Michael Sandel en Chile

Entre los renombrados científicos, varios premios nobeles, que participaron en el V Congreso del Futuro 2016, organizado por el Senado y otras instituciones, un papel destacado tuvo el profesor de filosofía política Michael Sandel, que ofreció la clase inaugural el martes 19 de enero. La conferencia fue una síntesis de su último libro y se titulaba como éste: “Lo que el dinero no puede comprar”. Planteó la inconveniencia de entregar al mercado diversas esferas de la vida en común, criticando la expansión exhorbitante de ese instrumento económico que se atribuye a los “chicago-boys”.

Los chilenos pudimos apreciar, algunos presencialmente (entre ellos, la Presidenta de la República) y otros es streaming, la incisividad de su pensamiento político y moral, y a la vez su asombrosa capacidad didáctica, que lo ha llevado a convertirse en uno de los profesores míticos de la Universidad de Harvard. Su curso titulado simplemente “Justice”, que ya lleva dictando por más de 30 años, es la asignatura en la que más alumnos se han matriculado en toda la historia de esa prestigiosa Universidad (más de 15.000). Tal éxito de convocatoria le ha llevado a incursionar en las nuevas tecnologías y grabar una serie en 12 capítulos con sus clases, la que se encuentra disponible con acceso libre en una página web propia (http://www.justiceharvard.org/).

A ello se suma la difusión masiva de sus principales libros, el primero de los cuales, Liberalism and the Limits of Justice (1982) sienta las bases de su crítica al liberalismo político encarnado en la famosa teoría de la justicia de John Rawls. Su libro más conocido es una especie de manual de sus clases: Justice: What’s the Right Thing to Do?(2009), en que, a través de una multiplicidad de casos, demuestra las limitaciones de varias teorías alternativas que han tratado de elucidar cómo debe determinarse lo justo y lo injusto, lo correcto y lo incorrecto, en una sociedad técnicamente compleja e ideológicamente pluralista: el utilitarismo de Bentham, el liberalismo de John Stuart Mill, la “voluntad autónoma” de Kant, el “acuerdo bajo el velo de la ignorancia” de Rawls, y el “telos” de Aristóteles.

Las reflexiones de Sandel en este libro sobre el aborto y el matrimonio homosexual nos parecen especialmente lúcidas y convendría traerlas a cuento, puesto que son temas que están en el actual debate público en nuestro país.

Ambas cuestiones son abordadas por Sandel para demostrar la insuficiencia del liberalismo moderno, que pretende solucionar el problema del pluralismo de posiciones sobre cómo llevar una vida buena, propiciando la neutralidad moral del Estado y de las leyes. Sería, según Rawls y sus seguidores, la única manera de evitar que las concepciones morales o religiosos de algunos se impongan sobre las de otros que no las comparten.

Siguiendo estos principios se señala que como existe controversia sobre si el concebido no nacido debe ser tutelado de un modo equivalente a una persona, y algunos piensan que sí y otros que no, la cuestión debe resolverse dejando que cada mujer decida por sí misma, y según sus propias ideas o convicciones. El Estado no fomentará el aborto como si fuera una conducta laudable moralmente pero tampoco lo reprimirá como si el feto fuera un ser humano con derechos fundamentales: debe permanecer neutral ante los que piensan una u otra cosa, y ello se logra –según estos postulados– abandonando la decisión a las mujeres embarazadas.

Sandel escribe que esta estrategia logra una solución que no es sino aparente, porque “si es cierto que el feto en desarrollo es moralmente equivalente a un niño, el aborto será moralmente equivalente al infanticidio Y pocos sostendrán que el Estado tiene que dejar a los padres que decidan si van a matar o no a sus hijos” (Justicia. ¿Hacemos lo que debemos?, Random House Mondadori, Barcelona, 2011, p. 285). De allí que la legalización del aborto no es una forma de neutralidad del Estado y de la ley, sino la consagración de la opinión moral de que el concebido no es sujeto de derechos y que, por tanto, puede ser tratado como cosa (aunque valiosa) de propiedad de la mujer en cuyo seno se gesta. Dice Sandel: “Quienes defienden el derecho de las mujeres a decidir el fin de su embarazo deben enzarsarse con el argumento de que el feto en desarollo es equivalente a una persona e intentar refutarlo. No basta con decir que la ley debe ser neutral en lo que se refiere a las cuestiones morales y religiosas. El argumento a favor de permitir el aborto no es más neutral que el argumento a favor de prohibirlo” (ídem).

Algo similar, advierte el profesor de Harvard, sucede en el debate sobre el acceso al matrimonio de parejas formadas por personas del mismo sexo. La posición liberal añade aquí a la neutralidad estatal, el argumento de la no discriminación contra las personas con tendencias homosexuales. Se sostiene, así, que puede haber distintas concepciones morales sobre las relaciones homo-eróticas, pero el Estado no debe imponer la concepción del matrimonio como unión de hombre y mujer, y ha de dejar que los individuos elijan la relación que ellos considere como la más adecuada para conseguir su propio modelo de vida buena. La solución liberal dejaría contentos a todos: a los heterosexuales que podrán seguir casándose igual como lo han hecho por milenios y a los homosexuales que podrán elegir como pareja marital a alguien del mismo sexo.

