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Bob Dylan y el cumplimiento de la condición

11 junio, 2017

La Academia Sueca impactó al mundo el año pasado al conferir el Premio Nobel de Literatura al cantautor estadounidense Bob Dylan. El premiado mantuvo primero un enigmático silencio sobre si aceptaría o no la distinción y la tensión fue incrementándose a medida que se acercaba el 10 de diciembre, fecha en la que, en conmemoración de la muerte de Alfred Nobel, se lleva a cabo la ceremonia de entrega de los premios del año. Un mes antes, la Academia informó que el cantante había enviado una carta personal por la cual se excusaba de asistir a la ceremonia por tener otros compromisos contraídos con anterioridad. En el comunicado la Academia declaró: “Esperamos el discurso [lecture] de Bob Dylan, que debe ser entregado –es el único requisito– dentro de seis meses contados desde el 10 de diciembre de 2016”.

La exigencia no está en la disposición testamentaria de Alfred Nobel de 27 de noviembre de 1885 que instituyó los premios con cargo a la mayor parte de su patrimonio que dejó al morir, pero sí en los estatutos de la Fundación Nobel que administra dichos bienes. En el § 9 de los Estatutos se establece que el 10 de diciembre debe hacerse entrega a los ganadores de cuerpo presente, el cheque con el importe del premio (unos 900.000 dólares), un diploma y una medalla de oro con la efigie de Nobel. Se agrega que “Corresponderá al ganador, siempre que sea posible, dar un discurso [lecture] sobre un tema relacionado con la obra por la que se ha concedido el premio. Dicho discurso debe ser leído no después de los seis meses desde el Día del Festival, en Estocolmo o, en el caso del Premio de la Paz, en Oslo” (Ver texto)

Si analizamos la situación según el Derecho Civil chileno, podremos ver que estamos frente a una obligación sujeta a una condición, esto es, a un hecho futuro e incierto: que el premiado ofrezca la “lecture” o discurso, en Estocolmo en la ceremonia de entrega del 10 de diciembre de 2016 (Festival Day), o en los seis meses subsiguientes, esto es, hasta el 10 de junio de 2017. La condición es suspensiva para la Academia ya que la obligación de entregar el premio y el recíproco derecho a recibirlo, sólo nace o se adquiere cuando la condición se cumpla (cfr. art. 1479 del Código Civil). La condición es potestativa, ya que depende de un hecho voluntario del acreedor, por lo que es perfectamente válida, ya que sólo están proscritas las condiciones suspensivas meramente potestativas, es decir, que consistan en la mera voluntad del deudor (por ej., me obligo a darte el monto del premio si mañana quiero hacerlo). En cambio, “si la condición depende de un hecho voluntario de cualquiera de las partes, valdrá” (cfr. art. 1478 inc. 2º CC). Obviamente, escribir un discurso y leerlo es un hecho voluntario, en este caso, del acreedor condicional.

Lo más interesante parece ser la forma de cumplimiento de la condición. La estipulación condicional (el estatuto) señala que la conferencia debe ser ofrecida personalmente por el premiado en la ciudad de Estocolmo. Dylan, sin embargo, no dio su lecture en dicha ciudad, y se contentó con enviar el texto escrito y un video en el que se le ve y escucha, leyéndolo, todo antes del 10 de junio de 2017, la fecha en que vencía el plazo establecido. Texto y video fueron hechos públicos por la Academia Sueca el lunes 6 de junio.

De esta manera, el cumplimiento de la condición no se hizo del modo en que literalmente estaba establecido, sino más bien de una manera similar o análoga, y esto nos introduce en un debate doctrinal que tiene siglos de historia, y que se ha perpetuado en nuestro Código Civil en la contraposición de dos de sus normas: el art. 1484 que dispone que “Las condiciones deben cumplirse literalmente, en la forma convenida” y el art. 1483 inc. 1º que preceptúa: “La condición debe ser cumplida del modo que las partes han probablemente entendido que lo fuese, y se presumirá que el modo más racional de cumplirla es el que han entendido las partes”. El codificador pone un ejemplo de aplicación de esta segunda regla: “Cuando, por ejemplo, la condición consiste en pagar una suma de dinero a una persona que está bajo tutela o curaduría, no se tendrá por cumplida la condición, si se entrega a la misma persona, y ésta lo disipa” (art. 1483 inc. 2º CC). La contradicción normativa puede apreciarse justamente a través de este ejemplo: pareciera, a primera vista, que si la condición es entregar a una determinada persona una suma de dinero, para que se cumpla “literalmente en la forma convenida” debe entregarse a esa persona aun cuando haya caído en incapacidad y esté sujeta a guarda. Es más, si se entregara al guardador en cuanto representante legal podría decirse que la condición no se ha cumplido. En cambio, según el criterio del art. 1483 inc. 1º del Código Civil, el cumplimiento sólo se daría si el dinero se entrega al representante del incapaz, ya que más allá de la letra de la estipulación hay que estarse a la intención presunta de las partes, la que debiera coincidir con el modo más racional de cumplirla.

