Aurora en el vertedero

A principios de noviembre se estrenó la película chilena “Aurora” dirigida por Ricardo Sepúlveda y protagonizada por Amparo Noguera, quien interpreta a una mujer que se empecina en adoptar a una niña recién nacida que fue encontrada muerta en un basural, para así poder enterrarla y darle al menos una sepultura.

La película está basada en una historia real que, en mi opinion, supera a la ficción. La socióloga Bernarda Gallardo hace doce años comenzó una inusual campaña para inhumar los cuerpos de niños que aparecían en los vertederos de Puerto Montt. Bernarda tuvo una hija de un embarazo adolescente, pero luego no pudo quedar embarazada, por lo que con su marido adoptaron dos niños. En abril del 2006, mientras se encontraba en los trámites para adoptar a un tercero, fue impactada por el titular de portada de El Diario El Llanquihue: “Asesinan y botan guagua al basural”. Sintió que no podía quedarse sin hacer nada, que esa criatura, de sexo femenino, habría podido ser la hija que estaba esperando adoptar: “Cuando uno adopta se transforma en una madre universal” declararía con posterioridad. Sintió que tenía el deber de ofrecerle a esa niña, a la denominó Aurora, siquiera la dignidad de un funeral y un entierro: “Era una niña y merecía el respeto mínimo que se debe entregar a cualquier humano para descansar en paz”. Logró finalmente que el juez que investigaba el posible delito ordenara que el Servicio Médico Legal le entregara el cadáver de la niña y, junto con su familia, escolares y habitantes de la ciudad, procedieron a darle sepultura. Lo increíble es que no se trató de un caso único, porque luego le avisaron que se había encontrado otro niño muerto por asfixia en la bolsa en la que había sido abandonado. Cuando apareció la tercera guagua en similares condiciones, ella y la gente que la apoyaba pusieron por todo Puerto Montt carteles con la leyenda “No botemos la vida”. Actualmente Bernarda se declara madre de una hija biológica, dos hijos adoptivos y cinco “hijos póstumos” (ver reportaje en periodicoencuentro.cl).

Ella misma, y la prensa, usan la palabra adopción para describir la justificación de su acto de generosidad cristiana. Pero, jurídicamente, no puede hablarse de adopción, porque en nuestro país no se admite la adopción de un niño cuando este ya ha fallecido. La ley Nº 19.620, que regula la adopción, sólo permite en un caso de la adopción posmortem que sucede cuando muere uno de los cónyuges del matrimonio adoptante. En tal evento, la ley consiente en que se complete la adopción y que el menor sea inscrito como hijo de ambos padres, aunque uno de ellos haya fallecido con anterioridad a la sentencia que concede la filiación adoptiva (art. 22 Ley Nº 19.620).

Tampoco podría haberse recurrido a inscribir el nacimiento del niño en el Registro Civil, haciéndose pasar Bernarda y su marido por padres biológicos de la criatura, ya que ello podría importar un delito. Sí es posible que alguien que encuentra a un menor abandonado pida la inscripción de su nacimiento; incluso la Ley de Registro Civil, pasados treinta días desde el nacimiento, impone la obligación de requerir la inscripción a “la persona que haya recogido al recién nacido abandonado” (art. 29 Nº 6 Ley Nº 4.808). Pero en tal caso la criatura se inscribirá como de filiación no determinada. Como en los casos ocurridos en Puerto Montt los cuerpos de los infantes fueron derivados directamente al Servicio Médico Legal, las inscripciones de nacimiento y de defunción deberán haberse sido solicitadas mediante resolución del juez a cargo de la investigación por el eventual delito cometido contra la vida del niño abandonado. La Ley de Registro Civil, modificada en este punto por la Ley Nº 20.577, de 2012, dispone que la inscripción de defunción “se efectuará en virtud de una resolución judicial, en los casos que la ley lo determine”. Aunque la modificación fue motivada por la introducción de la figura de la comprobación judicial de la muerte, nos parece que resulta aplicable cuando el cadáver está a disposición de la autoridad judicial por una investigación penal, aunque el Reglamento del Registro Civil señala que debe ser la policía o el Servicio Médico Legal quien debe requerir la inscripción (art. 175 D. Sup. 2128, de 1930). Tratándose de un recién nacido, debe procederse en forma previa a la inscripción de nacimiento del niño, ya que sin ésta no puede efectuarse la de defunción. El Reglamento del Registro Civil dispone que “Si se trata del fallecimiento de un párvulo, menor de dos meses, el Oficial del Registro Civil indagará si el nacimiento ha sido inscrito previamente, y si no lo estuviere, procederá a efectuar también, esta inscripción” (art. 176, D. Sup. 2.128, de 1930).

