honra de esta clase o grupo de personas. También puede incluirse en esta categoría la querella interpuesta por la Cámara de Diputados en contra de Francisco Javier Cuadra, cuando éste declaró en una entrevista que había diputados, sin especificar cuáles eran, que consumían droga. El ex-ministro fue condenado por el delito previsto en el art. 6, letra b) de la Ley de Seguridad Interior del Estado, ley Nº 12.927, que sanciona a quienes “difamen, injurien o calumnien al Presidente de la República, Ministros de Estado, Senadores o Diputados”.

En materia de responsabilidad civil, la tendencia es a aceptar pero con restricciones la reparación del daño causado por la lesión del derecho al honor por alusiones a clases de personas o grupos no personificados. En el derecho estadounidense el Restatement of the Law, Second, Torts dispone que un miembro individual puede accionar en contra del que publica declaraciones difamatorias siempre que, por ser el grupo tan reducido o por otras circunstancias, pueda razonablemente concluirse que la alusión se refiere también al componente del grupo (§ 564ª). En derecho español se ha advertido que la responsabilidad civil puede no ser el instrumento más adecuado para prevenir las imputaciones injuriosas a grupos, porque aunque se reconozca que haya lesión al honor, el daño será difuso y se diluirá de tal manera entre los miembros del grupo que el demandante individual sólo podrá acreditar un perjuicio poco significativo (cfr. Ramos González, Sonia, “El honor de Cataluña”,  working paper Nº 201, enero de 2004, en www.indret.com).

En suma, habría que verificar si la alusión ofensiva en contra del grupo, por el tamaño del colectivo, la gravedad de lo imputado u otras circunstancias, puede impactar de manera relevante en los individuos que lo componen. Pensamos que habrá también que distinguir respecto de si lo que se pide es el cese de la actividad ofensiva o su no repetición o si se demanda una indemnización pecuniaria. En este último caso, deberá exigirse prueba de un daño significativo respecto del miembro individual, no bastando la mera acreditación de la lesión al honor.

Por cierto, primero es necesario constatar que efectivamente haya una imputación denigratoria que lesiona injustificadamente el honor del ente colectivo. Este presupuesto es el que parece no cumplirse en el caso de la teleserie de TVN porque la representación, aunque estereotipada y caricaturesca, no es suficiente para estimar que los sanjavierinos se hayan visto realmente vejados, humillados o denigrados en la consideración general de los televidentes. Es más puede que la localidad se vea favorecida por el renombre que le dará la teleserie que, al menos en sus primeros capítulos, ha tenido un alto rating. El honor de los Carmona puede estar en salvo.

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