Los textos revelan un antiguo debate entre si las condiciones deben cumplirse ad lítteram o per aequipollens, es decir, si deben ejecutarse específica y puntualmente como se ha expresado en el testamento o en el contrato, o si es suficiente un hecho equivalente que, si bien se aparta de lo expresado, cumple con la finalidad o sentido de la estipulación condicional.

Este debate podría haberse planteado en el caso de la conferencia de Bob Dylan. Si se optara por el criterio literal, debería considerarse fallida la condición al no haber leído su texto en la ciudad de Estocolmo en el plazo estipulado. En cambio, si se acepta un cumplimiento por equivalente parece que el hecho de difundir la conferencia por la web de la Academia tanto en texto digital como a través de un video que muestra al cantante leyéndola, cumple con la finalidad que pretendía obtener la estipulación del estatuto.

¿Cómo compatibilizar las reglas de cumplimiento de la condición contenidas en los arts. 1483 y 1484 del Código Civil? Un análisis histórico revela que la cuestión fue planteada por don Gabriel Ocampo en una nota a su ejemplar del proyecto de 1853: “¿Es preciso que se ejecuten [las condiciones] según la letra de la obligación, in forma specifica, o cabe darles cumplimiento per aequipollens et pro subjecta materia?” (cfr. Barrientos Grandon, Javier, El Código Civil. Su jurisprudencia y su historia, Thomson Reuters, Santiago, 2016, t. II, p. 423). Las fuentes usadas por Bello, especialmente el Tratado de las Obligaciones de Pothier, Nº 206, revelan que la antítesis entre las normas es más aparente que real. Cuando Bello añade la frase en el art. 1487 “se presumirá que el modo más racional de cumplirla es el que han entendido las partes”, está incluyendo las dos formas de cumplimiento: literal y por equivalente, ya que este último puede ser el más racional, y por ello debe entenderse que así lo habrían querido las partes.

En resumen, en primer lugar debe aplicarse el art. 1483 ya que lo convenido literalmente es lo que primero revela la intención de las partes, pero si frente a la posibilidad de un cumplimiento por equivalencia se duda sobre si debe predominar la letra de la estipulación, hay que buscar la intención real de las partes, lo que reafirma la regla madre de interpretación contractual del art. 1560 del Código Civil en cuanto a que debe estarse más a la intención de las partes que a lo literal de las palabras. Si el cumplimiento por equivalente parece lo más racional, y nada indica lo contrario, se presume que así lo han querido las partes (cfr. Barrientos, J., ob. cit., t. II, pp. 425-426).

No parece haber duda de que efectivamente el cumplimiento de la condición por un equivalente en el caso de Bob Dylan cumpliría el test de los arts. 1483 y 1484 de nuestro Código Civil, prueba de lo cual es que el mismo deudor condicional, la Academia Sueca, que para estos efectos debe considerarse representante de la Fundación, ha aceptado de muy buena gana la lecture videograbada del premio Nobel de Literatura 2016. Mediante un comunicado del 5 de junio pasado la califica de “extraordinaria y, tal como se podría esperar, elocuente”, tras lo cual sentencia con un cierto dejo lírico: “Now that the Lecture has been delivered, the Dylan adventure is coming to a close”, que se podría traducir como “Ahora que el discurso ha sido entregado, la aventura Dylan está llegando a su fin”.

Y nada mejor que terminar este post justamente con el video de la esperada Nobel Lecture:

Sampaoli y la ANFP: ¿premios retroactivos?

