El sueño millonario

Sin duda era una historia inusual y no sorprende que varios medios de prensa dieran cuenta de ella. Una profesora de educación física demoró un mes en cobrar uno de los dos premios mayores del sorteo Kino, de la Lotería de Concepción. Según su relato, ella solía comprar boletos para el juego y los dejaba en distintas partes de su casa, pero no siempre se preocupaba de mirar los resultados para saber si había o no ganado alguno de los múltiples premios. Así había sucedido con el sorteo cuyos resultados fueron dados a conocer el 30 de julio de 2014. Fue entonces que el profesor de comunicación y lenguaje con el que hace vida común (“un matrimonio sin papeles” según sus propios dichos), le contó que había tenido un sueño en el que veía un boleto del Kino de color azul. Esto la llevó a buscar los boletos del Kino y, a través de internet, chequearlos con los resultados del sorteo, hasta que uno de ellos apareció como ganador de nada menos que ¡591 millones de pesos!

Lo bueno del sueño fue no sólo su contenido sino también su oportunidad. Si se hubiera producido un mes después, la historia no habría tenido buen final, porque, según la regulación del juego, el plazo para cobrar el premio es de 60 días. Si la profesora hubiera encontrado el boleto premiado pasado ese plazo, habría perdido sus casi 600 millones de pesos.

Esto nos da ocasión para analizar la influencia que el transcurso del tiempo puede tener en las relaciones jurídicas, y en particular sobre las características de una institución un tanto escurridiza que denominamos “caducidad”.

La Lotería de Concepción es una entidad que, no teniendo personalidad jurídica propia y formando parte de la Universidad de Concepción, está autorizada para mantener, realizar y administrar un sistema de sorteos de lotería por una ley especial, la ley Nº 18.568, de 1986. Posteriormente, el art. 90 de la ley Nº 18.768, de 1988 la autorizó para, previo decreto supremo, organizar sorteos de números, juegos de azar de resolucion inmediata y combinaciones de ambos. Así nació el juego Kino, regulado actualmente por el Decreto Supremo Nº 1.114, Ministerio de Hacienda, publicado en el Diario Oficial de 29 de diciembre de 2005.

Esta normativa especial es importante ya que, de no existir, los contratos de los apostadores, al recaer sobre un juego de azar, serían nulos por ilicitud del objeto, en conformidad con los arts. 1466 y 2259 del Código Civil. No podrían cobrar su premio ni tampoco pedir la restitución del precio del boleto, atendido lo dispuesto en el art. 1468 del mismo Código.

Se trata, por tanto, de un contrato de juego lícito por disposición especial de la ley. Es un contrato aleatorio, porque –siendo oneroso– la equivalencia entre las prestaciones consiste en la contingencia incierta de ganancia o pérdida (art. 1441 del Código Civil). Además, podemos decir que es contrato de adhesión ya que una de las partes establece las estipulaciones del juego y la otra sólo tiene la posibilidad de aceptar o no aceptar el contrato previamente dispuesto. Finalmente, podemos calificarlo de contrato dirigido puesto que el contenido fundamental del contrato está preestablecido en normas legales o reglamentarias.

Entre las estipulaciones que contiene este contrato dirigido está la de que el ganador dispone de un plazo de 60 días para reclamar su premio mostrando el documento o boleto que ostenta los números que coinciden con los sorteados (el boleto es un documento al portador). Así lo establece el art. 13 del Decreto Nº 1.114, que regula el sorteo del Kino: “El derecho a cobrar los premios caducará transcurrido el plazo de sesenta días, contados desde la fecha del respectivo sorteo”. Igual plazo establece la ley Nº 18.568, en su art. 8, casi en los mismos términos: “El derecho a cobrar los premios caducará transcurridos que sean 60 días desde la fecha en que se verifique el respectivo sorteo”.

Ambos preceptos hablan de que el derecho al premio “caducará” si no se realiza el cobro en el plazo fijado. El empleo de este vocablo nos parece jurídicamente correcto. Se trata de la extinción del derecho por caducidad y no por prescripción ni tampoco por el cumplimiento de una condición resolutoria. A diferencia de la condición, la caducidad no es un elemento accidental que se agrega extrínsecamente al contrato (una modalidad), sino una característica intrínseca al acto o derecho: este nace sujeto a caducidad si transcurre el tiempo sin que ocurra el acontecimiento previsto para evitarlo. Es como una especie de bomba de tiempo autodestructiva que lleva en sí el acto, beneficio o derecho. Por eso, a diferencia de la prescripción no puede interrumpirse, suspenderse ni renunciarse y no necesita ser alegada, pudiendo ser declarada de oficio por el juez. Además, una vez operada la caducidad, el derecho se extingue completamente, mientras que la prescripción deja subsistente una obligación natural (art. 1470 Nº 2 del Código Civil).

Aunque a diferencia de otros Códigos (como el Código Civil italiano) la caducidad no está regulada por nuestro Código Civil, ello no significa que sea desconocida. La doctrina civil ha reconocido que está admitida en nuestro ordenamiento civil, ya sea por disposición de la ley o por estipulación convencional. La caducidad puede afectar un beneficio (como la caducidad de un plazo: art. 1496 CC), una acción (como las acciones para impugar o reclamar la filiación), un derecho (como el de enervar la acción resolutoria derivada del pacto resolutorio pagando el precio de la compraventa: art. 1879), o un acto jurídico (como los testamentos privilegiados: arts. 1036, 1044, 1046, 1052 y 1053).

A estos ejemplos puede añadirse la caducidad del derecho al premio de la lotería o el kino si no se ejerce dentro del plazo de 60 días. Vencido ese plazo, el derecho se extingue irrevocablemente, sin posibilidad de interrupción o suspensión. Ni siquiera deberá alegarlo la Universidad deudora porque, en caso de no hacerlo, el juez podrá declarar de oficio la extinción por caducidad.

De todo esto se libró la profesora de educación física, y todo gracias a un sueño, que para ella resultó millonario.

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4 comentarios en “El sueño millonario”


  1. Entre los ejemplos legales de caducidad puede citarse también el de la acción de cobro de las indemnizaciones por despido, reguladas en el artículo 168 del Código del Trabajo. Y a diferencia de otros casos de caducidad, este plazo sí puede suspenderse en caso de interposición de un reclamo administrativo.

  2. Diego Says:

    Qué buen artículo profesor. Me quedó todo demasiado claro!


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