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Matrimonio en el avión papal

21 enero, 2018

Fue una de las muchas “salidas de protocolo” del Papa Francisco en su visita a Chile. El día 18 de enero mientras viajaba en avión a la ciudad de Iquique celebró el matrimonio de dos de los miembros de la tripulación: Carlos Ciuffardi y Paula Podest, de 41 y 39 años respectivamente. Según lo que ellos mismos contaron, poco antes de aterrizar, le pidieron una bendición al Papa y éste los hizo sentarse a su lado para conversar. Allí le comentaron que aunque se habían casado civilmente y tenían dos hijas pequeñas, no estaban casados por la Iglesia porque el templo de Ñuñoa donde preveían hacerlo sufrió daños con el terremoto del 27 de febrero de 2010. Entonces Francisco les preguntó si querían amarse para toda la vida y contraer matrimonio religioso: “El Papa nos preguntó si había amor en nuestro matrimonio y si queríamos seguir juntos toda la vida y dijimos que sí”. Ante esa respuesta afirmativa, pidió que trajeran testigos. El Presidente del directorio de Latam, Ignacio Cueto, a solicitud del novio, sirvió de tal. Se firmó un acta manuscrita y que dice: “El día 18 de enero de 2018 sobre el vuelo papal en el trayecto de Santiago a Iquique han contraído matrimonio el Sr. Carlos Ciuffardi Eliorraga y la Sra. Paula Podest Ruiz, y ha sido presenciado por el testigo Ignacio Cueto, siendo el Santo Padre el papa Francisco quien ha tomado el consentimiento”. En el acta aparece también en calidad de testigo Mons. Mauricio Rieda Beltz, el sacerdote colombiano que organiza los viajes del Papa.

La noticia fue dada a los periodistas que iban en el avión por el director de la sala de prensa del Vaticano Greg Burke, quien enfatizó que el matrimonio era válido y oficial. Esto último es lo que nos interesa resaltar, que no se trató de una boda “simbólica” o meramente ceremonial, sino de un matrimonio jurídicamente auténtico.

En primer lugar, hay que recordar que el matrimonio canónico (y el natural) se perfecciona por el consentimiento entre el marido y la mujer: consensus facit nuptias, decían los antiguos. El Código de Derecho Canónico reitera este principio: “El matrimonio lo produce el consentimiento de las partes legítimamente manifestado entre personas jurídicamente hábiles, consentimiento que ningún poder humano puede suplir”, dice el canon 1057, a lo que agrega: “El consentimiento matrimonial es el acto de la voluntad, por el cual el varón y la mujer se entregan y aceptan mutuamente en alianza irrevocable para constituir el matrimonio”. No hay duda de que este consentimiento se prestó en la boda aérea.

Por razones de seguridad jurídica, el Derecho canónico, desde el Concilio de Trento, ha previsto como requisito de validez que ese consentimiento se preste ante un “testigo cualificado”, que debe ser el párroco u otro sacerdote competente. Se exigen además diligencias preparatorias encaminadas a comprobar que no existen impedimentos y que los novios obran libremente y con plena conciencia de lo que significa el compromiso conyugal. Se dispone así que “antes de que se celebre el matrimonio debe constar que nada se opone a su celebración válida y lícita” (c. 1066), y se deja a la Conferencia Episcopal la facultad para dar normas particulares sobre estas diligencias previas (c. 1067). El acto del matrimonio, además, debe ser presenciado por dos testigos (c. 1108).

Se exige que el matrimonio se celebre ante el Ordinario o el párroco del lugar, entendiéndose por tales aquellos en los que al menos uno de los contrayentes tiene su domicilio o ha residido durante un mes (cc. 1109 y 1115). También puede celebrarse por un sacerdote o diácono delegado por aquellos (c. 1108). En principio, el matrimonio debe celebrarse en la parroquia donde uno de los contrayentes tiene el domicilio o ha residido durante un mes (c. 1115). El acta del matrimonio debe inscribirse en el Registro de matrimonios de la parroquia, y además en el Registro de bautismo de la o las parroquias donde los contrayentes fueron bautizados (cc. 1121 y 1122).