Una vez inscrita la defunción y efectuada la autopsia, puede procederse a la entrega del cadáver a los parientes del difunto para su inhumanación. El Código Procesal Penal dispone que el cadáver puede ser entregado, previa autorización del fiscal, a falta de parientes, “a quienes invocaren título o motivo suficiente” (art. 201 CPP).

Aquí fue donde Bernarda tuvo las mayores dificultades, ya que las autoridades judiciales sospechaban sobre las verdaderas razones por las cuales quería hacerse cargo de los funerales de Aurora y de los demás niños abandonados que la sucedieron (ver reportaje en paula.cl).

En verdad, ella tenía un motivo más que suficiente. Siendo cristiana, estaba procurando hacer una de las siete obras de misericordia corporales sistematizada por los viejos catecismos católicos: “Enterrar a los muertos”.

A la vez estaba brindando un último gesto de dignidad y solidaridad humana con estos niños tratados injustamente como desechos de vertedero. Desde antes de la aparición del cristianismo, la cultura griega había extendido el respeto debido a la persona humana a los despojos que quedan después de su muerte.

La famosa tragedia de Sófocles, Antígona, discurre justamente sobre su desafío a los edictos de Creonte, rey de Tebas, que exigían que el cadáver del hermano de aquélla, Polinicis, permaneciera insepulto como pena por su traición a la ciudad. Antígona desobedece ese mandato, con lo que se expone a su propia muerte, porque, en sus palabras, existen leyes divinas que son superiores a los mandatos humanos: “no creía yo –le espeta a Creonte– que tus decretos tuvieran tanta fuerza como para permitir que solo un hombre pueda saltar por encima de las leyes no escritas, inmutables, de los dioses: su vigencia no es de hoy ni de ayer, sino de siempre y nadie sabe cuándo aparecieron”.

Bernarda, como una moderna Antígona, ha sabido luchar contra las dificultades que le ponía el sistema legal para conseguir que esos niños tuvieran no sólo una sepultura. Su ejemplo nos permite abrigar la esperanza de que el amor por la vida y la dignidad humana prevalece por sobre las miserias y debilidades morales de nuestro tiempo. Como si la aurora iluminara la oscuridad del vertedero.

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2 comentarios en “Aurora en el vertedero”

  1. Bernarda Gallardo Olivieri Says:

    “Como si la aurora iluminara la luz del vertedero” Porque si no la ilumina habremos dejado apagar la Luz de la Vida que el Señor nos regaló y nos vuelve a regalar una y otra vez en su infinito amor, misericordia, confianza y paciencia. Como en esta nueva Navidad en la que renace como hombre/mujer para volver a mostrarnos el camino al reencuentro con Él.
    El Estado es el garante del respeto y vigencia de los Derechos Humanos, en cada país que ha adherido a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y firmado la Convención sobre los Derechos del Niño. El Estado es también quien los viola. Nuestra familia ha acogido como hijos póstumos a Aurora, Manuel, Víctor, Cristóbal y a Margarita. A Aurora pudimos darle humana sepultura, como cadáver NN. A Manuel, Víctor y Cristóbal les pudimos hacer valer sus derechos a la personalidad jurídica (vale decir, a ser reconocidos como personas sujeto de derechos) y por eso los pudimos sepultar como chilenos con nombre y apellido. A Margarita todavía no nos la entregan. La causa civil voluntaria que debo presentar a través de un abogado cada vez, llega a demorar casi dos años. Las otras guaguas víctimas de infanticidio, para las cuales no fue encontrado algún familiar que las inscriba y sepulte, son tratadas por el Estado como “desechos orgánicos” y ni siquiera descansan en una fosa común. Esto nos duele y mucho y por eso exigimos que el Estado de Chile cumpla su compromiso y haga lo que tenga que hacer para que toda guagua víctima de infanticidio sea reconocida en su dignidad y en sus derechos de persona humana, para descansar en paz como hija legítima, amada y recordada de esta tierra.
    Gracias, muchas gracias Hernán Corral por su comprensión y compromiso, por su defensa de la vida digna y bella que el Señor dejó en nuestras manos para amarla y hacerla florecer en Su nombre.
    Bernarda Gallardo.

    Enviado desde mi iPad

    • hcorralt Says:

      Muchísimas gracias a usted, Bernarda, por la noble y humanitaria defensa de estos niños desvalidos, que han sido abandonados no sólo por sus padres, sino por todo el Estado que permanece indiferente ante su suerte, sumido en esa “cultura del descarte” que critica el Papa Francisco.


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