20 diciembre, 2015

La Asociación Nacional de Fútbol Profesional, ANFP, sigue ofreciendo noticias al margen de la práctica del deporte. Ahora se supo que su anterior presidente, Sergio Jadue –hoy en Miami imputado en el proceso de corrupción de la FIFA–, firmó con el entrenador de la selección nacional, Jorge Sampaoli, un anexo a su contrato de trabajo, por el cual se estipuló que el cuerpo técnico obtendría un premio de 6 millones de dólares en caso de que el equipo ganara la Copa América. El problema es que el anexo se firmó el día 30 de septiembre de 2015, mientras que la selección chilena obtuvo dicho trofeo en el partido jugado contra la selección argentina y dirimido por penales, el día 4 de julio del 2015, es decir, casi tres meses antes. El contrato principal firmado en mayo sólo preveía premios por un total de 800 mil dólares.

Según las notas de prensa, Sampaoli habría sostenido que el anexo sólo tenía por objeto aclarar que los 800 mil dólares del contrato original no eran por ganar la copa, sino por cada una de las etapas que se fueran superando en ese torneo: se trataría de un premio acumulativo.

El actual directorio de la ANFP estaría inclinándose por negar eficacia jurídica al anexo por haber sido firmado con posterioridad al logro que se pretendía premiar. Se trataría de un premio retroactivo improcedente.

Nos parece interesante analizar esta última suposición, es decir, que el Presidente de la ANFP en legítima representación de esta persona jurídica haya concordado con el entrenador de la selección que se le darían premios si alcanzaban la Copa América, lo que ya había sucedido. ¿Es válida y eficaz una estipulación como esta? La cuestión nos lleva a analizar el tema de las obligaciones condicionales, vale decir, aquellas cuyo nacimiento o extinción dependen de un hecho futuro e incierto.

Partamos señalando que la estipulación de otorgar un premio o incentivo para el logro de metas deportivas –por ejemplo, ganar la Copa América– pactadas antes del campeonato en el contrato principal, es perfectamente válida y eficaz. Se trata de una estipulación de una obligación sujeta a condición suspensiva: el hecho futuro e incierto de si el equipo logrará ese resultado. Si la selección nacional gana la Copa, como efectivamente ocurrió, nace la obligación de pagar el premio para la ANFP y al mismo tiempo Sampaoli adquiere el derecho de exigir su pago.

No es tan claro, en cambio, qué sucede si esa estipulación se pacta con posterioridad al torneo deportivo. En tal caso, en estricto rigor no estaremos frente a una condición, porque fallan su dos caracteres esenciales: no se trata de un hecho futuro, sino pasado, y tampoco estamos frente a un hecho incierto, sino seguro en cuanto a su ocurrencia. ¿Es nula entonces la estipulación? ¿Tiene efectos jurídicos?

La cuestión no está regulada por el Código Civil al tratar de las obligaciones sujetas a condición, sino en las reglas que se dan sobre las asignaciones por causa de muerte sometidas a una condición. Tenemos los artículos 1071 y 1072 que se ponen en el caso de que un testador deje una asignación a una persona pero condicionándola a un hecho que no es futuro ni incierto. Al tratarse de una disposición testamentaria, lo pasado, presente o futuro se decide teniendo en consideración el momento en que se otorga el testamento. Luego, el Código distingue si el testador otorga la disposición sabiendo que se trata de un hecho presente o pasado (por ejemplo, le dejo un legado a Pedro si vive su madre; le dejo el legado a Pedro si estuvo en París el año pasado) o si el testador hace la disposición como imponiendo la condición para un tiempo futuro (por ejemplo, le dejo un legado a Pedro si viaja a París).

En el primer supuesto, no habrá propiamente condición, por lo que se estará a lo que se dispuso: así, si la madre de Pedro vive o si éste estuvo en París, el legado será válido pura y simplemente; en caso contrario, el legado será ineficaz. El art. 1071 que regula esta situación señala: “La condición que consiste en un hecho presente o pasado, no suspende el cumplimiento de la disposición. Si existe o ha existido, se mira como no escrita; si no existe o no ha existido, no vale la disposición”.

Más compleja es la situación que se da en el segundo supuesto, esto es, cuando el testador impone la condición para tiempo futuro, a pesar de que se trata de un hecho pasado. Aquí el art. 1072 dispone: “Si la condición que se impone como para tiempo futuro, consiste en un hecho que se ha realizado en vida del testador, y el testador al tiempo de testar lo supo, y el hecho es de los que pueden repetirse, se presumirá que el testador exige su repetición; si el testador al tiempo de testar lo supo, y el hecho es de aquellos cuya repetición es imposible, se mirará la condición como cumplida; y si el testador no lo supo, se mirará la condición como cumplida, cualquiera que sea la naturaleza del hecho”.

