Isla nueva

Una de las ocasiones en la que los profesores de Derecho Civil sentimos que los alumnos recelan de la importancia y actualidad de las lecciones que les estamos impartiendo, es aquella en que debemos enseñar las distintas formas de adquisición del dominio por accesión, sobre todo aquéllas que se denominan “de inmueble a inmueble”, y que incluyen casos como el aluvión, la avulsión, el río que cambia de curso y la nueva isla.

Por eso no pude sino conmoverme cuando leí la noticia de que el terremoto que sacudió a Pakistán el martes 24 de septiembre había provocado el surgimiento de una isla a un kilómetro de la costa del pueblo de Gwadar. Un periodista local, Bahram Baloch, relató a los medios su impresión después de comprobar la noticia que le había llegado por un mensaje de texto: “Salí y me quedé estupefacto. Podía ver ese cuerpo gris y redondeado a la distancia, como una ballena gigante nadando cerca de la superficie. Cientos de personas se habían reunido para verlo”. Era una isla que había emergido donde sólo había agua, de forma ovalada, de 90 metros de largo aproximadamente, elevada en unos 20 metros sobre el nivel del mar (ver noticia en bbc).

Lo que incluso las fuentes jurídicas romanas decían que “raramente sucede” (“Insula, quae in mari nascitur, quod raro accidit”, Digesto 41, 1, 7, § 3) había acontecido. La cuestión jurídica consistente en de quién es el nuevo terreno surgido de las aguas, adquiría importancia y actualidad. Desconocemos lo que previene el derecho pakistaní sobre la materia, pero podemos considerar lo que dispone la ley chilena para un caso como éste.

Según el Código Civil, hay que distinguir dos supuestos: 1º) si la isla surge en el mar o en lagos o ríos navegables por buques de más de 100 toneladas y 2º) Si la isla surge en lagos o ríos no navegables por buques de más de 100 toneladas. En este segundo caso, el nuevo terreno que dejan permanentemente en seco las aguas, “accede” a las propiedades ribereñas, es decir, los dueños de éstas adquieren el dominio de las porciones de la nueva isla, conforme a las reglas que se contienen en el art. 657 del Código Civil.

Pero si se da el primer caso, que es lo que sucedió en Pakistán, se aplica el art. 597 del mismo Código que dispone a la letra: “Las nuevas islas que se formen en el mar territorial o en ríos y lagos que puedan navegarse por buques de más de cien toneladas, pertenecerán al Estado”. La disposición es congruente con lo que dispone el art. 590 del Código Civil en el sentido de que “son bienes del Estado todas las tierras que, estando situadas dentro de los límites territoriales, carecen de otro dueño”. Recordemos que el mar territorial corresponde a la aguas marinas, suelo y subsuelo que se extiende por 12 millas marinas (22,2 kms.) medidas desde las líneas de base; este mar es de “dominio nacional” (art. 593 del Código Civil).

Tenemos, entonces, que la isla que surge en el mar territorial chileno no puede ser adquirida ni por accesión ni por ocupación. La ocupación no procede por cuanto no se trata de una res nullius (cosa que no tiene dueño). La nueva isla, por el solo hecho de formarse, es adquirida por el Estado. ¿Por qué modo de adquirir se hace dueño? El modo de adquirir que opera aquí es la ley, que produce sus efectos ipso iure, es decir, sin necesidad de declaración judicial o administrativa. Tampoco es necesaria la inscripción en el Conservador de Bienes Raíces, aunque pueda ser conveniente practicarla para efectos de publicidad y garantía de la posesión.

El caso actual de Pakistán podría dejar la impresión que estos fenómenos naturales sólo se producen en tierras lejanas y exóticas. No es así. Hace unos cuantos años un problema similar se presentó en Chile en relación con la llamada “Isla de Cachagua”, hoy día declarada Monumento Natural, y que se encuentra al norte de la famosa playa, separada de la costa por unos 100 metros. El año 1960 una mujer solicitó la concesión de la isla a la Dirección del Litoral y de la Marina Mercante (hoy Dirección General del Territorio Marítimo y de la Marina Mercante, Directemar) , pero a ella se opuso un señor que alegaba ser su legítimo propietario y exhibía inscripción de dominio del inmueble en el Conservador de Bienes Raíces de La Ligua. El Ministerio de Defensa, a través de la Subsecretaria de Marina, consultó el parecer del Consejo de Estado. Este organismo, integrado por juristas ilustres como Pedro Lira y Eduardo Novoa, emitió un informe con fecha 16 de septiembre de 1960, en el cual se señala que las nuevas islas que surgen en el mar territorial son adquiridas por el Estado por ley y pasan a ser bienes fiscales. Advierte, sin embargo, que en el caso el problema es más complejo porque, como queda constancia en la escritura de compraventa exhibida por el opositor a la concesión, la isla Cachagua formaba parte originalmente de una península que estaba unida a la costa, aunque en las altas mareas se separaba temporalmente de ella conformando un islote. Con el tiempo, esa conexión con tierra firme quedó inundada por el mar, y entonces la península se transformó en la isla que se conoce hasta hoy. La cuestión que se presenta entonces es: ¿se aplica el art. 597 del Código Civil a las islas que se conforman por el corte de una península? El informe del Consejo responde negativamente, fundándose en que el precepto atribuye al Estado las “nuevas islas”, es decir, aquellas que surgen por primera vez, las “que nacen en un lugar que antes era ocupado por las aguas del mar y donde no había tierra alguna”. No se aplica, en consecuencia, a las islas que se formen con terrenos que ya estaban secos y tenían dueño.

Lo contrario, se sostiene, violaría el derecho constitucional de propiedad. En suma, según el Consejo, “si el mar, el río o el lago rodean un inmueble y hacen de él una isla, el dueño del predio conserva su propiedad, no alterándose, por consiguiente, la causa del dominio” (cfr. Memoria del Consejo de Defensa del Estado correspondiente a los años 1951 a 1970, Editorial Andrés Bello, Santiago, s.d., pp. 282 y ss.).

Se ve que las viejas previsiones del Código, aunque para supuestos que raramente suceden, pueden seguir siendo útiles.

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3 comentarios en “Isla nueva”

  1. Fernando Says:

    Excelente columna. Debo confesar que esas materias son las que estudiaba con más entusiasmo (la definición de tesoro; la adquisición de las palomas que van a posarse en el palomar de otra persona distinta del dueño; la acción que concede la ley para perseguir a las abejas fugitivas y un largo etc.) Felicitaciones

  2. Anónimo Says:

    Muy interesante esta columna profesor, ahora bien y ahondando en temas prácticos, ¿cómo cree usted que debería generarse el titulo para el respectiva inscripción de una nueva isla para el caso del art. 656 n° 6 de nuestro Código Civil? Creo que este podría ser un tema complejo para el futuro, ya que podrían aparecer nuevas islas producto del sistema invernadero, que trae como consecuencia, la sequedad de nuestros lagos y ríos.

    • hcorralt Says:

      Me parece que debiera aplicarse el art. 693 del Código Civil respecto de la primera inscripción de un inmueble que no ha sido inscrito anteriormente.


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