Perros en disputa

Un pequeño párrafo del cuerpo C de El Mercurio del 22 de septiembre de 2015, p. 9, daba cuenta de una insólita noticia. El titular nos llamó inmediatamente la atención: “En la justicia de Punta Arenas termina disputa por un perro” (Ver noticia).

Se trata de un curioso conflicto entre dos mujeres, una casada con un capitán y la otra con un cabo, ambos miembros de la Armada que cumplen servicios en la III Zona Naval de Magallanes. La controversia dice relación con la propiedad de una perra de raza Golden Retriever que ambas alegan haber perdido.

Según la señora del capitán, la mascota de su familia que obedece al nombre de Lola, se habría perdido el pasado 18 de junio, hasta que el 17 de agosto lograron ubicarla en otro sector de la ciudad de Punta Arenas. Aunque no llevaba su collar la habrían identificado por la cicatriz que tenía por una operación que le había sido practicada.

La versión de la mujer del cabo es diversa: la perra, a la que llama Bonita, se perdió justamente el día 17 de agosto; el día 8 de septiembre al pasar por la casa del capitán vio que Bonita estaba amarrada y pidió que se la restituyeran por ser su propietaria. La señora del capitán se negó rotudamente a entregar la que estimaba era su perra Lola. Ante diversas amenazas por parte de la señora del cabo, incluida una denuncia por hurto y comentarios que estima difamatorios por redes sociales, la mujer del capitán interpuso un recurso de protección ante la Corte de Apelaciones de Punta Arenas pidiendo que se adopten las medidas preventivas que sean necesarias para ejercer su derecho de propiedad sobre “Lola”.

La Corte, según nos informa La Prensa Austral, declaró admisible el recurso el día 14 de septiembre y dio un plazo de seis días para que la señora del cabo informe sobre los hechos del recurso (Ver reportaje).

El episodio nos hizo recordar un caso similar que se cuenta por los primeros biógrafos del humanista, abogado y juez inglés, Tomás Moro y que ilustra sobre su particular ingenio y sentido de la justicia. Moro se había casado en segundas nupcias con Alice Middleton, una viuda como él, que tenía un carácter fuerte y enérgico. Lady Alice tenía gran cariño por los perros falderos. En una ocasión, le regalaron uno que, sin saberlo ella, había sido hurtado a una pobre mujer que vivía de limosnas. Cuando la pordiosera pasaba por la casa de Moro vio a su animalito en los brazos de un criado y, al reconocerlo, reclamó su restitución. Pero Lady Alice se negó terminantemente a deshacerse del perro alegando que lo había adquirido de modo legítimo.

La disputa llegó a oídos del dueño de casa, quien ya tenía fama de juez sabio y prudente. Tomás Moro hizo que tanto la mendiga como su mujer Alice concurrieran a una amplia sala de su casa. Él tomo entre sus brazos al animal en discordia y se puso en medio. Luego, pidió a ambas mujeres que se ubicara cada una en cada extremo de la sala: “¿Estáis de acuerdo en que decida el litigio que existe entre vosotras a causa de este perro?”, les preguntó. Ante la respuesta afirmativa de ambas, señaló: “Pues entonces que cada una de vosotras llame al perro por su nombre. Y con quien vaya el perro, a esa le pertenecerá”. Dejó al perro en el suelo, y las dos mujeres comenzaron a llamarlo cada una por el nombre que le habían puesto.

Para disgusto de Lady Alice el perrillo se fue directo a los brazos de la pordiosera. Moro sentenció, entonces, en su favor y en contra de su propia mujer. Pero a continuación le ofreció a la vencedora del pleito comprarle el perro con una corona francesa (mucho más valiosa que el animal), a lo que ella accedió gustosa. La disputa fue, así, solucionada sin agravio para ninguna de las partes (el relato lo trae la biografía de Ro. Ba., y es reproducida por Peter Berglar, La hora de Tomás Moro. Sólo frente al poder, trad. Enrique Banús, Palabra, Madrid, 1993, pp. 182-183).

No sabemos cómo resolverán los ministros de la Corte de Apelaciones de Punta Arenas la contienda sobre la perra Lola/Bonita, entre la señora del capitán y la señora del cabo. En todo caso, pensamos que no les vendría mal encomendarse a Santo Tomás Moro para dar con una solución justa y satisfactoria para las partes, como él pudo hacer en un caso muy semejante.

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4 comentarios en “Perros en disputa”


  1. Estimado Profesor:

    Interesante tema el que escribe en este artículo, pues al fin y al cabo se trata de dos personas que se estiman, ambas, dueñas de una misma cosa (semoviente), sólo que unos la llaman de una forma (Lola) y otras de una manera distinta (Bonita). Con todo, resuelto quien es el verdadero dueño, quedará la interrogante de averiguar qué ha ocurrido con la otra perrita extraviada.

    Ahora, no creo que el asunto se resuelva a través del método de plena justicia empleado por Tomás Moro, sino que las partes en pleito deberán recurrir a los procedimientos (un tanto engorrosos en este caso) destinados a establecer quién es el dueño del animal en cuestión. Espero que todo llegue a buen puerto.

    En otro punto, quisiera saber su opinión respecto de la Ley 20.855 que Regula el Alzamiento de Hipotecas y Prendas que Cauciones Créditos (el título es algo ambiguo a mi parecer (http://www.leychile.cl/Navegar?idNorma=1082114) .

    Un gran saludo,

    Gustavo Westermeier Tuki

  2. cecilia vera Says:

    Esto deja una ver claramente como han funcionado de siempre
    Las instituciones armadas, el cabo terminara con esto, su carrera naval, tendran que dejar la casa prontamente y todo su lealtad hacia la institucion vale nada, ya que el pecado capital fue haberse atrevido a reclamar la esposa de un gente de mar, contra la esposa de un oficial, no habra disculpa que valga , el cabo terminara con su carrera , inmaginen si ahora ocurre esto, como seria antes si se reclamaba por algo……..y como nadie puede hacer nada ya que ellos tienen sus propias normas

  3. erasmo Says:

    nadie arriesga tanto por creer que es su perra .lógica pura no creen !. el oficial dice que es conflicto entre mujeres ,pero que es lo que hizo con el subalterno . bueno el clasismo y la discriminación nunca se acaba en la armada .digno para llegar ser almirante este oficial .


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