Varias de estas normas no se han cumplido en la boda aérea asistida por el Papa Francisco, y de allí podrían surgir dudas sobre su validez, a pesar de que se haya prestado el consentimiento de manera libre. Pero esto implicaría no reconocer la autoridad y competencia que el Derecho Canónico reconoce y asigna al Romano Pontífice. En efecto, el Código de Derecho Canónico afirma que como sucesor de Pedro, “tiene, en virtud de su función, potestad ordinaria, que es suprema, plena, inmediata y universal en la Iglesia, y que puede siempre ejercer libremente” (c. 331), de modo que “no sólo tiene potestad sobre toda la Iglesia, sino que ostenta también la primacía de potestad ordinaria sobre todas las Iglesias particulares y sobre sus agrupaciones…” (c. 333). Por ello, cuando las normas hablan de “Ordinario” debe entenderse que se refiere a los obispos, pero también al Papa: “Por el nombre de Ordinario se entienden en derecho, además del Romano Pontífice, los Obispos diocesanos…” (c. 134). Se trata de un Ordinario que tiene bajo su jurisdicción no sólo a los fieles de la diócesis de Roma sino a todos los bautizados. Por ello cuando el c. 1108 dispone que “Solamente son válidos aquellos matrimonios que se contraen ante el Ordinario del lugar o el párroco…”, debe entenderse que no está hablando sólo del Obispo del lugar, sino del Santo Padre cuyo “lugar” de jurisdicción es toda la Iglesia Católica. Por ello, cuando el consentimiento matrimonial se presta ante el Papa en cualquier lugar que sea, incluso a diez mil metros de altura, se está contrayendo ante el Ordinario competente.

Por lo que se ha relatado se observa que el Papa realizó la investigación previa que ordena el c. 1066, en el sentido de que no tuvieran impedimentos, que obraban libremente y que comprendían la naturaleza y la importancia del sacramento del matrimonio. Igualmente, se cumplió con la exigencia de que hubiera dos testigos que presenciaron la ceremonia y firmaron el acta.

Se trata, por tanto, de un matrimonioo válido, aunque podrán presentarse algunas dudas, por lo inédito de la situación, sobre en qué registro parroquial debe inscribirse el matrimonio. Siguiendo el espíritu de las normas, pensamos que debiera ser en la parroquia donde debía haberse celebrado el matrimonio si se hubiera seguido la vía ordinaria, es decir, en aquella parroquia en que ambos cónyuges tienen su domicilio (ya que viven juntos). Este párroco después de proceder a la inscripción del matrimonio debiera enviar esa información a los párrocos de las parroquias donde Carlos y Paula fueron bautizados. Todo esto siguiendo la normativa interna elaborada por la Conferencia Episcopal de Chile (Legislación Complementaria CECh al Código de Derecho Canónico).

Un consejo que les dio el Papa puede ser aprovechado por tantas otras parejas que desean formar un matrimonio duradero: “no hay que usar los anillos de boda muy ajustados –les comentó Francisco–, porque torturan, pero tampoco muy sueltos, porque se caen”.

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Casarse in articulo mortis

29 junio, 2014

El video de un matrimonio de una pareja filipina subido a Youtube se “viralizó” con millones de visitas y menciones en los medios y en las redes sociales. Cuenta la historia del joven Rowden Go Pangcogay su novia Leizel May que, teniendo una hija de dos años en común, habían decidido casarse en julio de este año. Sus planes sufrieron un fuerte cambio cuando en mayo Rowden supo que padecía un cáncer al hígado en estado avanzado. El matrimonio fue adelantado y se celebró el 11 de junio, con el novio en su camilla de enfermo y la novia vestida de blanco a su lado, junto a familiares y amigos, en las dependencias del hospital. Diez horas después, Rowden falleció. Su hermano Hasset subió a Youtube el video que con el título “The Wedding That Will Move You” recibe ya más de 6 millones de visitas ().

Esta dramática y romántica historia nos advierte que la muy antigua forma de matrimonio in articulo mortis no ha deja de estar vigente. La expresión “articulo” es el diminutivo de “artus” que significa miembro o pedazo de una división, pero figuradamente se usa para designar un instante preciso o un momento decisivo. El matrimonio en artículo de muerte es aquel que se celebra con urgencia debido a que uno de los contrayentes se encuentra en un peligro inminente de fallecer, normalmente aquejado por una herida o enfermedad. La institución nació en el Derecho canónico para eximir este casamiento de las múltiples formalidades previas que se requerían para celebrar una unión matrimonial: proclamas, avisos y constataciones sobre la falta de impedimentos de los contrayentes.

