Reyes, magos, ¿juristas?

Con motivo de la Navidad, y siguiendo una tradición originada por San Francisco de Asís, en las casas y lugares de trabajo se instalan pesebres (llamados también Belenes o Nacimientos), para representar el nacimiento de Jesús en el establo de Belén. Aparecen sus padres, animales y los pastores que recibieron el anuncio esa misma noche. Se incluyen también las figuras de los llamados Reyes Magos: son tres, uno de ellos de raza negra, y que vienen montados o acompañados de camellos.

En algunos países –y así era en América del Sur hasta la introducción de Santa Claus o Viejo Pascuero–, los Reyes Magos eran los que traían los regalos a los niños, y no el 25 de diciembre sino el 6 de enero, en la fiesta de la Epifanía que recuerda su llegada a Belén para adorar al nuevo rey de los judíos.

Si nos atenemos al único relato bíblico del episodio, que se encuentra en el Evangelio de Mateo, podemos ver que mucho de lo que se afirma de los Reyes Magos ha sido añadido, con más o menos versosimilitud, por las tradiciones cristianas posteriores. El Evangelio de Mateo introduce la narración diciendo que “Unos Magos que venían de Oriente llegaron a Jerusalén, preguntando: ‘¿Dónde está el rey de los judíos recién nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo.’” (Mt. 2, 1-2). Se observa que en ningún momento se menciona que fueran reyes, ni que fueran tres, ni menos cuál era la raza de cada uno. Sólo se señala que se trataba de “magos” y que venían “de Oriente”. Es cierto, que deben haber llamado la atención, ya sea por su aspecto, sus vestimentas o sus acompañantes, y sobre todo por lo que decían buscar: el esperado rey de los judíos, el Mesías prometido. Por ello, la narración bíblica dice que al oír esto se inquietó “toda Jerusalén” (Mt. 2, 3).

No parece que los magos hayan llegado a la pesebrera donde nació Jesús. El texto bíblico dice que después de que el rey Herodes, con la asesoría de sacerdotes y escribas, les indicara que las profesías proclamaban a Belén de Judá como el lugar donde debía nacer el Mesías, se pusieron en camino hacia allí hasta que la estrella se detuvo sobre el sitio donde estaba el niño, pero se descarta que sea un establo, pues el evangelista anota que “entrando en la casa, vieron al niño con María, su madre” (Mt. 2, 11; énfasis añadido). Se ve, pues, que los padres de Jesús se habían instalado en el mismo pueblo de Belén pero ya en una vivienda familiar.

Quizás el mayor problema del relato reside en la identidad de estos personajes. Está claro que no son judíos, y el texto señala dos veces que vienen del “oriente”. Pero, ¿qué debe entenderse por el oriente en el sentido del narrador? Se ha señalado que puede referirse a Persia, Babilonia o incluso a Arabia, Egipto y Etiopía. Se argumenta a favor de Arabia que el incienso y la mirra, que junto con el oro, le ofrecen los magos al niño, son especies originarias de ese lugar. Pero esto no quiere decir que no se dispusiera de ellas en otras regiones. La opinión que parece prevalecer es que los magos provenían de Persia, lo que hoy corresponde más o menos al territorio de Irak e Irán.

Determinada esa procedencia, hay que averiguar qué significa el nombre que se les atribuye: “magos” (en griego: mágoi), término que poseía una pluralidad de significados en ese tiempo, incluyendo el que los hace equivalentes a hechiceros, brujos o embaucadores, todos los que son fuertemente repudiados tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Sin embargo, en el contexto de la narración del nacimiento de Jesús debe atribuírsele el significado positivo de sacerdotes, pertenecientes a la casta sacerdotal persa, los que en la cultura helénica eran considerados próximos a la filosofía. Puede que fueran astrónomos, o más ampliamente sabios que combinaban las percepciones religiosas con la filosofía y lo que hoy denominamos ciencia.

¿Podríamos suponer que estos magos eran también juristas, esto es, sabios en relación con lo justo social, que ahora llamamos Derecho? No es absurdo así pensarlo, ya que no sería el único caso en que lo jurídico se mezcla con lo religioso y lo filosófico. El Derecho romano en sus inicios fue cultivado por el Colegio de los Pontífices, el que después de la aprobación de la Ley de las XII Tablas (449 a.C.) elabora una verdadera jurisprudencia pontifical, que sólo viene a decaer en la República tardía. No es imposible, entonces, que los magos hayan estado familiarizados con el derecho antiguo de los pueblos mesopotámicos y algunas de sus fuentes, entre ellas el famoso Código de Hammurabi, fechado hacia el año 1692 a. C. Este cuerpo legal fue aprobado por el rey del mismo nombre, de la I dinastía amorrea de Babilonia. Fue descubierto en 1902 inscrito en un pilar de piedra dorita negra, y que actualmente se guarda en el Museo del Louvre. En el texto se deja constancia de la relación entre lo jurídico y lo sagrado: el Código es entregado a Hammurabi por Shamash, el dios del sol y la justicia.

Hayan sido o no juristas, el viaje de los magos a Belén nos enseña que ya sea a través de la religión o de la razón humana podemos seguir una luz que nos lleva hacia una realidad que nos supera. En este sentido, Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, escribe que los magos representan “el dinamismo inherente a las religiones de ir más allá de sí mismas; un dinamismo que es búsqueda de la verdad, la búsqueda del verdadero Dios, y por tanto filosofía en el sentido originario de la palabra. La sabiduría sanea y así también el mensaje de la ‘ciencia’: la racionalidad de este mensaje no se contentaba con el mero saber, sino que se trataba de comprender la totalidad, llevando así a la razón hasta sus más elevadas posibilidades” (La infancia de Jesús, trad. J. Fernando del Río, Planeta, Buenos Aires, 2012, p. 101).

En esa comprensión de la totalidad está también la dimensión de lo justo en las relaciones humanas, que el Niño de Belén ha incluido en misión redentora universal, cumpliendo aquella profesía de Isaías: “Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado […] Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre” (Isías, 9, 5-6).

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3 comentarios en “Reyes, magos, ¿juristas?”

  1. Alan Howard Says:

    Encontré genial la reflexión. Gracias por compartirla.

  2. Ignacia Says:

    interesante análisis, profesor. Siempre me ha llamado la atención el rol de los “reyes” magos en el relato. Según mi entender representan la legitimidad de Jesús, como Hijo De Dios, en tanto sabios extranjeros (ya que provienen del Oriente) reconocen su origen divino, al momento de desear verlo y ofrecerle regalos, a modo analógico de quien ofrece ofrendas a una divinidad.

    Asimismo, me convence su interpretación de los reyes magos como juristas, en tanto la denominación “mago” habla también de la persona interiorizadas en las artes ocultistas, en el sentido de que dicho conocimiento solo era reservado a una exclusiva casta, que sería en esos tiempos a la casta sacerdotal. Ellos, a su vez, eran filósofos y los principales consejeros del rey en materia gubernamental.


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