Contesta Sandel que tampoco esta es una auténtica solución al problema, porque también, sofísticamente, elude la cuestión central que no es otra que la razón por la cual el Estado debe reconocer y regular públicamente unas formas de uniones sexuales con preferencia a otras. Recordando la enseñanza de Aristóteles, señala que discutir sobre el propósito o razón de ser de una institución social equivale a discutir sobre las virtudes que honra y recompensa.

Advierte Sandel que existe una tercera opción que podría respetar mejor el principio liberal de la neutralidad, pero que pocos estarían dispuestos a aceptar: se trata del completo retiro del Estado en todo lo que tiene que ver con la constitución y régimen de las convivencias o relaciones de pareja, para dejar que todo ello sea regulado por asociaciones privadas. Se trataría de una “desoficialización” del matrimonio, por la que el Estado dejaría de “entrometerse” para decirle a los ciudadanos qué es matrimonio y cómo se formalizan las uniones maritales. Sandel cita los argumentos en pro de esta solucion ofrecidos por el periodista Michael Kinsley: “Que las Iglesias y otras instituciones religiosas sigan celebrando ceremonias matrimoniales. Que los grandes almacenes y los casinos lo hagan también si quieren… Que las parejas celebren su unión como les parezca y se consideren casadas cuando quieran… Y si tres quieren casarse, o uno quiere casarse consigo mismo, y hay alguien que quiere oficiar una ceremonia y declarar que se han casado, pues déjeseles” (p. 289).

Sandel admite que esta “tercera vía” no es practicable, pero le concede la utilidad de arrojar luz sobre el núcleo del debate. Permite ver que este no reside en la neutralidad ni en la libertad de elección o la prohibición de no discriminar –que se conseguirían mejor con la “desoficialización” auspiciada por liberales como Kinsley–, sino en determinar cuál es propósito del matrimonio y los bienes que lo definen. Siendo así resulta insoslayable discutir sobre la valoración de las relaciones homosexuales para ver si ellas cumplen con los propósitos y bienes que se esperan de la institución social del matrimonio: “cuando observamos de cerca el argumento a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo –escribe Sandel–, vemos que no descansa en las ideas de no discriminación y libertad de elección. Para decidir quiénes deben poder optar al matrimonio, hemos de pensar en el propósito del matrimonio y las virtudes que honra. Y esto nos lleva a un terreno moral disputado, donde no podemos permanecer neutrales entre concepciones contrapuestas de la vida buena” (p. 294).

Nos atrevemos a agregar que lo que hace persuasivo el argumento de la igualdad ante la ley y la no discriminación a las parejas-gays por excluirlas del matrimonio, es la previa asunción no declarada de que el matrimonio no es más que el reconocimiento legal de un compromiso amoroso entre dos personas, independiente de cualquier rol social asociado a la procreación y la crianza y educación de los hijos en un hogar compuesto de padre y madre. Si fuera así, por cierto que sería discriminador no reconocer que dos personas del mismo sexo pueden casarse, pero lo que se discute es justamente eso: cuál es el concepto de matrimonio que el Estado y la ley debe reconocer, proteger y organizar como base de la familia, que es a su vez célula fundamental de la sociedad. La mera neutralidad valórica con la que nos ilusiona el liberalismo contemporáneo no es capaz de ofrecer una respuesta racionalmente convicente.

En esto, como en muchas de sus reflexiones –también las referidas a las limitaciones del mercado sobre las que habló en Chile– Michael Sandel ha dado en el clavo.

Por si alguien se entusiasma con Sandel dejamos el video de su conferencia en el V Congreso del Futuro (Santiago de Chile):

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2 comentarios en “Michael Sandel en Chile”

  1. Felipe Carrasco Matas Says:

    Estimado Profesor Corral, siempre espero sus post, y apropósito de éste comentario, leí el libro de Sandel, “Justicia, ¿Hacemos lo que debemos?”, el cual encontré muy bueno, al ser un curso práctico de ética pública. Lo que me sorprendió es la postura que toma el autor, ya que me imagine que sería un liberal de corte kantiano, acercándose a la neutralidad moral. Así mismo me llamo poderosamente la atención el método filosófico de MacIntyre de la narración histórica (al citar el libro “Tras la Virtud”), el cual rompe los esquemas clásicos, basados en estructuras analíticas. En suma, y relacionado con su comentario sobre la declaración jurada, es una interesante visión para validar argumentos morales que tengan como base una valides material o basada en razones de fondos (como la virtud), más allá de construcciones formales (las cuales, como deja claro el libro, nos son “tan” neutrales como pretenden). Incluso me sirvió para anotar un posible tema para mi tesis de magister en derecho civil, al tratar los límites del contrato en el caso de la renta de vientres. Saludos.


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