Terremotos y caso fortuito

Los dos terremotos y sus múltiples réplicas que han tenido lugar en el norte del país nos llevan a reflexionar sobre el concepto legal de fuerza mayor o caso fortuito. Nuestro Código Civil, entre sus muchas originalidades, contiene una definición expresa al respecto, junto con ofrecer varios ejemplos que ayudan a aplicar el concepto. El texto dice así: “Se llama fuerza mayor o caso fortuito el imprevisto a que no es posible resistir, como un naufragio, un terremoto, el apresamiento de enemigos, los actos de autoridad ejercidos por un funcionario público, etc.” (art. 45) (énfasis añadido).

Como se observa, la ocurrencia de un terremoto es considerado por nuestro Código como un posible caso fortuito o fuerza mayor. Curiosamente las fuentes históricas en las que se inspiró la norma no mencionan este tipo de catástrofe natural. La regla proviene de un pasaje del jurista romano Gayo que decía que un caso mayor (maoir casus) es “aquel que la humana debilidad no puede resistir, como un incendio, ruina o naufragio” (Digesto 44. 7. 1. 4). Las Siete Partidas definían el “casus fortuitus” como “ocasión que acaesce por ventura, de que non se puede ante ver”, a lo que agregaba: “E son estos: derribamiento de casas, luego que se enciende a so ora, e quebrantamiento de navio, fuerça de ladrones, o de enemigos” (P. 7. 33. 11). Todo esta tradición se vierte en el Diccionario Razonado de Legislación y Jurisprudencia de Joaquín Escriche que, al parecer, fue la fuente directa de que se valió Andrés Bello para redactar el art. 45 de nuestro Código. Escriche dice que caso fortuito es “el suceso inopinado, o la fuerza mayor que no se puede prever ni resistir”; luego pone los siguientes ejemplos: “inundaciones, torrentes, naufragios, incendios, rayos, violencias, sediciones populares, ruinas de edificios, causadas por alguna desgracia imprevista, y otros acontecimientos semejantes”. Nada se dice sobre los sismos mayores o terremotos.

La norma del art. 45, tal como la conocemos, no estuvo en los primeros proyectos de Código Civil. Apareció recién en el llamado “Proyecto Inédito”, que fue producto del primer examen que hizo la Comisión revisora del Proyecto de 1853. Ello no excluye que haya sido el mismo Bello quien, como integrante de la Comisión, la hubiera redactado sobre la base de los antecedentes históricos que hemos mencionado. Pero, ¿por qué se agregó “terremoto” al listado de ejemplos, siendo que no aparecía en las fuentes tenidas a la vista?

Lo más probable es que se haya tenido en cuenta que Chile era un país que, por su ubicación geográfica, estaba constantemente expuesto a este tipo de calamidades. El primer sismo fuerte del que se tiene registro es uno ocurrido a las 9:00 horas del día 8 de febrero de 1570. Durante la época indiana, los peores terremotos ocurrieron el 13 de mayo de 1647 y el 25 de mayo de 1751. En los años anteriores a la redacción y aprobación del Código Civil, había tenido lugar, en la zona central, el terremoto del 19 de noviembre de 1822, y en Concepción, el de 20 de febrero de 1835. Otros sismos de gran intensidad ocurrieron también en 1837, 1847, 1849, 1850 y 1851 (Ver registro histórico del Centro Sismológico Nacional de la Universidad de Chile).

Don Andrés Bello, arribado a Chile 1829, a la época de redacción del Código Civil ya habría experimentado directamente al menos cinco sismos de gran magnitud. Téngase en cuenta que en la Comisión Revisora estaba también el jurista argentino Gabriel Ocampo que había llegado al territorio nacional antes que Bello en 1819 y habrá visto las consecuencias del terremoto de 1822 (de 8,5 en la escala Richter). Este sismo, y sus numerosas réplicas, ha quedado registrado para la posteridad en la obra de Mary Graham, Diario de se residencia en Chile (1882) y de su viaje al Brasil (1823) (Descargar texto de memoriachilena.cl, cfr. pp. 376 y ss.).

¿Sería esta experiencia la que llevó a incluir en la regla del Proyecto Inédito entre los ejemplos de fuerza mayor o caso fortuito a los terremotos? No lo sabemos, pero todo indica que ha de haber influido.

En cualquier caso, justamente por tratarse de un país sísmico, tanto la doctrina como la jurisprudencia, han indicado que no basta que exista un terremoto para que pueda alegarse caso fortuito para excluir la responsabilidad civil, sea contractual o extracontractual. Para serlo el sismo debe cumplir, dadas las circunstancias geográficas y geológicas de nuestro país y la naturaleza de las obligaciones incumplidas, los requisitos generales de la definición del art. 45 del Código Civil, esto es, debe ser imprevisible e irresistible.

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2 comentarios en “Terremotos y caso fortuito”

  1. hcorralt Says:

    Reproduzco el comentario, previa autorización que me acaba de llegar por correo electrónico del profesor de Derecho Civil Pedro Pablo Vergara, y que estimo de alto interés en relación con el tema:
    “Muy interesante tu columna de hoy. Es un tema que ha dado para discusiones. Recuerdo que en el año 2010 mi curso de ese entonces se interesó (por obvias razones) en esto y debatimos en clase sobre esto y ello me obligó, por último, a esbozar una “solución”.

    Te comento que, para dar solución a la cuestión, mi conclusión fue:
    a) un temblor incluso uno fuerte, no es un evento de caso fortuito, porque Chile es un país sísmico.
    b) Un terremoto lo es por su esporádica ocurrencia y por el hecho de ser imprevisible en sus resultados, ya que sabemos que un terremoto de magnitud mayor puede derrumbarlo todo y no hay “previsión” humana que pueda evitar eso; a los más aminorarlo y ahí el asunto hay que resolverlo caso a caso.

    No pretendo “iluminarte” con esto; sino solo comentar lo que ha sido mi conclusión sobre esto, para enseñar (o pretender hacerlo) a mis alumnos del pregrado a quienes prefiero “darles soluciones” por erradas que estas puedan ser”.

  2. hac Says:

    Intereesante columna. Un agrado leer al profesor Corral.
    slds.,
    hac


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