El avión desaparecido

El 8 de marzo de 2014, el avión Boeing 777-200, vuelo 370, de la compañía Malaysian Airlines, con 239 personas a bordo, despegó del aeropuerto de Kuala Lumpur, la capital de Malasia, con destino a Pekín. Poco después del despegue se perdió contacto radial, dejó de ser detectado por los radares y cundió la alarma. Inmediatamente se temió que el avión se hubiera estrellado en el mar, pero han pasado los días y, para desesperación de los familiares e inquietud de la opinión pública mundial, no se han descubierto indicios del probable desastre aéreo (restos del avión, manchas de combustible, etc.). Han circulado historias sobre un posible secuestro, de un aterrizaje oculto en alguna pista aérea vietnamita, de un suicidio del piloto y otras especulaciones, que mantienen en vilo la atención internacional.

Hace unos días las autoridades australianas anunciaron que se habían detectado por satélite imágenes difusas de dos objetos flotando en el Océano Índico, que podrían ser restos del avión estrellado. La intensa operación de búsqueda de esos objetos que se ha desplegado, hasta el momento en que se escriben estas líneas no ha dado resultados. La incógnita del avión desaparecido permanece.

El triste y extraño suceso nos permite ilustrar la diferencia entre dos instituciones jurídicas relacionadas con la extinción de la personalidad contempladas en el Derecho civil chileno: la muerte presunta y la comprobación judicial de la muerte. La primera es originaria del Código Civil de 1855 (arts. 80 a 94), mientras que la segunda fue introducida por la ley Nº 20.577, de 2012 (arts. 95 y 96 nuevos).

La muerte presunta o, mejor como la denomina el Código, la presunción de muerte por desaparecimiento, es una especie de sustituto de la prueba de la muerte cuando se constata, por sentencia judicial, que una persona ha desaparecido, se ignora si vive y existe probabilidad, aunque no certeza, de su fallecimiento. Podríamos decir que su supuesto de base es la desaparición de la persona y la incertidumbre sobre si sobrevive o no: “Se presume muerto el individuo que ha desaparecido, ignorándose si vive” (art. 80). En cambio, la comprobación judicial de la muerte tiene lugar, también por sentencia de juez, cuando alguien desaparece pero en las circunstancias tales que no puede caber dudas, pese a que no se han encontrado sus restos, de que ha fallecido: “Toda vez que la desaparición de una persona se hubiere producido en circunstancias tales que la muerte pueda ser tenida como cierta, aun cuando su cadáver no fuere hallado…” (art. 95). Se puede decir, entonces, que en la comprobación judicial de la muerte lo que ha desaparecido no es propiamente la persona, que se sabe con certeza que ha muerto, sino su cadáver.

La cuestión de cuándo hay certeza de la muerte y cuando sólo hay probabilidad de ella, tendrá que resolverla caso a caso, con las pruebas que se aporten por los solicitantes, el juez competente. El caso de vuelo 370 nos permite apreciar la diferencia entre uno y otro supuesto. Por lo que sabemos hasta ahora, las personas que iban en el avión están desaparecidas y podrían haber muerto, si el avión se hubiera estrellado. Habría desaparecimiento, incertidumbre e incluso probabilidad de la muerte. Pero no certeza de ella, porque es posible que el avión hubiera sido secuestrado y hubiere aterrizado en alguna de las múltiples pistas que existen los territorios aledaños al lugar en donde se perdió contacto con la aeronave o en un descampado. Si más adelante, surgen pruebas suficientemente determinantes de que el avión se estrelló, de un modo que pueda excluirse toda posibilidad razonable de sobrevivencia de sus pasajeros y tripulantes, podría pedirse directamente la comprobación judicial de la muerte, sin esperar los plazos ni realizar los trámites exigidos para la muerte presunta.

Todo ello, por cierto, si es que tuviéramos que aplicar la legislación chilena. Esto sucedería si para conocer de la muerte presunta o de la comprobación judicial de la muerte fuera competente un juez chileno. Según el Código Civil es competente para conocer de la presunción de muerte “el juez del último domicilio que el desaparecido haya tenido en Chile” (art. 81 Nº 1) y para la comprobación judicial de la muerte “el juez del último domicilio que el difunto haya tenido en Chile” (art. 95). Respecto de ambas normas surge la duda de si basta que el desaparecido o difunto haya tenido alguna vez domicilio en Chile, aunque el último domicilio antes del desaparecimiento (de la persona o del cadáver) lo haya tenido en otro país, o si debe tratarse de un desaparecido o difunto cuyo último domicilio conocido antes del desaparecimiento estuviera en nuestro territorio. Nos inclinamos por esta última posición que parece ser la que ha estado en la intención del legislador en razón de la mayor facilidad del juez chileno, en tales casos, para indagar las circunstancias que rodearon el desaparecimiento, sea de la persona o de su cadáver.

Por consiguiente, sólo en el improbable caso, de que alguna de las 239 personas que abordaron el vuelo 370 haya tenido al 8 de marzo de 2014 constituido domicilio en Chile, aunque sea extranjero, será competente para declarar la muerte presunta o, si se prueba que el avión se estrelló, la comprobación judicial de la muerte, un juez chileno. En tal caso, el juez aplicará la legislación chilena.

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