En la legislación chilena la figura del matrimonio in articulo mortis se mantiene con este sentido. La Ley de Matrimonio Civil, ley Nº 19.947 de 2004, dispone que “El matrimonio en artículo de muerte podrá celebrarse ante el Oficial del Registro Civil, sin los trámites previos de la manifestación e información” (art. 17). Igualmente no se le aplica la exigencia de que los contrayentes hayan realizado cursos de preparación para el matrimonio (art. 10 inc. 3º ley Nº 19.497).

El matrimonio en artículo de muerte debe cumplir las demás exigencias legales, especialmente las de celebrarse ante un Oficial de Registro Civil y dos testigos hábiles y de que los contrayentes expresen su consentimiento libre y espontáneo. La ley exige que en el acta del que da cuenta de esta actuación se deje constancia de la circunstancia en la que se celebra: “si se trata de matrimonio en artículo de muerte, se especificará en el acta el cónyuge afectado y el peligro que le amenazaba (art. 19 inc. 2º ley Nº 19.497). Esta formalidad tiene efectos probatorios, por lo que su omisión no invalidará el matrimonio. Tampoco impedirá que pueda probarse por otros medios que el matrimonio se celebró in articulo mortis.

La comprensible relajación de las formalidades previas del matrimonio en caso de peligro de muerte de uno de los contrayentes no exime de que se cumplan los requisitos de existencia y de validez propios del matrimonio. Aunque se proceda a la celebración del matrimonio de esta forma simplificada, posteriormente podrá pedirse la constatación de que no se dio verdadero matrimonio (por ejemplo, por falta de consentimiento) o la declaración de su nulidad (por ejemplo, si existía un impedimento de vínculo matrimonial anterior no disuelto). La ley ha agregado como posibles titulares de la acción de nulidad matrimonial del matrimonio en artículo de muerte, a los “demás herederos del cónyuge difunto” (art. 46 letra c, ley Nº 19.497). Como se ve, la disposición se pone en el caso de que el peligro de muerte se haya concretado y de que el cónyuge que lo padecía haya fallecido como resultado de él, como sucedió en la historia del matrimonio filipino. Ante ello, es lógico que estén interesados en que se declare la invalidez de ese vínculo los herederos del difunto para excluir de la herencia al cónyuge sobreviviente. Por eso, entendemos que la expresión “demás herederos” utilizada por la ley, se refiere, no a herederos que concurren con el cónyuge sobreviviente, sino a aquéllos que están llamados a suceder a falta de éste: por ejemplo, en la sucesión intestada los ascendientes o, en su ausencia, los hermanos (arts. 989 y 990 del Código Civil).

Otra particularidad del régimen de nulidad del matrimonio in articulo mortis es la posibilidad de solicitar la invalidez después de la muerte de uno de los cónyuges. Por excepción a la regla de que la acción de nulidad del matrimonio sólo puede intentarse mientras vivan ambos cónyuges” (art. 47 ley Nº 19.497), se dispone que ello no sucederá en el evento de un enlace celebrado en artículo de muerte, lo que se entiende circunscrito al caso de que muera el cónyuge afectado por el peligro que justificó esta especial forma de celebración de matrimonio. En tal caso la acción no es imprescriptible sino que se extingue por el lapso del tiempo: “Cuando se tratare de un matrimonio celebrado en artículo de muerte, la acción de nulidad prescribirá en un año, contado desde la fecha del fallecimiento del cónyuge enfermo” (art. 48 letra c ley Nº 19.947).

En lo que se refiere a los efectos, el matrimonio in articulo mortis no se diferencia en nada del resto de los matrimonios. Mientras dure, y sea que se produzca o no la muerte del cónyuge afectado por el peligro, genera todos los derechos y deberes del estado matrimonial, así como el régimen matrimonial de bienes, alimentos, vocación sucesoria y efectos sobre la filiación de los hijos nacidos antes o después de la unión.