Entonces, tenemos que distinguir: si el testador tenía conocimiento o no de que el hecho del que depende la asignación ya se había realizado. Si lo sabía, tiene validez la asignación y se tiene por cumplida la condición. Así, siguiendo con el ejemplo del legado sujeto a la condición de que Pedro viaje a París, si el testador sabía que ya había viajado a esa ciudad, la ley entiende que su intención era dejarle el legado como si la condición ya se hubiere cumplido, por tanto, pura y simplemente.

Si no lo sabía, entonces es necesario subdistinguir según si el hecho puede o no repetirse. Si no puede repetirse (por ejemplo, le dejo un legado a Pedro si se recibe de abogado), nuevamente se entiende que el testador ha querido dejar el legado, de modo que si Pedro ya se recibió de abogado antes del testamento, la condición se mira como cumplida, esto es, la asignación vale como pura y simple. En cambio, si el hecho es de los que pueden repetirse (por ejemplo, si Pedro viaja a París), la ley presume que el testador que estaba al tanto de que Pedro ya había viajado a esa ciudad, quiere que vuelva a visitarla. Se tratará por tanto de una asignación condicional de un hecho futuro e incierto que consistirá en la repetición del hecho pasado.

Estas reglas pensadas para la sucesión por causa de muerte son aplicables a las obligaciones condicionales contraídas por actos entre vivos, es decir, por contratos, ya que el art. 1493 del Código Civil dispone que “Las disposiciones del Título IV del Libro III sobre las asignaciones testamentarias condicionales o modales, se aplican a las convenciones en lo que no pugne con lo dispuesto en los artículos precedentes”. Pero la aplicación requiere algunas adaptaciones: la fecha con la que se mira lo futuro, presente y pasado será la del contrato (en el caso que comentamos, la del anexo), mientras que todo lo dicho respecto del testador deberá ser aplicado ahora a las partes contratantes (la ANFP representada por su presidente y Jorge Sampaoli).

Lo primero que habría que precisar es cuál es el tenor de las cláusulas del anexo en las que se pactó el premio “retroactivo”. Si la redacción pone como elemento determinante para el nacimiento de la obligación el que la selección chilena ya ganó la Copa América (condición impuesta como hecho pasado), conforme a lo dispuesto en el art. 1071, la condición se mirará como no escrita y la obligación es válida como pura y simple.

Pero si la redacción de la cláusula del premio se impone como para tiempo futuro: “si la selección chilena llega a ganar la Copa América”, entonces deberemos aplicar el art. 1072, y distinguir primero si las partes sabían o no que la selección había ganado el trofeo en julio de 2015. La respuesta es obvia: ambas partes conocían que el hecho había ocurrido. Si es así, debe darse el segundo paso distinguiendo la naturaleza del hecho: es de los que pueden repetirse o no. Aquí habrá que estarse de nuevo a cómo fue redactada la cláusula: si el hecho impuesto como futuro era ganar la Copa América del Campeonato 2015, es claro que no puede volver a repetirse. En cambio, si el premio se condiciona a que la selección chilena gane la Copa América, sin precisar el año del campeonato, parece, por el contrario, que el hecho es de aquellos que pueden repetirse ya que habrá nuevas Copas Américas en los años sucesivos y el equipo nacional podría dar una nueva alegría a sus hinchas coronándose como campeón una segunda vez.

Pues bien, si, conforme al tenor de la cláusula, el hecho no puede repetirse: Copa América 2015, la obligación de pagar el premio vale como obligación pura y simple. A la inversa, si el hecho puede volver a suceder: Copa América en cualquiera de sus versiones futuras, entonces la obligación vale pero queda sujeta a la condición suspensiva de que el hecho se repita, es decir, que Sampaoli dirija la selección en un próximo campeonato y logre nuevamente el triunfo.

En este último evento, habrá que tener en cuenta que si las partes no han determinado un plazo para que ocurra el hecho futuro, se aplicará el criterio doctrinal que estima que las condiciones caducan si no se cumplen en el plazo de 10 años.