En el episodio que origina este comentario, los contrayentes tenían una hija de dos años, que participó también en la ceremonia, como se observa en el video. En un caso así, según la ley chilena, ese hijo adquirirá por el matrimonio de sus padres la calidad o estado civil de hijo de filiación matrimonial. Habrá operado lo que anteriormente era la “legitimación por subsiguiente matrimonio” y que hoy podemos llamar “matrimonialización de la filiación no matrimonial” (arts. 180 inc. 2º y 185 inc. 2º del Código Civil).

Más se podría decir sobre el matrimonio en artículo de muerte, especialmente sobre la posibilidad de que se celebre en forma religiosa y en particular conforme al Derecho canónico, que prevé expresamente la figura (cfr. cánones 1116, 1117, 1121 y 1122), pero ello extendería demasiado este comentario. Baste pues lo que queda dicho.

Matrimonio por skype

23 julio, 2012

Salió en los medios la curiosa noticia de un matrimonio celebrado entre una chilena y un inglés en un pueblo de Francia, pero que fue transmitido por skype para que así pudieran asistir a la ceremonia, aunque fuera de manera virtual, sus familiares y amigos en Temuco (Ver noticia). Se habló de un matrimonio 2.0. Para los menos tecnológicos, digamos que skype es un programa computacional, que se puede bajar gratis de internet, y que permite realizar video llamadas si los computadores tienen cámaras web.

En el caso de la noticia los contrayentes estaban físicamente presentes en la ceremonia ante el funcionario francés y eran sólo los invitados los que asistían por medio de la transmisión por skype. Pero  ¿qué sucedería si la chilena hubiera estado en Temuco y el novio en Francia? ¿podría celebrarse válidamente un matrimonio estando los contrayentes separados físicamente pero conectados por medio de skype?

Conforme a la ley chilena tal casamiento no sería posible, ya que se exige que ambos contrayentes estén físicamente presentes ante el Oficial del Registro Civil y declaren directamente ante él su voluntad de recibirse como marido y mujer. El art. 18 de la Ley de Matrimonio Civil, ley Nº 19.947 dispone que en el día de la celebración, “delante de los contrayentes y testigos”, el Oficial del Registro Civil debe dar lectura a ciertos preceptos del Código Civil y luego preguntar a los contrayentes si consienten en recibirse el uno al otro como marido o mujer, “con la respuesta afirmativa, los declarará casados en nombre de la ley”. Enseguida el Oficial debe levantar un acta que tiene que ser firmada por los contrayentes si supieren y pudieren firmar (art. 19 LMC). Esta firma no puede realizarse a digitalmente ya que la ley Nº 19.799, de firma electrónica, exceptúa de su aplicación los actos “que requieran la presencia personal de alguna de las partes”  y también “los relativos al derecho de familia” (art. 3, letras b y c).

Sin embargo, existe una excepción que permite que uno de los contrayentes no asista personalmente a la celebración de su matrimonio. Se trata del matrimonio por poder. El Código Civil contempla, siguiendo en esto al Derecho canónico, que, si es necesario, uno de los contrayentes encargue a un tercero que lo represente en la celebración mediante un contrato de mandato. El mandato debe ser otorgado por escritura pública e individualizar a los contrayentes y al mandatario. Además debe ser un mandato especial, es decir, sólo para contraer matrimonio (art. 103 del Código Civil). La escritura pública con el poder puede otorgarse en el extranjero ante un Cónsul de Chile. El Registro Civil pide además que se indique que el mandato incluye las gestiones de manifestación e información y la facultad de elegir el régimen de bienes del matrimonio.

De esta forma, si en el caso de la noticia el matrimonio se hubiere querido celebrar en Chile y el novio inglés hubiere estado impedido de viajar por un accidente u otra causa, podría haber otorgado mandato a un amigo o pariente de él o de la novia, y permanecer en Francia. En tal evento, el matrimonio podría tener lugar con la novia chilena y el mandatario del francés asistiendo a la celebración ante el Oficial del Registro Civil. Nada impediría, por cierto, facilitar la asistencia del novio y la confirmación de su consentimiento mediante su presencia virtual a través de una transmisión vía skype.